Archivo de la categoría: creencias

Ratones de pensamientoteca

img_8919El brillo de la Luz nunca está escondido. Sólo las nubes de los pensamientos lo esconden a la mirada.

La mirada secreta

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Querida Mirada Secreta,

En estos tiempos en los que tu aliento silencioso ha ido disipando una creencia detrás de otra, me has descubierto que esta mente siempre va a a tener la misma pensamientoteca (biblioteca de pensamientos).

Diríamos que la mente tiene sus propios recursos, con los que crea argumentos, películas, emociones. Y aunque el producto final parezca nuevo, son siempre los mismos recursos. Por eso nunca me sorprende su contenido, ni el principio, ni el final de sus películas.

Pero, además de sus propios recursos, me has enseñado algo fundamental: para que esta mente pueda producir algo sustancial, necesita del fuego de la atención. Si la atención se desvía de la labor mental, poco puede producir la mente…

La pensamientoteca está muy concurrida de pensamientos existencialistas, de creencias (diría que hay un importante excedente de este material), de emociones repetitivas -tan repetitivas que ya casi hay dias que llegan a aburrir-)…

Cuando a la mente le da por producir con el beneplácito de la atención, yo sufro.

Pero, querida mirada, ¡qué inmenso descubrimiento  me esperaba al dejar abrir los viejos ventanales de la pensamientoteca aún a riesgo de que un vendaval compasivo se llevara tomos y tomos de pensamientos, ¡pensamientos tan importantes y tan voluminosos! Entraste como entra la luz, y con tu respiración silenciosa, tan sutil a veces como otras huracanada, dejaste la pensamientoteca quieta, quieta -como cuando se pone la pausa en mitad de la película- y entró la comprensión. Con cuánta claridad me enseñaste que

para comprender hay que dejar de pensar

En este instante eterno, en donde los ventanales se mantienen abiertos y la atención deja de “leer” pensamientos; en el que se apoya la cabeza en la mano en un no-hacer/no-querer inocente, la mente -así abierta- acoge lo que surge, sin poder asir la comprensión que se da de forma espontánea, sino sólo contemplarla. Y en esta contemplación, hay paz y alegría.

Cuando la mente se abre, soy feliz.

Poca cosa más queda por hacer que dejar de creer que la verdad está en la biblioteca polvorienta de los pensamientos. La atención puede dejar de ser su esclava. Y la mente enseguida replica que as, sin ella, no voy a poder funcionar. Pero no es a ella a quien escucho, sino a ti, querida mirada. Tu luz me ha mostrado que todo aquello que anhelaba está esperándome en la vida.

Sin darnos cuenta, todos nos hemos convertido en ratones de pensamientoteca, mientras la vida nos está esperando para que allí encontremos la belleza, la armonía, la compasión, la comprensión, el amor, la alegría, la paz,…. todos sinónimos de Verdad.

¡Seamos como los niños que miran por el ventanal sin ver nada, mientras la mente no para de parlotear!

Querida mirada secreta, el agradecimiento también vive en la Verdad. Eso ya te lo dije, ¿recuerdas?

En el Amor,

¡Feliz Ahora!

 

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Si mismo

img_8887Tu deber es ser, y no, ser esto o aquello. “Yo soy el que soy” resume toda la verdad.

Sri Ramana Maharshi

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Ayer acabé de ver el último de tres documentales (HUMAN) que recogen las vivencias de muchas personas del planeta hablando de temas de la humanidad como el amor, la guerra, la discriminación, la felicidad, la muerte, etc. Y cuando acabé de verlos, me quedó una sensación extraña. El documental acababa con el testimonio de una mujer dando las gracias a los realizadores. Decía que el hecho de que la hubieran escuchado, de que les hubiera importado lo que ella pensaba o sentía o había vivido, le hacía sentir “alguien”.

Después, dejando aposentarse lo visto, me di cuenta de que muchos de los testimonios del documental hablaban de cómo se habían sentido “alguien” gracias a alguna persona que les había valorado, les había mostrado aprecio…

¿Por qué necesitamos ser alguien? ¿Por qué no nos basta con ser? Es como si no tuviéramos valor a menos de que alguien nos valore. Es como si no nos sintiéramos dignos si los demás no nos tratan con dignidad. Si nadie cree en mí, parece que yo tampoco…

Y sí. Estamos siendo juzgados a cada momento. Existen diferentes parrillas de juicios, según el círculo social en el que nos movemos. A veces, para ser alguien tienes que ser bueno, otras tienes que ser malo. A veces has de ser rico. Y otras, pobre. A veces, para ser alguien tienes que estudiar porque si no sabes leer y escribir no eres nadie, pero en otro círculo social en el que no se le da valor a eso, igual eres alguien si eres el más fuerte, o el más sabio. ¡Ahora lo empiezo a ver! En este mundo de humanos, has de ser más para ser alguien. Más que los demás, en algo…

¡Ya lo veo, mirada secreta!

Es en la comparación cuando nos damos valor.

Y lo mismo que nos sucede con nosotros mismos, nos sucede con todo: es en la comparación que valoramos un objeto, una situación, una vivencia… Es muy fuerte. De hecho si miro quien creo ser, veré que todos son etiquetas que me creo por comparación: soy rico en comparación con, soy tonto en comparación con…

Es en la comparación que creemos existir.

Y esta es la trampa. La trampa y la inestabilidad que según lo que acontece soy alguien o dejo de serlo.

