Archivo de la categoría: atención

De la carencia a la plenitud

IMG_5885“Cuando reparas en algo, dejas de arrojarte al todo”

Juan de la Cruz

Estoy contemplando el nuevo día dejándome empapar a través de todos los sentidos de todo a la vez, sin centrar la atención en nada concreto. A la flores les viene a visitar la avispa e inseparablemente las hojas de los árboles se dejan llevar por la danza de la brisa a la vez que las nubes pasean por el cielo sempiterno. Es como una sinfonía que escucho sin separar una nota y otra. Si así lo hiciera, ¡no podría escuchar la sinfonía!

De las puntas de los dedos brotan palabras que no se sabe de donde vienen. Y así. No sobra nada. No falta nada. En estos tiempos la mirada secreta anda como por detrás, respetuosa, sin querer hacerse notar. La mente está a punto de implotar. El gran bang-big. Aún y así, es tan bello, tan bello este momento eterno, que dulcemente sube su presencia hasta el punto de ebullición y las manos se ponen a trabajar a su servicio de nuevo.

¡Han sido tantísimas las ocasiones en las que sentí que algo faltaba o algo sobraba en lo que fuera que estaba viviendo! De hecho, ha sido siempre así menos en contadísimas excepciones. En mi cabeza siempre había una voz que protestaba: ” Si, si. La comida está muy buena, pero es tan cara…” “Qué día más bonito, ojalá estuviera mi pareja aquí”. O directamente: “Esto es un asco. Por lo menos podría haber sido más amable” “Este sitio es horroroso, por lo menos podrían tenerlo más limpio” Ya ves. Toda la vida incompleta, por exceso o por defecto. Si tuviera que evaluar la vida le daría un insuficiente. Y esta sería la evaluación del sordo, del que pendiente de cada nota musical nunca oyó la sinfonía de la vida.

¿Por qué? ¿Cómo puedo ser feliz si siempre va a haber algo que falte o que sobre en este momento?. Los escasísimos momentos que recuerdo de  verdadera felicidad siempre han ido acompañados por una sensación de plenitud. Pero esta sensación de plenitud no viene de contar cada cosa y ver si falta o sobra algo en concreto. Si lo hubiera hecho así, si me hubiera fijado en cada cosa por separado, mi mente hubiera encontrado ese punto de insatisfacción. La mente es una verdadera especialista en fragmentar el momento en partes e inventar una parte que falta o que sobra, impidiendo la plenitud del momento. Para que aquello que vivo no esté completo, tengo que vivirlo a trocitos, solo así puedo sentir que falta algo pero, si acojo el momento como una unidad indivisible todo cambia porque

el momento siempre es pleno.

Para que falte algo, para que sobre algo, es necesario que esté mirando las partes. Pero la vida no se nos da a trocitos. Cada momento es lo que es, ni más ni menos. Si miro el todo de una vez, sin dividir el momento, todo es lo que hay. Plenamente.

Si miro el todo ¿qué puede haber fuera?

Lo demás es fragmentar la vida con la mente. Vivir trocitos de vida desconectados unos de otros. Que gran locura pensarlo así.

Para vivir la carencia he de mirar cada elemento. Sólo así podré rechazar unos y echar en falta otros.

Para vivir la plenitud he de mirar el todo.

¿Qué me susurras ahora mirada? ¡¡ES LO MISMO EN EL AMOR!!

Para vivir el amor personal, he de mirar a todos. Sólo así puedo rechazar a unos y echar en falta a otros

Para vivir el amor incondicional he de amar el todo.

Que gran dicha verlo así.

¡Ay mirada! Tu luz me inunda de amor.

¡Feliz, pleno AHORA!

Etiquetado , , , , , , ,

EL PRESENTE Y EL AHORA

-¿Dónde está el presente?
-Aquí
-¿Dónde?
-¡Ay! ¡Se fue!

chiste de la Mirada Secreta

Desde hace un tiempo, el presente se ha puesto de moda.

Cuando hablamos de vivir en el presente o que sólo podemos vivir plenamente si vivimos en el presente, todos los que nos consideramos personas algo profundas, asentímos seriamente. Vivir en el presente…

me pregunto si podemos vivir en otro sitio que no sea el presente…

Los más radicales de entre nosotros desechan con toda su voluntad, pararse a recordar o a proyectar en el futuro: -¡Hay que aprovechar el momento presente!- dicen. Y quizás lo que quieren decir es que debemos poner toda nuestra atención en lo que está sucediendo “aquí y ahora”. Así que parecería que, dentro de este círculo, unos creen que deben vivir en el presente (que recordar o hacer planes también vale) y otros que deben vivir el presente. Pero en ambos casos, ese pequeño yo inventado está haciendo de las suyas: creencias y más creencias…

La mirada secreta ronda, ronda desde hace ya un tiempo. No está tranquila. Percibe que algo se está escapando. Algo trascendental…

Vale. Obediente, empieza la investigación. Vivir en el presente…¿qué es esto del presente? Parece que llamamos “presente” a una franja de tiempo que se dá entre el pasado y el futuro. Pero ¿cuán amplia ha de ser la franja? ¿a qué presente nos estamos refiriendo?. El presente para unos puede ser este segundo y para otros puede ser este ratito, o esta época de la vida. Sea como sea que lo entendamos, este presente tan famoso parece estar relacionado con el tiempo.

