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La esclavitud de la comodidad

IMG_3142En la comodidad de cuerpo y mente, se amodorra la mirada.

La mirada secreta

 

En estos días me he dado cuenta más que nunca de que somos adictos a la comodidad. Y esa comodidad nos obliga a necesitar muchísimas cosas que en verdad no necesitamos pero vacían nuestros bolsillos, nos hacen egoístas, llenan nuestra casa, nuestra cuerpo y nuestra mente de necesidades y van anulando nuestra personalidad. No lo parece. Ya lo sé. Es un tema sutil este de la comodidad. A la mirada secreta insto para que sea ella que nos ayude a vislumbrar hasta qué punto la comodidad nos está robando nuestro potencial de vida plena…
Cuando hablamos de progreso, vemos que en este plano todo el progreso que se ha dado, ha sucedido en los objetos que el ser humano utiliza y no en el ser humano en si mismo. Y eso ¿por qué? Pues es debido a que el ser humano da realidad a todo lo que percibe y se ha olvidado de quién lo está percibiendo, es decir, de él mismo. Así, lo externo a él ha sido objeto de sus esfuerzos, de sus preguntas, de su devoción… mientras que él mismo ha quedado relegado y ha evolucionado muy poco en los últimos milenios…
Entre muchas cosas, algo que ha progresado ha sido todo aquello que proporciona comodidad. Ahí sigue el hombre trabajando y trabajando. Y la comodidad y el estancamiento evolutivo del propio ser humano van muy muy de la mano. No hay ninguna otra criatura humana que haya construido tantísimos objetos para poder moverse lo menos posible. Y sin movimiento -externo e interno- no hay evolución.
Así andaba esta persona, a la búsqueda de la almohada que mas cómoda le fuera. Y después de escuchar muchos consejos (¡que ricos somos en consejos!) y de gastar dinero comprando muchas almohadas, por fin encontró la que mejor le iba. Y de esa anécdota insignificante dos cosas aprendió: la primera es que la mejor almohada era una almohada viejita y gastada que había en la casa de sus abuelos, una almohada que podía adoptar la forma que necesitara en cada momento. Ninguna de las almohadas de alta tecnología le fue bien. Y entonces vio que lo más avanzado tecnológicamente no era necesariamente lo mejor…
La segunda cosa que aprendió fue mas dura. De repente se encontró dependiendo de la almohada para ir a pasar cualquier noche fuera. ¡Si no llevara la almohada otra vez se levantaría con el cuello torcido! Así que viajaba con la almohada. Entonces entendió a una querida amiga que al salir de casa va siempre con una maletita de ruedas porque necesita un montón de cosas para estar bien. Sí,

La comodidad crea dependencia.

A veces había invitado a mi amiga a pasar unos días conmigo, pero era tanto lo que necesitaría traer, que no venía. Y aunque tuviera ganas de pasar unos días por ahí, su dependencia a millones de cosas se lo impedía…

La comodidad nos hace esclavos.

Y entonces miraba a mis hijos y a otros jóvenes, viajando con una pequeña mochila con cuatro cosas, por el mundo entero. Sonreían de oreja a oreja. Felices. Libres.
Así que en mi siguiente viaje, no llevé la almohada. Y cuál fue el descubrimiento cuando doblando un jersey y colocándolo bajo mi cabeza, dormí como un niño…
No quiero sofás que rompen mi espalda. No quiero depender de comidas alternativas y carísimas. No quiero almohadas especiales. Ni alfombras mullidas. Quiero ser quien soy, pura libertad. Y vivir la vida con ligereza, ligereza, como mi vieja almohada, adaptándome a cada momento con lo que hay…- le digo a la mirada.
La mirada secreta, con su mirar, me dice que más se podría profundizar. Mmmmmm… ¡Sí! ¡Es verdad! La comodidad no me deja desarrollar mi potencial, me aborrega… Si. Si. Aunque cueste creerlo, es así. Quizás por eso, aquellos que buscan la Verdad siempre han llevado una vida sencilla bajo unas condiciones sencillas…
Bueno, Mirada– le digo seriamente- Ahora no voy a deshacerme de nada pero voy a ser consciente de lo que realmente no necesito y que incluso me está haciendo daño.
Podemos vivir con muy poco- contesta la Mirada- Aún y así, la clave no está en conseguir o desechar los objetos externos.

Lo que te esclaviza es la necesidad que crees tener de los objetos.

¡Descubre que esas necesidades no son reales! Empieza a ver lo que verdaderamente necesitas y lo que solo son necesidades creadas en la mente programada, y liberate. Llénate de libertad, de ligereza y de alegría. No te apoltrones -me dice amorosamente- No te rodees de cosas y cosas que crees necesitar. Vive con poco. Viaja ligero de equipaje por la aventura de esta vida porque

a menos peso, mas energía podrás dedicar

a vivir de verdad,

a vivir desde la Verdad,

a vivir la Verdad…

¡Oh Mirada! En todo te posas y en todo ves la luz de la Verdad. Gracias gracias gracias.