Todo tiene que ver con ser capaz de vivir lo que hay en plenitud, sin comparación, por si mismo.

De hecho, en el mundo espiritual, al Ser se le llama también el Si mismo.

Quizás si descubro lo que soy más allá de toda relación, de toda comparación, veré que

sólo por el hecho de ser, soy plenitud.

Soy. Es en el Ser que soy dignidad, respeto, soy valor. Y cuando así me vivo, sin esfuerzo, de forma natural y espontánea, te dignifico, te honro y te respeto a ti también. Porque tu también Eres.

Todo aquel que trata sin dignidad a los demás, es porque no se siente digno y necesita extraer esa dignidad de los demás, para él sentirse más digno…

Todo aquel que falta el respeto a los demás, es porque no siente respeto por si mismo y necesita sentirlo por comparación. Y para eso tiene que faltarle el respeto al otro. Así él es más respetado.

Y lo mismo sucede a la inversa: aquel que se deja arrebatar su valor, su integridad, se siente menos, deja de ser alguien…

¡Oh mirada! El corazón se llena de compasión, de amor y comprensión hacia todos, todos, incluida la persona que esto escribe.

No hay más que hacer. Descubrámonos en nosotros mismos. Descubramos cada uno su propio valor. Y al descubrir-me, te descubriré y en eso, la humanidad entera será dignificada.

¡Feliz Ahora!

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La Revolución de la mirada

IMG_7735Supera el valor de cualquier pensamiento particular, por sublime que sea.

La nube del no saber. Anónimo del s.XIV

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Inesperadamente (¿como siempre? -me parece que sí), la mirada secreta atrapa mis dedos y mi mente y revuelve mi corazón, en un acto de extrema rebeldía. Hoy la mirada me jalea, me zarandea y no puedo más que sentir dentro una revolución. La revolución de la Luz. La revolución del Ver. Me encanta esta sensación. Es la aventura más emocionante que jamás he vivido…

Una vez, la mirada secreta me explicó que

para comprender algo hay dos caminos aparentes: el conocimiento mental y el conocimiento vivencial.

Por ejemplo, si yo quisiera conocer a fondo el mundo de las hormigas, podría ir a la biblioteca y estudiar todos los tratados escritos sobre el tema; hablar con expertos mundiales; asistir a conferencias, etc. Seguramente en un tiempo, podría hacer grandes discursos sobre las  hormigas. Tendría muy aprendido lo que otros han descubierto sobre estos insectos. Estaría creyendo lo que otros descubrieron. Estaría viviendo de lo que otros vieron. Y podría hacer todo esto sin haber visto nada. ¡Incluso sin haber visto una hormiga en mi vida! Creería ser un experto en el tema y los demás lo creerían también. Si me hicieran preguntas, buscaría dentro del arsenal de conocimientos adquiridos y seguramente encontraría la respuesta. Incluso, con todo lo aprendido, podría desarrollar nuevas teorías sobre sus costumbres o su origen. A esto, la mirada le llama el conocimiento mental.

El conocimiento mental es un conocimiento adquirido fuera de uno mismo. Es un conocimiento que no descubre nada, sino que aprende lo que ya fue descubierto por otros. La mirada le llama “conocimiento viejo”. Este conocimiento no transforma a la persona. No tiene un impacto en las estructuras profundas del ser humano (un estudiante puede aprender que la intención del investigador influye en que la luz se presente como partícula o como honda y eso no tener ningún impacto en cómo él vive su realidad, su persona, etc.). Este camino, el del conocimiento mental, es APRENDER.

Pero también podría estudiar las hormigas partiendo de que no sé nada sobre ellas. Coger mi bloc y mi lápiz e irme al campo. A observar. A observar sin pensar. Y dejar que sean las hormigas que me enseñen todo. Al cabo del tiempo, también sería un experto en hormigas. Es muy muy probable que mis observaciones trajeran aspectos nuevos a lo ya conocido. Es muy probable que entonces, cuando fuera a la biblioteca, pudiera discriminar lo leído, ampliarlo, rechazarlo, aceptarlo, compartirlo. Y todo con un conocimiento indudable. Podría ser. A esto la mirada le llama el conocimiento vivencial.

El conocimiento vivencial es un conocimiento que parte del no saber y proviene de la observación directa. Es un conocimiento que descubre todo por primera vez. La mirada le llama “conocimiento nuevo”. Este conocimiento transforma radicalmente a la persona, porque es un conocimiento que brota desde dentro, que abre nuevas comprensiones dentro de uno mismo. Tiene un impacto intenso en las estructuras profundas del ser humano. Este camino, el del conocimiento vivencial, es VER.

No es que uno sea mejor que el otro. Sino que todo lo psicológico ha sido aprendido. Ha sido adquirido de fuera a adentro. Y esto quiere decir que

quien creo ser es un conocimiento mental.

Y para descubrir la Verdad, la Verdad de quien soy, es necesario que suelte el conocimiento mental y pase a un conocimiento vivencial. Porque la Verdad no puede ser adquirida desde fuera. Sería una verdad vieja, sin capacidad para transformar. Por eso, me dice la mirada secreta,

No te creas lo que te dice nadie. Nadie. Ni siquiera un gran maestro, una gran maestra, un libro de sabiduría.

No te creas lo que te dice nadie, ni nada. Pero no porque lo que digan no sea verdad, sino porque no te va a servir.