El tiempo… si no existiera ni el pasado ni el futuro, ¿podríamos saber que es el presente? Este presente temporal existe en relación a sus compañeros, no existe por sí mismo. Y cuando hablamos de ubicarnos en el presente, seguimos en el tiempo, en el pequeño yo que creemos ser, en la mente que percibe lo que acontece. Este presente del que tanto hablamos y al que no podemos atrapar a menos de que lo estiremos, es lo que está pasando en la vida, es la escena actual del teatro de la vida. Y la vida, una sucesión de presentes, una sucesión de escenas.

Pero ¿no intuís que hay más?

De pronto, la mirada secreta me regala la imagen de la pelota de baloncesto rodando velozmente sobre la punta de un dedo… La pelota moviéndose con rapidez, pero sin ir a ninguna parte… girando sobre su propio eje y completamente aposentada en un sólo punto… un sólo punto inmóvil, quieto… Un punto que sostiene todo el movimiento de la pelota y la pelota en sí…

Y entonces surge la imagen de una personita moviéndose a su vez por la pelota convertida en un planeta… cambiándo de sitios -el sitio de ayer, el de hoy, el de mañana-. Y me pongo a componer un dibujo que lo pueda explicar mejor:

Tiempo y espacio moviendose en su realidad relativa, sostenidos en un sólo punto de quietud permanente.

Escenas que acontecen, una tras otra, en un único escenario inmóvil…

…la mirada secreta va posando sus granitos de intuición en el silencio de esta mente, el corazón late deprisa, la alegría de un nuevo descubrimiento…

Y aunque el diccionario de la RAE define como sinónimos las palabras “presente” y “ahora”, dejádme que más allá de los problemas lingüísticos, a este punto le llamemos “EL AHORA”

El Ahora, del que surgen todos los presentes, que sostiene todos los presentes y todos sus contenidos, incluida esta pequeña persona…

El punto. El Ahora. Donde no hay movimiento, no hay tiempo, no hay espacio. El Ahora, eterno, porque es sin tiempo, es el escenario inmutable en el que van sucediendo los diversos presentes, o ningún presente. El ahora pertenece a una nueva dimensión. Y la mirada secreta me dice que es una puerta a la verdad, a la eternidad.

Y ¿qué pasa con la persona? ¿donde se coloca? La persona ¿es un acontecer en el Ahora o es el Ahora en sí? La mirada secreta me susurra que la persona es un acontecer en el ahora, porque todo lo que existe está sujeto al tiempo y a la relatividad: existe porque un día no existió y porque un día dejará de existir, ubicado en el movimiento del tiempo y del espacio. E

igual que puedo estar atendiendo lo que está ocurriendo en esta escena (presente), puedo ir más atrás, incluyendo a esta persona en la escena y darme cuenta de que soy ese escenario que todo lo contiene…

El tiempo, la mente y el ego ocurren en el presente…

si no hay tiempo, no hay ni mente ni ego

si no hay mente, no hay ni tiempo ni ego

si no hay ego, no hay ni tiempo ni mente

Cuando no hay ni tiempo, ni mente ni ego, entonces ¿que queda?

Si podemos encontrar ese lugar imperturbable que no es afectado por nada, inmutable -porque no cambia-, pura quietud infinita y eterna…

si podemos encontrar ese punto del que nada ni nadie puede huir, pues es donde todas las manifestaciones de la vida acontecen, de donde surge y donde se apoya la dimensión de la vida que conoce nuestra mente…

si podemos encontrar el Ahora, nos daremos cuenta de su verdad infinita.

Vayámos más allá del presente, descubramos la verdad.

¡Feliz AHORA!

*foto de encabezamiento cedida por ikibcn.com

Etiquetado , , , , , , , , , ,

El gran creador, el gran alimento, la gran muerte

“Tú eres el que ve todo y siempre es libre. Tu única atadura es que te ves a ti mismo como si fueras otro distinto del que ve”

El sabio Astâvakra

De la Vida Una brotan infinitas formas -hojas, nubes, plumas, células, brisas, manos, piedras, ojos, minerales, luces, fríos, hambres, cuentos, tristezas, peces, estrellas, anhelos, flores,…-, cada una de ellas única y original, irrepetible. Todo lo que conocemos, dentro y fuera de este cuerpo son formas, expresiones de la Vida Una, que tal como se forman (nacen), se desarrollan (crecen) y se diluyen en nuevas formas (mueren)…

Hasta aquí podríamos estar todos de acuerdo.

Más ¿qué pasa si algo que parece tan obvio lo miramos con mirada nueva? Dejemos que la mirada secreta nos acompañe un ratito…

El otro día me di cuenta de que todo lo que es expresión de la vida, todas las formas de vida, necesitan ser creadas y luego alimentadas para su sustento. Creación y alimento.

