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La vida pe(n)sada

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La mente, ¡qué densa hace parecer la vida!

La vida pensada no conoce la Vida.

La mirada secreta

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Los dos de lado, sentados en el espigón, con los pies colgando, frente a un mar azul y calmo, absorbiendo los últimos rayos de un sol que ya se iba de visita a otros hemisferios.

Los dos, bien abrigados, bien comidos, todavía el sabor del café merodeando en su paladar.

Los dos allí, viendo los colores del atardecer, dejando que los pies se balancearan a su antojo.

Y sin embargo, tan lejos uno de otro.

Ninguno de ellos hablaba. Yo, que andaba paseando por ahí, los veía sentados, tranquilos. Dos pinceladas más en la belleza de ese cuadro. Nada parecía indicar que uno de ellos sufría mientras el otro nada sabía.

El que nada sabía, sentía. Sentía el suave calorcito de los últimos rayos de sol. Saboreaba el rastro que el buen café había dejado en su boca. Se miraba sus zapatillas colgando. Y sobre todo, se dejaba empapar de la belleza del atardecer sonrosado.

Mientras, el otro, lejos-lejos, cavaba con sus pensamientos el plomizo aire encerrado de recuerdos interpretados y de oscuros presagios.

Y es que a éste último, la voz de la cabeza le pintaba siniestros trazos y él, dormido a la belleza de la tarde y a la compañía amorosa del amigo, miraba con ojos asustados tanta complicación pensada. Tan enredadas las neuronas, tan pesados los alientos que se respiran en la mente cerrada. Allí no había oxigeno ni horizontes, sólo un húmedo calabozo, mohoso, oscuro, solitario, de paredes pringadas de desesperanza y desencanto.

En un momento, rompiendo una lanza por la compañía, el pobre que lejos-lejos estaba le dijo al amigo: -¡Qué densa es la vida! ¡Me gustaría morirme y ya está!

¡Qué densa la mente de los que viven muertos a la vida! dice la mirada secreta derramando compasión, reconociendo esa locura como un estado habitual en el ser humano.

La vida no es densa. Densa es la mente psicológica, la que no conoce la Vida.

La mente proyecta todo tipo de historias, de películas melodramáticas. E igual que en el cine, va arrastrando a las emociones detrás de lo proyectado. Yo no he nacido para encerrarme en su calabozo imaginario. Yo he nacido para vivir. Para ver, oír, sentir y sí, a veces -muy pocas- para pensar cuando es necesario.

Recuerdo cómo aquella mujer bella me decía con sus ojos anegados de lágrimas:

-Sé que estoy sufriendo por la película que está proyectando mi mente. Me doy cuenta de que estoy atrapada en el cine, pero ¡no puedo salir!

-¡Anda! -le dije- Que extraño que quieras seguir dentro sabiendo que no es real y con lo que te hace sufrir…

-Ya- contestó- pero es que ¡quiero saber cómo acaba!

Así de loca es la condición mental. Cuando no podemos salir de ahí, es que estamos creyendo que lo que la mente nos dice es real. Y es aquí donde tenemos que parar y mirar. Esta es la pregunta clave:

¿cuánto hay de real en los pensamientos que estoy teniendo?

No vivamos muertos en vida, encerrados en el cine de la mente.

No podemos poner la atención en dos sitios a la vez. Hemos de decidir dónde queremos estar: si en el cine mental o en la Vida. Hemos de descubrir cómo la película de nuestra cabeza nos atrapa una y otra vez, acompañada también por las emociones correspondientes. Y si.

Las emociones reactivas también son película.

Abrámonos a la Vida. Tenemos un cuerpo que será nuestro más ferviente aliado. Abrámonos a todos los sentidos. Abrámonos a sentir, a descubrir, a respirar. Salgamos del cine para poder disfrutar de estar vivos. Dejemos los relatos mentales en paz. Dejar en paz…. que bella frase.