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Ser sin querer

No es libre aquel que puede conseguir lo que quiere sino el que nada desea.

La mirada secreta

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¿Se puede vivir sin querer nada?

Pasé unos días sin querer nada. No fue algo previsto o propuesto. Simplemente, pasó. Fue un estado de gracia…s, de agradecimiento en si mismo. Porque el agradecimiento también es aroma de la Verdad.

Y es que cuando el silencio nos hace suyos, no hay pensamientos que anden mendigando cosas y más cosas. Así que, -la mirada revoltosa ya quiere resaltar nuevos descubrimientos a este alma que de mensajero anda-:

cuando vivimos en el silencio de los pensamientos, nada queremos.

Pero ¿esto que significa?. Pues veo dos cosas:

1. La primera es que lo que queremos es mandato mental y no de vida. Lo que queremos lo crea el pensamiento, siempre inquieto, siempre falto de algo.

2. Y la segunda, es que si cuando dejamos de pensar no queremos nada, es que entonces, no necesitamos nada más que lo que hay en ese momento.

Ambas miradas son lo suficientemente pasmosas como para investigarlas un poco más…

Ya en otras entradas a La Mirada Secreta, la mirada habló de cómo la mente construye sus quereres. No dejamos de querer aquello que no tenemos/somos o que lo que tenemos/somos sea diferente. No nos hemos dado cuenta de que tener y ser los vivimos como lo mismo

creo que lo que tengo es parte de lo que soy

Si tengo una buena casa soy alguien mejor. Si tengo buenas virtudes, soy alguien mejor. Si tengo una buena familia o buenos amigos, soy alguien mejor. Y así. Por eso parece lícito querer tener cosas mejores. Eso me hará un alguien mejor, más interesante, más atractivo, más… lo que sea. Pero aquí hay dos cosas que chirrían mucho (hoy la mirada secreta está “de dos”).

  1. La primera es que cuando me vivo alguien, ya vivo separado del mundo y por lo tanto me va a faltar el mundo entero.
  2. Y la segunda es que si me vivo alguien, eso que creo ser está construido por comparación, por lo que siempre estaré queriendo, porque siempre habrá algo mejor que conseguir.

En ambos casos, tengo garantizado el deseo y la sensación de carencia.

Pero ¿qué pasaría si yo y el mundo, si yo y la vida no estuvieramos separados? ¿Podría querer algo?. Esa es la reflexión.

Y por otro lado, ¿Qué pasa si me dejo de comparar o dejo de comparar cualquier suceso que me ocurre? ¿Qué pasa si dejo de pensarlos? ¿Seguiré queriendo algo?

Creemos que la plenitud es algo que hay que conseguir llenando los huecos que sentimos. Pero

cuando dejamos de pensar, todo es en sí mismo completo. Es lo que es.

y entonces, los deseos simplemente no existen.

no es que lo haya conseguido todo, es que no quiero nada.

Cuando nada quiero, nada me falta. Cuando nada quiero, soy pura libertad. Cuando dejo de pensar, todo lo que ocurre es asumido de forma inteligente y natural. Cuando dejo de pensar, no evalúo o juzgo nada. Tengo la mente limpia de programas de juicios y creencias y… entonces veo. Veo directamente, como aquel que se quita las gafas verdes y deja de verlo todo verde.

Cuando dejo de pensar, dejo de querer. Y al dejar de querer, soy plenamente y este ser que a duras penas conocemos, es paz, es alegría, es amor, es libertad.

Y finalmente, cuando dejo de pensar y nada quiero, es que ¡no necesito nada! Si algo necesitara, mi persona actuaría. Así funciona. Pero no se trata de que lo discutamos porque no hay intención de convencer. ¡Que sirva lo que la mirada secreta nos enseña para experimentarlo!

…Y ya veo las mentes indignadas diciendo: “¿entonces no hemos de desear un mundo mejor? ¿hemos de vegetar en la vida sin hacer nada?” Y pensamos eso porque creemos que la acción surge del deseo personal. Entonces, si no pensamos, no actuaremos, como si fuéramos animales… Pues los animales si que actúan. Actúan desde sus condicionamientos biológicos inteligentes  que buscan el bien del Todo, de la Vida entera, porque aún siendo individuos no se viven separados de la Vida. Mientras, nosotros actuamos desde nuestros condicionamientos mentales que buscan el bien de cada uno a expensas de la Vida entera. Así vamos…
Pero hay otra manera de actuar que es la acción espontánea. No es la instintiva de los animales, ni la mental del hombre común, sino la espontánea que está más allá de la mente pensante. Pero de eso hablaremos en el siguiente post.

¡Feliz Ahora!

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