El camino del creer es un conocimiento mental. No descubre nada. Sólo te va a llenar de más conceptos, más conocimientos, más teorías que van a ser aprovechadas por quien crees ser, por tu ego, para montar un nuevo personaje, un personaje sabio o espiritual. O que van a servir sólo para confundirte más, para que te esfuerces más, para agotarte más en tu camino sincero a la Verdad.

¿Cuánta gente cree en Dios o en la Energía Cósmica o … y sin embargo está atrapada por todo lo que acontece, por todo lo que piensa y por todo lo que siente? ¿Dónde está aquí la liberación?

¿Cuánta gente cree en Dios y está destrozando la vida, su vida y la de los demás?

El Camino (metafóricamente hablando) no es el conocimiento mental que va coleccionando creencias. De hecho,

ninguna creencia vale nada.

Vamos de libro en libro, de maestro en maestro, de cursillo en cursillo. Acumulando frases bonitas, creencias innovadoras que no han sido descubiertas en nosotros mismos. Pero no abrimos el ojo del Ver. Tomamos apuntes. Debatimos lo leído. Seguimos queriendo tener razón. Condenamos a aquellos que no siguen los caminos reglados, que no tienen el tampón de “aprobado”. Y tantas otras actitudes, todas ellas provenientes de lo que creemos…

Suelta todas las creencias. Todas. TODAS. Lo que tu crees que es verdad, quien crees ser, quien crees que son los demás, de qué va la vida o de qué deja de ir.

Suelta toda creencia. Quédate en el vacío, en la nube del no saber. Y desde ahí, mira. Mira sin pensar. El trabajo es un trabajo de campo, no es un trabajo de biblioteca. En la biblioteca podremos hallar inspiración. En lo que los maestros dicen podremos hallar ánimo para seguir investigando e inspiración. Y benditos sean los libros de sabiduría y los maestros. Pero, ¡no obedezcas! ¡no des a nada ni a nadie el falso poder de que ellos pueden darte la Verdad! Si. Si. Esta es una llamada al abandono de todo lo conocido. Porque la Verdad está más allá de todo lo conocido. Porque

la Verdad no se puede aprender, sólo puede ser reconocida en uno mismo.

El trabajo es un trabajo de campo. Es un trabajo que hace la mirada limpia de creencias. De adentro a más adentro.

¡Feliz Ahora!

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La esclavitud de las creencias

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Lo que crees no te deja ver

La mirada secreta

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En los últimos 40 años, cada mañana al despertar, en cuanto abría los ojos, la vida le golpeaba. Una voz en su cabeza le decía: “¡Es tan pesada la vida! ¡Tan difícil de soportar!” Y a esto ella contestaba: “¡No voy a poder” “Es demasiado difícil vivir”.

Con el tiempo y mucho esfuerzo, fue aprendiendo estrategias de supervivencia que le ayudaban a pasar por la vida sin tanta pesadumbre. Ahora era  otra voz que le animaba: “¡Va, levántate! ¡Haz un esfuerzo para vivir!” Y se levantaba.

Se sacudía los pensamientos de encima, como los perros se sacuden el agua. Y vivía. Un día y otro día y otro. La vida seguía siendo pesada, pero ella trataba de no pensar y, si pensaba, se esforzaba para vivir en paz.

Así hubiera continuado hasta el final, la muerte que ella añoraba y en la que ponía la esperanza de un día ser liberada de las cadenas de una vida tan pesada. Pero ¡ay, la vida! ¡Que equivocada estaba!

Lo que pasó es que una mañana al despertar, en cuanto abrió los ojos, la vida se rió en su cara. Salió la vieja voz: “¡Es tan pesada la vida! ¡Tan difícil de soportar!” Y en vez de que la nueva voz le animara, surgió con toda su luz, de la nada, LA MIRADA.

-Mira, mira – le animó. -¡Mira con toda la mirada! Y dime, ¿acaso ves una vida pesada?

-Veo la luz del sol- contestó ella -Veo la blancura de las sábanas, la carita de mi amado, las paredes encaladas. Veo el sonido de los coches, de la brisa y de los pájaros. Veo el cuerpo relajadito, el calor de la cama, la foto del maestro, el libro y las gafas.- Eso veía al ver con la Mirada.

-¿Dónde está niña, la pesadez de la que hablas? ¿Dónde la densidad?-

-Ohhhhh, dulce mirada. ¡La pesadez no es más que una idea marchitada que regaba cada día con la credulidad pensada!

-Y dime, niña ¿dónde está la necesidad de esforzarte cada dia para levantarte alegre de la cama?

-El esfuerzo requería la creencia que tragaba. La vida no requiere esfuerzo alguno. La respiración respira sola. Y ve sola la mirada.

¡Lo único que requiere esfuerzo es vivir equivocada!

Oh, mirada secreta, que me enseñas el silencio de la nada y me haces ver lo que Es y lo que no es y en eso resplandece la verdad, el corazón y la vida desnuda y transparente, sin ni un solo adorno mental.

¡Cuanta belleza! ¡Qué libertad! ¡Qué fácil es todo en tu compañía callada!

¡Feliz Ahora!

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La Mirada feroz

IMG_2654-1“La Creación de Dios es la misma y no hay diferenciación en la creación. Dios es el mismo. Las aparentes diferencias han sido creadas por el hombre.”

Sri Ramana Maharshi

 

Mira como el Sol esparce sus rayos de luz sin buscar nada, sin querer nada. Simplemente los esparce porque está en su naturaleza.