Y recuerda -me dice la mirada susurrándome-, cada vez que te parezca que pesa la vida, es que has entrado en el cine de la mente y te has quedado hipnotizado por la película de pensamientos que allí se proyecta, siempre, en sesión contínua. Que el peso está en la mente. Si no fuera así, ¿cómo podrían volar los mosquitos?

Sólo podemos ser felices en la Vida. Así pues, ¡salgamos del cine mental por muy interesante que parezca la película!

¡Feliz Ahora!

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Ratones de pensamientoteca

img_8919El brillo de la Luz nunca está escondido. Sólo las nubes de los pensamientos lo esconden a la mirada.

La mirada secreta

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Querida Mirada Secreta,

En estos tiempos en los que tu aliento silencioso ha ido disipando una creencia detrás de otra, me has descubierto que esta mente siempre va a a tener la misma pensamientoteca (biblioteca de pensamientos).

Diríamos que la mente tiene sus propios recursos, con los que crea argumentos, películas, emociones. Y aunque el producto final parezca nuevo, son siempre los mismos recursos. Por eso nunca me sorprende su contenido, ni el principio, ni el final de sus películas.

Pero, además de sus propios recursos, me has enseñado algo fundamental: para que esta mente pueda producir algo sustancial, necesita del fuego de la atención. Si la atención se desvía de la labor mental, poco puede producir la mente…

La pensamientoteca está muy concurrida de pensamientos existencialistas, de creencias (diría que hay un importante excedente de este material), de emociones repetitivas -tan repetitivas que ya casi hay dias que llegan a aburrir-)…

Cuando a la mente le da por producir con el beneplácito de la atención, yo sufro.

Pero, querida mirada, ¡qué inmenso descubrimiento  me esperaba al dejar abrir los viejos ventanales de la pensamientoteca aún a riesgo de que un vendaval compasivo se llevara tomos y tomos de pensamientos, ¡pensamientos tan importantes y tan voluminosos! Entraste como entra la luz, y con tu respiración silenciosa, tan sutil a veces como otras huracanada, dejaste la pensamientoteca quieta, quieta -como cuando se pone la pausa en mitad de la película- y entró la comprensión. Con cuánta claridad me enseñaste que

para comprender hay que dejar de pensar

En este instante eterno, en donde los ventanales se mantienen abiertos y la atención deja de “leer” pensamientos; en el que se apoya la cabeza en la mano en un no-hacer/no-querer inocente, la mente -así abierta- acoge lo que surge, sin poder asir la comprensión que se da de forma espontánea, sino sólo contemplarla. Y en esta contemplación, hay paz y alegría.

Cuando la mente se abre, soy feliz.

Poca cosa más queda por hacer que dejar de creer que la verdad está en la biblioteca polvorienta de los pensamientos. La atención puede dejar de ser su esclava. Y la mente enseguida replica que as, sin ella, no voy a poder funcionar. Pero no es a ella a quien escucho, sino a ti, querida mirada. Tu luz me ha mostrado que todo aquello que anhelaba está esperándome en la vida.

Sin darnos cuenta, todos nos hemos convertido en ratones de pensamientoteca, mientras la vida nos está esperando para que allí encontremos la belleza, la armonía, la compasión, la comprensión, el amor, la alegría, la paz,…. todos sinónimos de Verdad.

¡Seamos como los niños que miran por el ventanal sin ver nada, mientras la mente no para de parlotear!

Querida mirada secreta, el agradecimiento también vive en la Verdad. Eso ya te lo dije, ¿recuerdas?

En el Amor,

¡Feliz Ahora!

 

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La radicalidad del viaje

Versión 2

“Una y un millón de veces”. Consuelo Martín

Dice la mirada secreta, después de miles de pruebas creadas por la mente y vividas por el corazón, que no se puede ir de viaje sólo un poco, o sólo a ratos. Cuando uno se va de viaje, se va de viaje al completo, con mente, cuerpo  y corazón. No puede desinvolucrarse del viaje ni viajar un rato sí y otro no. Cuando uno va de viaje lo único que deja atrás es la estela de lo caminado. 