Me di cuenta de que la creación de las formas surge siempre de la disolución de otras formas anteriores. La muerte de la vieja forma es el alimento creador de la forma nueva: las hojas brotan de las yemas que mueren al convertirse en hojas. La tierra se fertiliza con las hojas que caen al final de su ciclo. De la tierra brotan las semillas que fueron depositadas por pájaros que volaban en un cielo que, de no existir, no podría sostenerlos… Es infinito lo que podríamos descubrir en esta interminable red de relaciones a la que llamamos vida.

Así que creación/alimento/muerte son inseparables, se confunden entre ellas según desde donde mires la cadena. Puedes ver primero la muerte, después el alimento y después la creación. O puedes ver el alimento, después la creación y después la muerte. O puedes ver la creación, después la muerte y después el alimento. Y así podríamos seguir, permutando los tres y siempre sería cierto…

Ese fue el primer paso del gran descubrimiento. Pero la mirada secreta no se conformó con lo visto hasta entonces. Se giró traviesa hacia mi mente y le preguntó: ¿y qué relación tienes tú-que-te-das-cuenta con la red de la vida (creación/alimento/muerte)? Yo no comprendí la pregunta.

Al principio pensé que yo también era una forma y que por lo tanto formaba parte de la red de la vida. Pero la mirada secreta se puso a reír, ligera como los cascabeles de los renos de Papá Noel.

“Claro. Te piensas forma -me susurró- pero ¿acaso no hay en ti algo que se da cuenta de esta forma a la que llamas “yo”? ¿Acaso no hay un”yo” dándose cuenta de este otro”yo” que tiene nombre y apellidos?”

Entonces vi claro.

La forma “yo” pertenece a la red de la vida. Pero hay otra fuerza, otra fuerza que está siendo testigo de todo, incluido este “yo” al que observa y conoce: AQUELLO QUE SE DA CUENTA.

Aquello que se da cuenta, que no puedo nombrar como un “quien” porque no tiene forma alguna. Aquello que se da cuenta que la persona tiene hambre, que se da cuenta que hay nubes en el cielo, que se da cuenta que está pensando, que se da cuenta que enjuicia todo y a todos, que se da cuenta que pone nombres a las formas…

Aquello que se da cuenta…

Entonces la mirada secreta, con una gran sonrisa, preguntó de nuevo a aquello que se da cuenta qué relación tiene con la red de la vida muerte/creación/alimento…

Y para mi sorpresa, vi con pasmosa claridad que ¡¡¡no tenía ninguna relación con la red de la vida!!!

Aquello que se da cuenta está más allá de la red de la vida

Aquello que se da cuenta observa la red de la vida…

Y¿creéis que la mirada secreta tuvo suficiente con esto? Los que ya la conocéis sabéis que no. Aún no habíamos llegado donde ella quería. Así que, en un estado de alegría saltarina, preguntó de nuevo:

¿Y qué pasa cuando aquello que se da cuenta no está observando la red de la vida?

¡Dios mío! ¡Es tan impresionante! ¿Lo podéis ver?

Cuando aquello que se da cuenta no está observando la red de la vida, ¡la vida deja de existir!

¿Acaso no nos sucede cada vez que aquello que se da cuenta observa sólo los pensamientos? ¿No desaparece entonces la vida?

La mirada secreta me mostró que Aquello que se da cuenta es el gran creador, el gran alimento y la gran muerte de la vida. Inafectado, es la luz de la conciencia que crea las formas y que al retirarse, hace desaparecer las formas.

Y en un acto de infinita amorosidad, la mirada secreta me hizo el más gran regalo recibido jamás. Me descubrió que Aquello que se da cuenta, Eso soy yo. Y Eso es inseparable de la Vida una…

¡Feliz Ahora!

 

Etiquetado , , , , , , , , , , ,

La ilusión de la autoestima

“Cuando nos encontramos en la dirección correcta, lo único que debemos hacer es seguir caminando”

Proverbio budista

 

 

 

 

El otro día, en una reunión periódica de investigación directa sobre la verdad de los aspectos psicológicos, irrumpió la mirada secreta como una espada, como un rayo que cortó el aliento de más de uno.

Y como siempre, surgió en el momento más inesperado y todavía resuena lo descubierto, y todavía va aclarándose más y más, va haciéndose más nítido y más sorprendente lo vislumbrado…

Estábamos investigando en grupo sobre el yo psicológico, también llamado “ego”.

El ego es quien creo ser, la idea que tengo de mi.

Entre otras cosas, mirábamos como este “yo” anda siempre tratando de recibir la atención -mejor si es positiva- de los demás en forma de valoración, luchando por tener la razón, por ser respetado, por conseguir alguna muestra de amor, etc. Nos dimos cuenta de la cantidad de energía y tiempo que consumimos con este único propósito. Y, como suele suceder,

del propio darnos cuenta surgieron las preguntas que abrirían un nuevo paso en ese ir caminando por amor a la verdad

¿Cómo es que este “yo” necesita la constante aprobación y amor de los demás o, en el peor de los casos, conseguir por lo menos su atención, aunque sea a base de peleas o discusiones?