Mira como la luz de sus rayos no tiene color alguno. Mira como los colores se forman en la mente de los seres que captan la luz. Y mira como los colores no afectan ni una chispita la propia luz del Sol.

¡Ay, la realidad! 

Caen las creencias como caen las hojas en otoño. Caen las creencias por madurez. Caen para no volver. Su lustro, apagado. Su realidad, consumida por la entrada de una nueva estación -si no hubiera invierno, no habría otoño; si no hubiera primavera, no habría invierno-. Fuera de las estaciones, ni arboles, ni hojas, ni nacimientos, ni caídas.

Golpea ferozmente la mirada secreta. A duras penas la mente es capaz de escribir estas líneas. El resultado podría ser incomprensible, pero ¿a quién le importa? Entregada esta persona, sigue dejándose escribir aquello que ha sido vislumbrado y que la mente, por su extrañeza, no puede diseccionar.

La realidad percibida. Pura percepción al servicio de los instrumentos que la captan a su manera. 

La realidad percibida sólo existe en la mente del que la percibe.

Tu realidad y mi realidad, ¿son acaso la misma? ¿Habrían discusiones, desencuentros y guerras si la realidad entre tu y yo fuera realmente una? ¿Habrían suicidas arrastrando tras de sí decenas de inocentes? ¿Habrían hambrientos en el planeta de la abundancia? ¿Habrían quema-dineros contaminando el aire que necesitan para seguir viviendo? ¿Habrían corta-bosques, corta-silencios, corta-vidas? 

Tu realidad y mi realidad no son la misma. Entonces, ¿cual es la realidad verdadera? ¿la tuya o la mía?

Golpea ferozmente la mirada secreta:

-Mira. Mira -me zarandea. – Lo que creíste que era la realidad, lo que los árboles, las nubes, los dioses creen que es la realidad, no es más que Aquello irradiando. Y lo que irradia no tiene forma alguna. Son haces infinitos de luz sin forma, sin color, sin concreción alguna. 

La concreción no es cosa de Aquello, sino de cada uno de los seres. 

Incluso los seres son haces infinitos de luz sin forma, sin color, sin concreción alguna.

El Sol irradiando luz sin forma. 

Aquello irradiando puro Potencial.

Y esto que está aquí y que creo ser, haciendo del potencial árboles, colores, acuerdos, creencias…

Dios no crea. Dios irradia. Los supuestos creadores de sueños, somos nosotros.

¿Es esto publicable? ¿Quién lo puede decidir?

La mirada secreta hoy se muestra feroz. 

En la entrega, dejo que vuele.

Siempre, siempre, ¡feliz ahora!

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La escuela de la vida

IMG_5482 No es lo que yo hago con la vida. Es lo que la vida hace conmigo.

La mirada secreta

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aEstoy disfrutando de una tarde de sábado apacible. No hago nada. No pienso nada. Reina un dulce  silencio acompañado de la sinfonía de los troncos quemando en la chimenea. Y…¡zas! De repente, aparece en escena una de las menos cuestionadas creencias de nuestra época: “He nacido para aprender”. ¡Ah, la mirada! ¡Siempre dispuesta a enseñar cuando la mente se para!

¿Cuántos de nosotros creemos que la vida es como una escuela? Yo creía que había nacido para crecer, para aprender. Y esa creencia ha provocado que haya pasado todos estos años con el ansia insconsciente de que “algo” tenía que conseguir. Y al no saber ni lo que tengo que aprender, ni que querrá decir “crecer”, ni cuando se supone que lo habré aprendido, el ánimo se ha mantenido en suspenso ansioso, con un extraño y subterráneo miedo a fracasar, a no estar haciendo suficiente o haciéndolo bien.

Pero la mirada secreta, que nada cree y todo observa, ha querido meterse también en esta creencia casi intocable y bastante común de que nacemos para aprender. Y rauda y silenciosa penetra en mi oído y me susurra:

la evolución no la realiza el pequeño yo.

Claro que crecemos. Claro que aprendemos. Pero todo se da espontáneamente. No es gracias a mi esfuerzo, a mi buen hacer, a mi voluntad, a mi sacrificio, a mi mi mi mi mi………. De hecho, creer que la vida es una escuela, a la que hemos venido a aprender o a crecer nos coloca sin darnos cuenta, de espaldas a la vida. Nos separa de la vida. ¿Qué?- digo yo- ¿me separa de la vida?

-Mira la naturaleza -sigue susurrándome la mirada. Todos los seres hacen su camino, evolucionan porque la vida es precisamente ese movimiento. Ni el árbol, ni el pez han de plantearse cómo crecer. Por el hecho de estar vivos ya crecen, ya aprenden, ya evolucionan. Y estar vivos significa estar plenamente en el ahora -que es donde la vida vive-, con todos sus sentidos abiertos a lo que acontece en cada momento. Sin querer nada. Viviendo plenamente lo que hay. Así es como viven, aprenden, crecen, evolucionan. Porque

vida es sinónimo de evolución.

No hay en toda la naturaleza un objetivo de evolución individual separada del resto del universo. No hay ningún individuo que nazca para su propio beneficio. Si se da que el mono-cien* descubre algo nuevo, eso no es para mayor gloria del mono-cien sino para toda su especie, todo el planeta, todo el universo.