Pues así la dulce mirada me cuenta. Y así llegamos a la cascada de los pensamientos. Me invita a sentarme frente a ella y a contemplarla. La cascada baja con fuerza cristalina, hace mucho ruido pero tiene belleza. La cascada brota del pasado y va hacia el futuro. En un instante, el agua cristalina se tiñe del color del barro. Las emociones de quien contempla también se empiezan a teñir del mismo color. Ah! ¡Es el pasado que vive en el agua mental el que está cayendo por la cascada! Habrá algún pensamiento-recuerdo que estará en lo alto revolviendo las aguas… La mirada secreta no me deja distraerme y me pregunta

¿qué tiene que ver ese barro ruidoso contigo?…. contemplación…. ¿qué tienen que ver esas emociones embarradas contigo?…. silencio…. ¿eres tú la cascada?…. ¿eres tú el barro?… ¿eres tú esas aguas?…… No sé, no sé– le contesto.

Y la mirada, con su paciencia infinita, sigue animándome a mirar:

…. si tu fueras la cascada de pensamientos y emociones, ¿podrías estar ahora mirándolos?

…..silencio…… U   N   A  G   R   A   N   P   A   Z ….

….tal es la contundencia de la mirada:

Yo no soy ni el pasado que solo existe en la mente, ni la cascada de pensamientos -estén o no embarrados-, ni las emociones -sean bonitas o dolorosas-. ¡Yo soy quien las vé!

En el viaje emprendido, en el viaje de la mirada secreta en donde cada etapa se da en la profundidad de un instante, no puedo jugar a creerme que soy unos pensamientos y otros no, o unas emociones y otras no. No puedo jugar a la psicología positiva, o a la hermandad de los buenos. Porque yo soy la humanidad entera, mi mente es la mente humana y mi corazón es el corazón del hombre, ambos condicionados en su totalidad, ambos esclavizando -por ignorancia- al ser humano. 

En el viaje emprendido, en el viaje de la mirada secreta en el que cada etapa se da en la profundidad de un instante, TODO pensamiento, TODA emoción son consecuencia de la actividad mental. Y si puedo despertar a ello, si la mirada, en su brillante compasión me sacude, puedo ver que yo soy quien ve pero no lo visto.

La cascada es tan hipnotizante que atrae con una fuerza milenaria a quien la contempla. La mirada me tiene tomada el alma, reposo en su seguridad, en la seguridad de su sabiduría y su amor completo ahora. No me dejo engullir por la cascada. Dejo que haga lo que tenga que hacer, como si de una película se tratase. Reconozco que la actividad es mental. Reconozco que la cascada, 

los pensamientos del pasado que la remueven, las emociones que despierta están sólo en el paisaje mental y funcionan automáticamente sin mi.

Cuando sé que soy la mirada, no me involucro con la película mental. Y aunque el cuerpo esté emocionado y la mente hirviendo, yo sigo a ESTE LADO, llena de compasión (comprensión + amor) sabiendo que

el idioma de la Verdad es el Silencio

y que todo ese ruido surge del Silencio y vuelve a él sin que el silencio se haya visto afectado.

Por eso, por esa inafectación, TODO ESTA BIEN.

A veces, a este lado del tapiz, los hilos se retuercen y se enredan. AL OTRO LADO, BELLEZA Y ARMONíA.

Suelto, suelto, suelto por reconocimiento de lo que no Es, de lo irreal.

Suelto y salto a lo desconocido, por amor y confianza.

Una y un millón de veces.

¡Feliz Ahora! Si no, ¿cuando?

La pureza y la Verdad

IMG_6824“De cierto os digo que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos.”

Mateo, 18:3

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Como dice mi querida Consuelo, no se trata de ser niños, sino de ser como niños. Así es. La Verdad no se puede vislumbrar más que con una mente y un corazón que sean como los de un niño. Pero, ¿cómo son la mente y el corazón del niño?.