Algunos podríamos de inmediato ponernos a discutir sobre la validez de la propia pregunta: “Este no es mi caso. Yo no hago nada para conseguir la atención de los demás, ni la necesito”. Pero si somos honestos, nos daremos cuenta de qué si que nos pasa. Nos pasa a todos como, por ejemplo, cada vez que queremos imponer nuestra opinión, cada vez que buscamos que nos den la razón, cada vez que explicamos nuestras historias sobre lo que nos han hecho otros -tanto si nos colocamos en un lugar de víctima, como si explicamos como nos quieren o aprueban los otros-, cada vez que explicamos lo bien o lo fatal que hemos hecho algo, cada vez que juzgamos (a hermanos, padres, pareja, hijos, amigos, políticos, a la sociedad o al mundo…), cada vez que mostramos expresamente lo buenos que somos, lo valientes, lo tiernos, lo iluminados, lo malos, lo cobardes, lo poco amorosos, lo pasotas… que somos.

¿Por qué lo hacemos? ¿Qué buscamos con ello?

Ese día, mirando esta vez sin juzgarnos, vimos con claridad que

buscamos la atención de los demás porque así nos sentimos “alguien”.

Es como si la atención de los demás sobre nosotros nos permitiera vernos a nosotros mismos…

Y seguimos investigando. Entonces vimos que esa atención la buscábamos sobre todo en forma de amor.

Buscamos sentirnos apreciados, admirados, queridos. Sobre todo.

Así que por ahora veíamos que la atención de los demás, cuando más nos sirve y cuando más nos “engancha” es cuando nos ayuda a sentirnos “alguien querido“.

…Alguien…

querido…

Pero ¿por qué?

¿Por qué necesitamos que sean los demás que atestigüen que “yo” soy “alguien” y todavía mejor, “alguien querido”?

El aire de la sala se estaba electrizando. El corazón latía rápido. La alegría de un nuevo mirar hacía sonreír al silencio profundo…

Seguimos caminando juntos. Seguimos mirando. Y vimos que necesitamos ser “alguien” para los demás porque así nos “alguien” nosotros mismos. Y vimos que necesitamos sentirnos “queridos” por los demás para querernos a nosotros mismos…

Mmmmmmmm. Vale. Pero entonces, ¿por qué necesitamos ser alguien? ¿por qué necesitamos querernos? ¿acaso no somos YA alguien que se ama a sí mismo?

La mirada secreta estaba rondando, esperando un agujerito bien limpio en las nubes mentales para traspasar con toda su fuerza. Y lo encontró.

Una mirada inocente dijo sin pensar, como si cualquier cosa:

“Necesitamos ser alguien y querernos porque no nos creemos”.

¡Sí! ¡Claro! ¡Eso es!

Si esto que llamo “yo” es una idea, una creencia, ¡no tengo realidad propia! Solo soy un cúmulo de historias y recuerdos, de células en continuo cambio, un lote de atributos nacidos de la comparación constante. Este “yo” que creo ser, es un mero espejismo. Y por eso ando tan afanosamente buscando que alguien me diga que soy real…

¿Puedo amar ese cúmulo de ideas/recuerdos/creencias que llamo “yo”? ¿Acaso no hay una sensación de “yo” mucho mas profunda en mi que nada tiene que ver con esa amalgama mental? No puedo amar lo que vivo superficialmente como “yo”, un “yo” que me gusta más o menos, con el que convivo mejor si los demás lo aprecian, un “yo” tan cambiante como el tiempo…

No puedo amar el yo psicológico porque no es real, es sólo una proyección. Por eso busco desesperadamente que sean los otros, los que me permitan “amarme”…

Y entonces, todo este tema tan de moda de la autoestima, ¿dónde queda? Queda en nada.

La autoestima es una ilusión de la ignorancia, de no saber quien soy.

Descubramos que no somos ese personaje poliédrico que da tanto trabajo a psicólogos y terapeutas ;)

Descubramos que los demás tampoco son esos personajes pensados por nosotros.

Descubramos que la verdad está más allá de cualquier pensamiento,

y que el amor está más allá de cualquier objeto.

El otro día, la mirada secreta surgió como un rayo. Los corazones y las mentes vacíos de verdad, vacíos de respuestas. Los ojos silenciosos y muy abiertos. Caminando. Puro agradecimiento.

¡Feliz Ahora!

dedicado a todos los que andan caminando…

Etiquetado , , , , , , , , ,

La luz de la conciencia

Cuando miramos sin pensamiento alguno, vemos por primera vez. La mirada secreta


 

Se abre el telón. Todo está oscuro. Y en un instante se enciende un foco de luz potente que ilumina en redondez una parte del escenario, justo en el lugar en que se haya erguido el protagonista. Este empieza a recitar un monólogo y todo el público rompe a reír. Se apaga el foco, para volver a encenderse al cabo de pocos segundos, dirigiendo la luz a otra parte del escenario. Esta vez hay una mujer que también se pone a explicar una historia, una historia triste y angustiosa. El público calla con el corazón apretado, lleno de pena y compasión. Mientras, allí donde se erguía el monologuista cómico, personas vestidas de negro están cambiando el decorado. Pero nadie les ve. El foco de luz guía implacablemente la atención del público allí donde se enfoca. Lo que queda fuera del radio del foco de luz, nadie del público lo percibe, no existe para ellos… Finalmente, el mismo foco se amplia, extendiendo su radio de luz hasta iluminar por entero el escenario. Ahora, el público ve a la mujer triste, al hombre cómico, los muebles y otros objetos del decorado, lo ve todo de una sola mirada y comprende la escena en su totalidad.