¿Por qué tendría que ser diferente en el ser humano? Quizá yo no he nacido para conseguir nada individualmente. Quizá no he nacido para mi propio beneficio. Quizá no tengo que hacer nada más que aquello que la vida me pone delante. Y vivirlo plenamente, con las capacidades que la evolución de mi especie, planeta y universo me han dado. Quizá de esta manera, dejándo que la naturaleza de mi humanidad haga espontáneamente, cumplo con el propósito para el que fuí creado. Quizá mi evolución pertenece a la vida, y no es “mi” evolución, sino la evolución de la especie humana, del planeta, del universo.

¡Qué alegría siento! ¡Que liberación!. Dejar que la vida haga en mi. Saberme parte de la evolución de mi especie y del universo entero. Dejar de ser este pequeño, raquítico y egocentrado “yo”, para ser la raza humana en su totalidad, la vida en su totalidad. ¿Cómo? Viviendo sin objetivo egoico alguno. Viviendo plenamente. Y vivir plenamente es, para cada uno de nosotros, diferente. Esa es la riqueza de la vida. Así es cómo se da la imparable evolución.

Así que la vida es una escuela. Pero yo no soy el alumno. El alumno, el profesor, los estudios y exámenes son la propia vida. Cada uno de los elementos es inseparable de los otros.

La vida es una escuela para sí misma.

Yo no me puedo separar de la vida.

Yo soy la vida.

¡Feliz Ahora!

*Es el caso de un mono que en un momento dado aprende a lavar una patata después de que todos rechazaran este alimento por estar sucio de tierra. Al poco tiempo los demás monos habían aprendido a lavar la patata para así podérsela comer. Que el mono aprendiera a lavar la patata no fué para su propia evolución sino para la evolución de él y todos, sin separación, en su totalidad.

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La prisión del alma

¿Por qué permaneces en la cárcel cuando la puerta está abierta de par en par?

Rumi

Muchas veces, el alma no sabe que vive en una cárcel. Su habitáculo es, para ella, el universo entero y, con sus mas y sus menos, le gusta. A veces, cuando un revés de la vida gira su cabeza, ve las puertas abiertas pero no siente la necesidad de salir.

Otras veces, el alma tampoco sabe que vive en un cárcel. Pero esta vez, la cárcel no le gusta. Se siente atrapada. Su corazón estrujado se pregunta perplejo si esto es todo lo que hay. Algunas veces también ve las puertas abiertas, más al no saber que vive en una prisión, no se le ocurre salir. Ve la salida sin verla…

En ambas circunstancias,

el alma no sabe que el sufrimiento que está sintiendo sólo habita en medio de estas paredes…

¡Pobre alma que no sabe que no sabe!

Otras veces, el alma siente su aprisionamiento. Se debate -a veces furiosamente y otras estremeciéndose sutilmente- entre un sinfín de cadenas imaginadas que le mantienen aprisionada y no le dejan salir de su encierro a pesar de tener las puertas abiertas frente a ella, casi eternamente. Cadenas de no-puedos, cadenas de miedos -a perder lo que tengo, a perderme, a lo desconocido, a la muerte,… (¿a mayor miedo, mayor intuición?)-, cadenas inventadas, cadenas intuidas, cadenas, cadenas.

Y el alma que no sabe y se pregunta. Se pregunta y busca respuestas. Y algunas respuestas parecen calmar su sed de libertad, pero el alivio dura sólo unos segundos. Y se sigue preguntando, envuelta de cadenas, frente a la puerta abierta.

Trabaja duramente para entender su aprisionamiento. Para hallar una salida. Para liberarse.

A veces, ve las puertas abiertas. Están frente a ella. Pero no cree que sea tan sencillo. “¡Ésta no puede ser la salida! ¡No puede haber estado frente a mi todo este tiempo! ¡La salida es mucho más complicada!” piensa el alma.

No puede aceptar que tanto sufrimiento, tan pesadas cadenas le permitan llegar al umbral siquiera

y sigue su periplo en busca de una salida acorde a su sufrimiento…

¡Pobre alma que sabe que no sabe!

Y otras veces, -pocas de hecho-, al alma descubre la cárcel, las puertas abiertas, las cadenas imaginadas, el sufrimiento que vive allí y sin debatirse, se duerme al sueño. Sabe que no es ella quien ha de cruzar las puertas.

Y también sabe de la embriaguez de cárceles, puertas, cadenas y sufrimientos.

Y como aquel que duerme la borrachera esperando despejarse, se deja

…dándose cuenta de que los sueños, sueños son (como dijo aquel que la inspiración atravesó).

Y quizá llegue a darse cuenta que ella misma es producto ebrio de sueño. Quizá…

Y ahí está el alma que sabe que no sabe y que ¡nunca sabrá que sabe!

La mirada secreta hoy deja esta cárcel patas arriba.

Y en su infinita compasión, susurra un silbo de aires amorosos (como diría Juan):

-Shshshshshshs, todo está bien…

-El gran entretenimiento son los pensamientos y la gran cárcel es creernos que son nuestros. Si no vemos, no vemos por eso-

… me dice entre sueños.

Y surge una sonrisa de paz.

El sueño sigue, apaciblemente.

Vacío de mí.

Dentro, fuera, es lo mismo. Lo que vivo fuera es donde estoy dentro.

¡Feliz Ahora!

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La guerra de los fantasmas

“Para saber lo que Ud. es, antes debe investigar y saber lo que no es.”

Sri Nisargadatta Maharaj

 

Yo creo que soy de una manera concreta: soy así y así y así y no soy asá ni asá ni asá.