El diccionario define la pureza en términos negativos (negativo fotográfico) de ausencia. Ausencia de mezclas, de intereses, condiciones, excepciones, restricciones, construcciones…

la pureza es ausencia

¡Ay, la Mirada! En todo derrama su buena nueva. En todo ve lo que nunca fue visto. Y todo lo que ilumina lo convierte en bendición…

Aquí empieza a mostrar Su luz sobre la pureza.

La mente pura no es una mente llena de erudición, que muestra un correcto pensar, inteligente, brillante, que sabe de todo, que se expresa con elegancia y fluidez. No es una mente llena de preceptos éticos, de valores morales, de directrices justas. Esa no es una mente pura porque, lo que es erudición un día puede ser ignorancia al siguiente. Lo que es elegancia y fluidez para unos puede ser amaneramiento y pesadez para otros. Lo que es ético o moral en un tiempo puede pasar a ser inaceptable. Lo que es justo aquí puede ser injusto allá. La mente que hemos creído que era pura, es una mente volátil, manipulada y manipulable. Y la pureza es intocable -sino, ya no sería pureza-. Entonces, ¿qué es una mente pura?

Una mente pura es una mente vacía. Es una mente valiente, que ha soltado todo lo que creía saber y ahora, realmente, vivencialmente, ha descubierto -como decía el sabio- que lo único que sabe es que no sabe nada.  Sólo una mente vacía, limpia de todo pensamiento, una mente que ha dejado caer todo lo aprendido, una mente como la de un niño puede llegar a ver la Verdad. Y eso es así porque la Verdad es incognoscible, no se puede llegar a conocer. Por eso,

todo lo conocido no es  del reino de la Verdad.

¿Y el corazón? El corazón puro no es el corazón que está lleno de buenos sentimientos, como  se suele entender. No es un corazón que ayuda a los demás, que da a los que no tienen. No es un corazón que se sacrifica por los demás, que ama a todos, que rechaza las emociones negativas, que tiene buenos propósitos. Ese no es un corazón puro porque mis buenos sentimientos pueden no serlo para ti. A veces, querer ayudar a los demás puede ser intrusismo, dar a los que no tienen puede ser contraproducente, sacrificarse puede colocar al otro en un estado de deuda, amar a todos puede ser una trampa, rechazar las emociones negativas  y tener buenos propósitos implican juicios de valor. Este corazón que hemos creído que era puro, es un corazón volátil, manipulado y manipulable. Y la pureza es intocable -sino, ya no sería pureza-.

Un corazón puro es un corazón vacío. Es un corazón valiente, que ha soltado todo lo que sentía y ahora, realmente, vivencialmente, ha descubierto que lo único que siente es una apertura vacía, limpia de emociones. Un corazón que al verse liberado de los pensamientos, deja caer todas las reacciones emotivas que ha ido aprendiendo con los años. El corazón puro es un corazón como el de un niño, libre de todas las emociones condicionadas y es ese el que puede llegar a sentir la Verdad. Porque la Verdad es Amor sin que haya un “pequeño yo” que siente amor.  Y

sólo un corazón vacío puede ser llenado por la Verdad que es Amor.

El niño suele ser egocentrado aunque su mente y su corazón todavía no han sido condicionados del todo. Por eso no hemos de ser niños, egocentrados, sino ser como ellos, que todavía están libres de programaciones mentales y emocionales.

Es imprescindible que la persona quede desocupada de pensamientos, emociones y conductas condicionadas. Es fundamental que la persona quede vacía para que la Verdad pueda expandirse.

Así enseña la mirada secreta.

Así anima a desocupar esta persona, a vaciarla, y en esa pureza, la Verdad pueda reflejarse sin distorsión alguna.

Si la Verdad es lo más importante, lo único, vayamos pues. ¡Seamos valientes y vivamos desde la nube del no saber! En un instante, la paz del vacío-de-mi será nuestra identidad conocida. El resto no es cosa nuestra…

¡Feliz Ahora!

 

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