El foco de luz tiene unas características muy versátiles: se puede dirigir a discreción y se puede estrechar para iluminar un sólo punto, o se puede ampliar hasta iluminar todo.

Nosotros también tenemos un foco de luz y allí donde lo dirigimos crea nuestra realidad vivencial. Lo que queda fuera de nuestro foco de luz, no existe para nosotros. Esta luz es lo que hace que nos demos cuenta de la existencia de aquello que ilumina. Podríamos decir que

esta luz es nuestra conciencia y el foco, nuestra atención.

Cuando miramos a través de nuestra mente, nuestros pensamientos, deseos y creencias estrechan el foco de luz, limitándolo a lo que pensamos sobre lo que vemos. Así que

desde nuestra mente es muy difícil ver las cosas como son porque la idea que tenemos sobre ellas distorsiona la observación.

Cuando miramos desde la mente, la conciencia se hace muy estrecha, dejándo fuera una visión global -como en el escenario de teatro- y aquello que enfocamos desde la mente cobra mucha más relevancia de la que en realidad tiene. El otro día lo hablabamos con algunas personas y vimos como de noche, aún es más evidente: el foco de luz se posa sobre un pensamiento que está pidiendo toda nuestra atención y al verlo desde la mente, se hace enorme a nuestra conciencia, muy muy importante. No hay ninguna distracción de noche que pueda llamar la atención sobre sí por lo que el foco se queda iluminando ese pensamiento, mientras el resto de la realidad se mantiene a oscuras. Y cuando llega la mañana, con la llegada de otros estímulos que reclaman nuestra atención, aquel pensamiento que nos parecía tan importante ya no lo es tanto.

Muchos de nosotros hemos aprendido a mover el foco de luz, la atención, a nuestra discreción. No luchamos contra los pensamientos que nos hacen sufrir, sino que retiramos la luz de ese pensamiento para colocarlo en otro sitio, quizá en un libro, o en la contemplación de las estrellas o incluso en un recuerdo feliz. Y eso es bueno, porque

el sufrimiento causado por los pensamientos es siempre gratuito.

Así andaba el otro día, cambiando la dirección del foco, cuando súbitamente la mirada secreta me mostró dos descubrimientos maravillosos…

El primer descubrimiento me hizo ver que muchas veces observaba las cosas desde otro sitio que no era la mente. Cuando observo la vida desde otro lugar que no es la mente, la conciencia de ello, el “darme cuenta” es espontáneo, fresco, directo, sorprendente. Puedo colocar el foco de luz sobre un objeto que he visto miles de veces, y verlo entonces por primera vez, realmente por primera vez. Porque

cuando miramos sin pensamiento alguno, vemos por primera vez

La mente no nos permite ver de verdad. Lo único que vemos cuando miramos a través del filtro de nuestra mente, es lo que la propia mente espera ver: es una proyección de nuestra idea sobre aquello que estamos observando. Y al estrechar tanto el haz de luz, convierte esa simple proyección en una realidad absoluta, cuando es sólo un puro espejismo, un espejismo que encaja con nuestras viejas creencias. Eso es lo que nos mantiene dormidos, creyendo que lo sabemos todo, cuando la realidad nos muestra que todo es nuevo a cada instante y que no hay nada ni nadie que no esté naciendo y muriendo segundo a segundo…

El segundo descubrimiento de la bella mirada secreta es que no sólo puedo cambiar de lugar el foco de luz y mirar desde más allá de la mente, en el más cristalino silencio, sino que también puedo ampliar el foco de luz, abrirlo más y más y más y más, en una perspectiva cada vez más amplia y totalizadora. Como si pudieramos mirar aquello que nos preocupa o aquello que tanto deseamos o aquello que amamos o lo que no soportamos desde una altura tan elevada como pueda ser la visión del planeta desde un cohete. ¿Te imaginas cómo valoraríamos entonces las cosas? Cambiaría mucho la importancia que le damos a tantas historias nuestras… Cambiaría mucho la importancia que le damos a nuestra propia persona… La luz de la conciencia, sin límites, observando la vida y maravillándose a cada momento. No es ciencia ficción. Todos tenemos un foco de luz, movible y que puede abrirse hasta el infinito…

De descubrimiento en descubrimiento. De pequeño milagro en pequeño milagro. Puro agradecimiento.

¡Feliz Ahora!