Cuando digo que me conozco muy bien, en realidad lo que conozco son mis patrones de pensamiento/emoción/comportamiento repetitivos, o dicho de otra manera, mis reacciones y mis formas de manipular el entorno. Lo que conozco bien está todo circunscrito al mundo mental, al mundo psicológico. De hecho cuando actúo de una manera que no encaja con como creo ser, enseguida aviso: “yo no soy así”.

Sin embargo, yo no me puedo conocer muy bien en la espontaneidad, en la creatividad, en la intuición, en la inspiración… Porque eso cuando se dá, -que se dá, a pesar de la idea que tengo de mi-, siempre es nuevo y sorpresivo, igual que la vida es nueva a cada segundo aunque mi mente no me permita darme cuenta de ello. Y eso nuevo, desconocido, sorpresivo no lo introduzco en quien creo ser. Es como si no tuviera nada que ver conmigo. Y eso ocurre porque no encaja con quien creo ser, con lo archiconocido en mi, viejos patrones condicionados que funcionan automática y mecánicamente, y que nunca me sorprenden. Así que lo que conozco muy bien es un robot psicológico, el yo condicionado con el cual yo me he identificado.

Cuando los demás dicen que me conocen muy bien, ellos también conocen ese robot psicológico. De hecho, ¡nada más puede ser conocido!

Pero, ¿quién soy yo realmente? Eso yo no lo puedo conocer porque no puedo dividirme en dos: el yo que conoce al yo que se supone que soy…

Quien soy yo realmente, no lo puedo conocer, sólo puedo serlo.

Es por eso que ¡¡todo lo que creo ser, no soy!!

Quien soy yo, sólo puedo serlo plenamente cuando me libero de lo que no soy, de ese yo condicionado que fué formandose desde los primeros años, superponiéndose al yo que había nacido, modelado por las circunstancias externas, igual que un trozo de arcilla es modelado. Yo-arcilla me he confundido con yo-forma de arcilla. He creído que soy esa forma, cuando nunca he dejado de ser arcilla. Y ahora me vivo como la forma, conozco más o menos bien la forma y sin embargo soy arcilla y la forma que adopto sigue cambiando… La idea de mi es la idea de la forma. Ese es el primer fantasma.

Por otro lado, no sólo tengo una idea de quién soy yo, sino que tengo también una imagen de cómo debería ser. Ese es el segundo fantasma. Y no me he dado cuenta de que esa imagen también viene de lo condicionado, de lo que me han enseñado que es lo mejor, algo que va cambiando con las épocas.

La idea de cómo debería ser, es una moda social.

Por ejemplo, ahora está muy de moda ser emprendedor, independiente, tener opiniones propias muy marcadas, ser seguro de sí mismo. En la época de mis abuelos, lo que era maravilloso era ser cumplidor, estable, obediente y responsable. Ese ideal que tengo de mí mismo, que también viene del exterior como creencias que yo asumo sin revisar, está todo el día jugando dentro de mí con respecto a quien yo creo ser, a la idea que tengo de mí. Así que

hay una contínua lucha entre quien creo ser y cómo creo que debería ser.

Ninguno de los dos conceptos lo he construído yo. Ambos me han sido impuestos desde fuera y jamás se me ha ocurrido ponerlos en duda.

Y esa lucha se extiende a mi relación con el mundo entero:

la relación que yo tengo con el mundo, con las personas, es un reflejo directo de la relación que tengo conmigo mismo.

Con los demás es lo mismo: tengo una idea de como son y una idea de cómo deberían ser: los amigos, los hermanos, los padres, los hijos, los políticos, los países, las leyes, … Y esos son los miles de fantasmas hijos de los dos anteriores.

En esa lucha eterna, que está circunscrita en el mundo de las ideas y que no tiene nada que ver con la realidad, yo vivo.

Es la guerra de los fantasmas: del fantasma de lo que yo creo que es y el fantasma de lo que yo creo que debería ser. Fantasmas que no tienen ninguna realidad, ninguna consistencia. Sólo son ideas. Ideas que al darles verdad, me impiden ver la realidad tal como es. Ideas que ponen un filtro espeso delante de mi mirada y deforman completamente la visión, tanto que cuando un día ves sin filtro no puedes comprender como habías estado tan ciego.

A los fantasmas no se les puede manipular, no se les puede cambiar, no se les puede matar. No se puede luchar contra los fantasmas porque no tienen consistencia. Porque no son reales. He aquí su poder.

Y para acabar con los fantasmas, sólo tenemos un camino: ¡encender la luz!

Cuando se enciende la luz, los fantasmas desaparecen.

Y ¿qué quiere decir “encender la luz”?.

Encender la luz es darnos cuenta.

Ese es el camino: darnos cuenta. Darnos cuenta de que no somos quienes creemos ser, de que no tenemos que ser de otra manera porque ya somos de ninguna manera concreta. Que eso es sólo una idea que hemos comprado. Que todo lo que Es, ya Es. Que todo lo que existe es lo que es. Que las personas no son como son sino que son lo que son.

Que

yo no soy como soy, sino que soy lo que soy.

Y que en ese viaje de darme cuenta, los fantasmas desaparecen y con ellos, la guerra.

En ese viaje de darme cuenta de aquello que no es real, acaba la guerra y con el fín de la guerra, resurge la Paz.

¡FELIZ AHORA!