 

Etiquetado , , , , , , , , ,

Miro y siento amor

La mirada es el lenguaje del corazón. William Shakespeare
“La mirada es el lenguaje del corazón” William Shakespeare

Salgo sin hacer ruido hacia la playa que espera el nacimiento de un nuevo día y solo llegar allí me inunda, como Juan diría, la música callada, la soledad sonora

y siento amor

Miro el cielo azul, límpido, coronando el planeta en un manto de inmensidad eterna

y siento amor

Miro el mar fuerte, grande, transparente, útero generador de vida

y siento amor

Miro el viento que levanta la arena en mil dibujos creativos y veo a un grupo de jóvenes que aún no han dormido, persiguiendo el pareo de la más bonita de ellos, ofrendando su deleite al viento

y siento amor

Miro las huellas de pies y patas en la arena y las olas diluyéndolas en la constante verdad de la impermanencia de las formas

y siento amor

Miro al señor de verde que anda recogiendo la basura que otros abandonaron en la arena y que me saluda los buenos días con una sonrisa blanca y radiante

y siento amor

Miro el sol que se levanta regalando un nuevo día a quien le anda mirando y a quien duerme todavía

y siento amor

Miro la cadera dolorida tratando de sostener el cuerpo entero y realizando su función con una fidelidad conmovedora

y siento amor

Miro uno que corre y se esfuerza por retener, ni que sea un dia más, la juventud que anda alejándose, espejismo de belleza, y no se da cuenta que corriendo detrás de lo que se fué, va dejando de vivir su vida

y siento amor

Miro el padre jugando con el bebe en la orilla, entre risas y grititos de regocijo

y siento amor

Miro a la abuela que, decidida, camina con los pies mojados y el mechón rebelde ondeando y ella, coqueta, peinándolo

y siento amor

Miro a dos que se meten en el mar helado, tan grande es su comunión que ni el frío les ha frenado

y siento amor

Y miro ya de vuelta la carita de mi amado, a duras penas despierto

y siento amor

¡Que fácil es sentir amor cuando el ego está callado!

 

¡Gracias Mirada Secreta por mostrar a estos ojos aromas de la Verdad!

¡FELIZ AHORA!

dedicado a mi amado…

Etiquetado , , , , , , ,

La Mirada sobre la vida y la muerte

Despierta y mira. Acabas de nacer a un mundo nuevo

La Mirada Secreta

 

 

Esta mañana he salido a caminar por una playa que amanece solitaria y dulce a los primeros rayos de sol.

Las olas iban acariciando mis pies en su último viaje. Y en estas, me he pillado pensando que me daban un beso antes de morir -es muy fácil sentirse poeta a esas horas y al lado del mar…- Me he encontrado observando que la muerte de una ola iba inevitablemente seguida por la aparición de otra que también moriría –la Mirada Secreta siempre está preparada para tomar el mando cuando la mente queda silenciosa, a merced de sus riendas invisibles-.

He seguido “mirando”, sin pensar. Y entonces he visto que lo que yo llamaba “morir” era, en realidad, sólo un movimiento, un cambio de forma. Y que, de hecho, nada de lo que es la ola muere en sí . Sólo muere la forma que tenía. Y aún más: lo que permanece de la ola ya deshecha, sirve para formar la siguiente ola.

Investigando la muerte de la ola, tal como hace la Mirada -que solo mira con atención intensa y pasiva-, he recordado la ley física de conservación de la energía que dice: “la materia no se crea ni se destruye, sólo se transforma”. Movimiento. Movimiento eterno. ¡Eso es! ¡Eso es la Vida!

La vida es movimiento.

Nada que esté vivo está quieto. Y los seres humanos llamamos muerte a lo que, aparentemente, está quieto… Sin embargo, ¿de dónde sale el movimiento sino de la Quietud?

La Mirada me enseña que lo que realmente muere es la forma que ha adoptado la vida, pero no la Vida. Y que la muerte no es lo contrapuesto a la vida, sino que es parte de la vida, esencial para su conservación.

Muere la forma y surge otra, en un devenir eterno.

Muere una ola y surge otra. El mar permanece. El mar es la esencia de la ola. La esencia es eterna. Y es lo que permite nuevas formas.

Entonces me he dado cuenta de nuevo, que no había una sóla ola que fuera idéntica a la anterior. Millones de millones de olas y todas diferentes…

Y el sonido. He abierto los oídos tratando de escuchar con mucha atención el ruido de las olas. Y tampoco habían dos olas que al deshacerse en la orilla sonaran igual.

Entonces me he sentado en la arena. He cogido un puñadito en mi mano. Y he mirado atentamente cada grano. Y ¿sabes qué? No había un granito igual a otro. Todos eran diferentes.

He levantado la mirada al cielo. Había nubes. Todas eran diferentes.

He recordado otras veces en que había mirado plenamente las hojas de un árbol, los pétalos de una flor. Siempre, cada forma es diferente a otra. No hay dos formas iguales. La fuerza de la creación escapa a la capacidad de mi mente mecánica, pero no escapa a la Mirada Secreta.

Así que, con los rayitos de un San Juan que ya asoma, la Mirada me ha llenado de alegría nueva, de gratitud nueva, de asombro nuevo, cuando ha puesto ante mis ojos atónitos la verdad de la vida y de la muerte…

La vida es movimiento y es nueva a cada instante. Jamás repite

La muerte es la transformación de la forma.

Sin palabras. Buena señal :)

Feliz Ahora Siempre Nuevo!!!

 

Etiquetado , , , , , , ,

Atisbos de libertad

La libertad significa responsabilidad; por eso, la mayoría de los hombres le tiene tanto miedo.

George Bernard Shaw





El otro día me encontré con un señora de aspecto extraño que lloraba ruidosamente en mitad de la calle.