Especialmente a las mariposas :)

 

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Ni creer para ver, ni ver para creer

La creencia no es el principio, sino el fin de todo conocimiento

Johann Wolfgang Goethe

Hoy me he enfadado con mi hijo. Le dejé el coche para ir a la ciudad. Le pedí que llevara monedas para pagar el aparcamiento y evitar la multa. Pero cuando ha vuelto de la ciudad, volvía con la multa puesta. El creía que llevaba monedas y en el momento de la verdad, no tenía dinero.

Me he enfadado porque creo que es un irresponsable. Me he enfadado porque creo que yo le ayudo en todo y por una cosa que le pido, podría por lo menos cumplirla. Me he enfadado porque si él tuviera que pagar la multa, seguro que se habría esforzado más en evitarla. Me he enfadado porque no respeta las reglas…

Por otro lado, mi hijo creía que llevaba monedas encima…

¿Qué es lo que verdaderamente ha pasado? ¿Qué es lo que es cierto? Lo que es verdadero es que ninguna de estas creencias es cierta. Mi hijo no es un irresponsable, ni tampoco deja de cumplir lo que se le pide, ni hubiera sido diferente en el caso de que él tuviera que pagar la multa, ni es un joven que no respete las reglas. Ni llevaba monedas encima.

¡Ninguna de las creencias que hemos tenido es cierta! Lo único verdadero es que a la hora de pagar el ticket de estacionamiento, no tenía dinero. Es lo único verdadero porque es lo que ha sucedido. Es lo único verdadero, porque es experiencial y no pensado.

Sin embargo, me he enfadado con él y él se ha sentido muy mal. Por algo que nos puede pasar a cualquiera en cualquier momento. Y nos hemos sentido así porque nos hemos dejado llevar por nuestras creencias: creo que….

No nos damos cuenta pero la mayor parte de nuestros pensamientos, emociones y comportamientos están generados por creencias,

por presupuestos mentales que los vivimos como ciertos sin haberlos comprobado nunca. Incluso en muchos casos, esas creencias (“creo que” o “creo en”) ni siquiera sabemos que las tenemos.

Nos hemos acostumbrado a funcionar por lo que pensamos y no por lo que experienciamos.

Incluso nos vivimos a nosotros mismos por la idea que tenemos de nosotros y no por lo que hacemos. Nos puede más lo que creemos que buscar la evidencia directa.

Hace unos años me pareció haber tenido una revelación cuando descubrí que para ver algo directamente, para vivir algo con la evidencia de la visión directa, primero tenía que creer que aquello era posible. Había descubierto que no hacía falta que viera para creer, sino que podía creer y entonces, acabaría viendo.

Ahora me doy cuenta (que es a lo que yo llamo “ver” :)) que ambas son falsas.

Puedo vivir sin creer en nada y eso es una gran liberación. Es una enorme liberación que me empuja a vivir espontáneamente, sin caminos trazados.

Vivir sin creer en nada me permite mirar con mirada nueva, descubrir por primera vez.

Vivir sin creer en nada transforma mi mirar astuto en una mirada inocente y limpia.

Pero ¿por qué iba a querer vivir sin creer en nada? Porque

no hay ni una sola creencia que sea cierta.

Y eso es así porque las creencias son ideas, teorías, productos mentales no comprobados. Y sin embargo, aunque no haya ninguna evidencia real de la verdad de una creencia, aunque sea una mera interpretación o especulación, son las creencias las que nos dirigen. Incluso podemos matar por ellas.

Algunos hablan de creencias limitantes, o de creencias irracionales. La mirada secreta no ve excepción alguna:

todas las creencias son limitantes, todas.

Y son limitantes por dos razones: una, la creencia que compramos excluye cualquier otra posibilidad, por lo tanto me limita; dos, la creencia que compro impide que vea directamente. Funciona como un filtro que se interpone entre la mirada y la realidad. Por eso todas las creencias son limitantes.

Puede ser que algunos lectores se sientan mal al leer esto. Nos identificamos con las creencias: yo soy de tal país (y por lo tanto me excluyo como ciudadano del mundo -o sí, del mundo si que soy ciudadano, pero del pueblo vecino, no..-); yo soy “creyente” (¡Dios mío! ¡qué paradoja!); yo creo en ti (ósea, en la idea que tengo de ti, que antes o después caerá…); yo creo que todo esto no es cierto (¿y de qué te sirve? ¿te ayuda a ver la realidad?)

No creamos en nada. Dejemos que sea la mirada secreta, la mirada limpia de cualquier prejuicio que mire. Y sorprendámonos del milagro de la Realidad. Este es el único camino a la Verdad.

Y alguien me podría preguntar ¿no es acaso esto una creencia más? Para quien no lo ha visto directamente, sí. ¡Así que no te lo creas! Mira directamente, hasta que veas. Entonces vivirás de evidencias, que aunque no puedas explicar, serán transparentes. Entonces no habrán dudas. Ni querrás convencer a nadie. Cada nuevo descubrimiento será un regalo que te sorprenderá. Tu mente se sorprenderá. Cada nuevo descubrimiento ensanchará tu mirar.

La creencia excluye todo aquello que está fuera de ella. La verdad todo lo incluye. Nada hay fuera de ella.

Ni ver para creer. Ni creer para ver. No necesitamos creer.

La Verdad está frente a nuestra mirada. Abramos los ojos.

¡Feliz Ahora!