Las personas que por allí pasaban hacían el ver que no la veían, la ignoraban y cuando la adelantaban, entonces se giraban para observarla sin tapujos. Probablemente actuaban así porque tenían miedo.

A mi me cogió por sorpresa, no tuve tiempo de pensar y por eso, mi conducta fue espontánea: “Buenos días señora. ¿Le pasa algo?”

La mujer me explicó entre hipidos, que había perdido el dinero para el billete de autobús que le llevaría de nuevo a su pueblo. Me explicó muchas cosas, algunas difíciles de creer. Le propuse acompañarla a la policia, pero me aseguró que ya había estado y le habían dicho que no la podían ayudar. Entonces le pregunté si había algo en que yo la pudiera ayudar.

– Necesito 10 euros para el billete de autobús- me dijo y seguidamente me siguió dando argumentos y explicaciones.

Mientras ella hablaba, pude observar como mi reacción aprendida era valorar todos los datos que la señora me iba dando con un único objetivo: ver si me engañaba. Pensaba que esta era mi responsabilidad.

Si veía que el argumento de la señora podía ser cierto, entonces le daría los 10 euros y me iría de allí sintiendo que había realizado la buena acción del día. Pero si decidía que la señora me estaba mintiendo, entonces lógicamente no le daría los 10 euros, -no me iba a dejar estafar-. En este caso también me iría de allí con la satisfacción de la dignidad preservada…

Esta sería la respuesta más habitual en la mayoría de personas. Pero si nos paramos a mirar, veremos muchas cosas. Veremos que el deseo de ayuda que me impele a pararme delante de la señora y preguntarle lo que le pasa, no es más que una colocación egocentrada en la que me voy a erigir como juez y voy a declarar a la persona culpable de mentir o inocente. Y lo voy a hacer según mis impresiones. Sin tener ni idea de si realmente la señora necesita los 10 euros para el autobús, o para cualquier otra cosa. De lo único que voy a responsabilizarme es de salir de este suceso con el “ego bien alto”, habiendo actuado excelentemente en cualquier caso. Un gran juez.

Pero ser responsable no es lo mismo que ser responsable de lo que el otro hace. La palabra “responsabilidad” quiere decir en sus orígenes, “responder bien”. Y nosotros sólo podemos responder bien a lo que está en nuestras manos y no a lo que está en manos del otro.

Y eso fue lo que la mirada secreta me hizo ver, de golpe, inesperadamente -como a ella le gusta-: no era responsabilidad mía el que la señora estuviera mintiendo o no -de hecho solemos funcionar así muy a menudo, responsabilizandonos de lo que hacen los demás-. Lo único que me concernía realmente era ver si yo le quería dar los 10 euros o no se los quería dar, independientemente de lo demás. Esa era mi única responsabilidad. Y al verlo tan claro, la asumí completamente. Decidí sobre lo que estaba en mis manos. Y así lo hice. En ese mismo momento me di cuenta de que

cuando asumo plenamente mi persona (mis actos, mis pensamientos y mis emociones) como la única responsabilidad que tengo, entonces soy libre

Quizás las personas que me encuentre mientan, pero eso no me afecta. Porque yo decido en base a mi mismo, independientemente de lo que hagan los demás.

Sé que muchos de los que leáis esto no lo vais a compartir. Eso sucede porque nos movemos estratégicamente: según el movimiento que haces con tu ficha muevo yo la mía. Como si la vida fuera una partida de ajedrez. Y actuamos así por miedo, por la necesidad que tenemos de ganar -o de no perder-. Nos creemos que vamos a ser más o menos según nuestra situación con respecto al otro. Pero dime, ¿más o menos qué? ¿ganar o perder qué?

Cuando asumo mi única responsabilidad es cuando empiezo a comprender lo que es la libertad…

¡Feliz Ahora!

 

Etiquetado , ,

El maná del cielo

El sonido es la forma del silencio. El silencio es, antes del sonido.

El movimiento es la forma de la quietud. La quietud es, antes del movimiento.

La mirada secreta

 

Sigue lloviendo. El piar primaveral de los pajaritos ha cesado temporalmente, dejando paso al sonido del viento y de la lluvia sobre la tierra…

Tanto el viento como la lluvia son en sí silencio. El sonido aparece cuando contactan con algún objeto, un contacto de fricción, de choque… El sonido surge desde el silencio y desaparece en el silencio… Me gusta llamar al viento “el sonido del silencio”….

Y lo mismo ocurre con la conciencia que es quien experimenta todo lo vivido en mi. Es silencio hasta que contacta con algún objeto -una percepción sensorial, un pensamiento/emoción, una inspiración-. Me gusta llamar a la conciencia “el espacio silencioso”, el infinito espacio silencioso en el que aparecen y desaparecen las estrellas de lo vivido…

Cuando llueve, la tierra y con ella el corazón de los hombres, se cubre de un halo de expectación, se respira sin hacer ruido, se entra en quietud, se reposan las actividades, a la expectativa de algo que se intuye y no se sabe qué es. Si estamos bien abiertos, podemos llegar a sentir el movimiento de la creación de nueva vida…

Lo seres humanos, tan a menudo pensadores mecánicos, confundimos la quietud con la tristeza, con la muerte. En los días de lluvia, muchos sienten un peso melancólico en su pecho, incluso sienten aburrimiento… Realmente confundimos la quietud con la muerte figurada. Por eso no nos gusta estar quietos. Por eso andamos entretenidos en cualquier actividad, hasta la que reconocemos más tonta (un jueguecito del móvil, un mísero programa televisivo…) antes de quedarnos quietos. No queremos morir.