Dedicado a mi hijo pequeño, viendo juntos desde el más grande amor…

 

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La luz de la conciencia

Cuando miramos sin pensamiento alguno, vemos por primera vez. La mirada secreta


 

Se abre el telón. Todo está oscuro. Y en un instante se enciende un foco de luz potente que ilumina en redondez una parte del escenario, justo en el lugar en que se haya erguido el protagonista. Este empieza a recitar un monólogo y todo el público rompe a reír. Se apaga el foco, para volver a encenderse al cabo de pocos segundos, dirigiendo la luz a otra parte del escenario. Esta vez hay una mujer que también se pone a explicar una historia, una historia triste y angustiosa. El público calla con el corazón apretado, lleno de pena y compasión. Mientras, allí donde se erguía el monologuista cómico, personas vestidas de negro están cambiando el decorado. Pero nadie les ve. El foco de luz guía implacablemente la atención del público allí donde se enfoca. Lo que queda fuera del radio del foco de luz, nadie del público lo percibe, no existe para ellos… Finalmente, el mismo foco se amplia, extendiendo su radio de luz hasta iluminar por entero el escenario. Ahora, el público ve a la mujer triste, al hombre cómico, los muebles y otros objetos del decorado, lo ve todo de una sola mirada y comprende la escena en su totalidad.

El foco de luz tiene unas características muy versátiles: se puede dirigir a discreción y se puede estrechar para iluminar un sólo punto, o se puede ampliar hasta iluminar todo.

Nosotros también tenemos un foco de luz y allí donde lo dirigimos crea nuestra realidad vivencial. Lo que queda fuera de nuestro foco de luz, no existe para nosotros. Esta luz es lo que hace que nos demos cuenta de la existencia de aquello que ilumina. Podríamos decir que

esta luz es nuestra conciencia y el foco, nuestra atención.

Cuando miramos a través de nuestra mente, nuestros pensamientos, deseos y creencias estrechan el foco de luz, limitándolo a lo que pensamos sobre lo que vemos. Así que

desde nuestra mente es muy difícil ver las cosas como son porque la idea que tenemos sobre ellas distorsiona la observación.

Cuando miramos desde la mente, la conciencia se hace muy estrecha, dejándo fuera una visión global -como en el escenario de teatro- y aquello que enfocamos desde la mente cobra mucha más relevancia de la que en realidad tiene. El otro día lo hablabamos con algunas personas y vimos como de noche, aún es más evidente: el foco de luz se posa sobre un pensamiento que está pidiendo toda nuestra atención y al verlo desde la mente, se hace enorme a nuestra conciencia, muy muy importante. No hay ninguna distracción de noche que pueda llamar la atención sobre sí por lo que el foco se queda iluminando ese pensamiento, mientras el resto de la realidad se mantiene a oscuras. Y cuando llega la mañana, con la llegada de otros estímulos que reclaman nuestra atención, aquel pensamiento que nos parecía tan importante ya no lo es tanto.

Muchos de nosotros hemos aprendido a mover el foco de luz, la atención, a nuestra discreción. No luchamos contra los pensamientos que nos hacen sufrir, sino que retiramos la luz de ese pensamiento para colocarlo en otro sitio, quizá en un libro, o en la contemplación de las estrellas o incluso en un recuerdo feliz. Y eso es bueno, porque

el sufrimiento causado por los pensamientos es siempre gratuito.

Así andaba el otro día, cambiando la dirección del foco, cuando súbitamente la mirada secreta me mostró dos descubrimientos maravillosos…

El primer descubrimiento me hizo ver que muchas veces observaba las cosas desde otro sitio que no era la mente. Cuando observo la vida desde otro lugar que no es la mente, la conciencia de ello, el “darme cuenta” es espontáneo, fresco, directo, sorprendente. Puedo colocar el foco de luz sobre un objeto que he visto miles de veces, y verlo entonces por primera vez, realmente por primera vez. Porque

cuando miramos sin pensamiento alguno, vemos por primera vez

La mente no nos permite ver de verdad. Lo único que vemos cuando miramos a través del filtro de nuestra mente, es lo que la propia mente espera ver: es una proyección de nuestra idea sobre aquello que estamos observando. Y al estrechar tanto el haz de luz, convierte esa simple proyección en una realidad absoluta, cuando es sólo un puro espejismo, un espejismo que encaja con nuestras viejas creencias. Eso es lo que nos mantiene dormidos, creyendo que lo sabemos todo, cuando la realidad nos muestra que todo es nuevo a cada instante y que no hay nada ni nadie que no esté naciendo y muriendo segundo a segundo…

El segundo descubrimiento de la bella mirada secreta es que no sólo puedo cambiar de lugar el foco de luz y mirar desde más allá de la mente, en el más cristalino silencio, sino que también puedo ampliar el foco de luz, abrirlo más y más y más y más, en una perspectiva cada vez más amplia y totalizadora. Como si pudieramos mirar aquello que nos preocupa o aquello que tanto deseamos o aquello que amamos o lo que no soportamos desde una altura tan elevada como pueda ser la visión del planeta desde un cohete. ¿Te imaginas cómo valoraríamos entonces las cosas? Cambiaría mucho la importancia que le damos a tantas historias nuestras… Cambiaría mucho la importancia que le damos a nuestra propia persona… La luz de la conciencia, sin límites, observando la vida y maravillándose a cada momento. No es ciencia ficción. Todos tenemos un foco de luz, movible y que puede abrirse hasta el infinito…

De descubrimiento en descubrimiento. De pequeño milagro en pequeño milagro. Puro agradecimiento.

¡Feliz Ahora!

 

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