Pero ¿quién quiere moverse y hacer ruido incesantemente? ¿es acaso ese “espacio silencioso”? ¿es la conciencia que soy, quien se da cuenta, la que quiere moverse y hacer un ruido incesante? ¿o es mi mente agitada?

Si miramos bien, directamente, sin interpretar, veremos que quien se da cuenta en mi está siempre quieto, siempre silencioso, porque si no fuera así, no podría darse cuenta… Mientras que los pensamientos/emociones son los que no quieren quedarse quietos ni silenciarse. Porque realmente implicaría su muerte, su desaparición temporal. Por eso no quieren parar.

La mirada secreta ve con infinita compasión la confusión del hombre. E insta con cariño y tenacidad a que volvamos la vista hacia la naturaleza, limpia ésta de interpretaciones mentales y de miedos, para poder reaprender aquello que es urgente que aprendamos…

Es en la quietud y en el silencio en donde se gesta la nueva vida, la vida auténtica, espontánea, inspirada, sabia.

La tierra se aquieta y calla mientras la lluvia -el verdadero maná del cielo, su alimento esencial, su fuente de vida- la va empapando.

Cuando la mente se aquieta y calla, instalando la atención de uno en la conciencia, en el “espacio silencioso” en el que brotan para luego desaparecer todos y cada uno de los pensamientos/emociones, el verdadero maná del cielo, el alimento esencial del hombre, su fuente de vida, le va empapando.

Busca el silencio y la quietud, deja que ella te cubra con un dulce halo de expectación de aquello que intuyes y no sabes qué es…

¡Feliz Ahora!

P.D. La mirada secreta, siempre compasiva, dedica su inspiración de hoy a aquellos que sufren tratando de vencer el ego (el yo psicológico) con la razón…

Etiquetado , , , ,

La belleza en la mirada

“El único lugar en el que encontrarás la belleza, será en tu mirada”

La mirada secreta

 

Llevaba lloviendo varios días y aquella tarde, aprovechando que al cielo le apetecía descansar un rato, saqué mi cuerpo a pasear.

El camino discurría entre verdes intensos, marrones de auténtica tierra recién labrada y mi alma alborozada por el brote casi hiriente de la vida por doquier: las yemas en los árboles, los parterres silvestres alfombrados de florecitas, la hierba reventando los campos, el trino de mil pájaros tan alborozados como yo.

Había luz, a pesar de que las nubes tapaban el radiante sol que siempre, siempre está iluminando, aun cuando no lo vemos..

Y, como tenía que ser, para acompañar el ambiente festivo en el que andábamos los pájaros y yo, de súbito se coló por entre los nubarrones un transparente, cálido y único rayo de sol. Ahí ya poco me faltó para que me pusiera a bailar de tanto agradecimiento que sentía por estar viva.

Mi paso se hizo más ligero al calorcito del rayo. Nada miraba en concreto, más que paseando. Y de pronto me llamó la atención algo que brillaba como mil diamantes. Me agaché a mirar que era… Y cual fue mi sorpresa al ver que aquello que me había parecido la joya más preciosa era ¡una simple piedra!

Si. Si. Es la piedra de la foto…

La cogí con reverencia. Y la miré hipnotizada. Nunca había visto tantísimos reflejos diamantinos en una superficie tan pequeña. Era tan preciosa que enseguida la consideré un tesoro. Y cuando decidía seguir mi camino con la piedra en la mano, dejó de brillar… El rayo de sol había sido tapado por la capa de nubes. Y sin la luz del sol, la piedra ya no era más que una piedra. Sin la luz, había perdido su belleza. “Bueno – pensé- la llevaré a casa y la pondré en la ventana. Esperaré que otro rayo la ilumine y así la podré volver a gozar en todo su esplendor, e incluso la fotografiaré para alguna entrada futura en el blog” :)

Y me puse a fotografiarla. Una vez. Y otra. Pero no conseguía captar ni la centésima parte de su belleza. La movía un poco. Cambiaba el ángulo ¡Y nada!

A través de la lente de la cámara, todo el brillo se apagaba…

Y así andaba, tratando de captar con la cámara la belleza, cuando me golpeó de nuevo la mirada secreta

Y de ver una piedra pasé a ver a una persona, cualquier persona.

En mi comprensión entró un rayo de luz que me hizo darme cuenta de que todas las personas somos como piedras comunes: a simple vista no parecemos nada especial. Pero cuando la autenticidad nos ilumina, nos ponemos a brillar y nos convertimos en algo bello y luminoso:

una sonrisa desde el alma, un gesto compasivo, una alegría espontánea, una comprensión serena, un silencio generoso, una palabra justa, una acción desinteresada, un beso inesperado, un detalle anónimo, una caricia en la mirada, el perdón antes de la falta, la oportunidad ilimitada, el reconocimiento eternamente nuevo, el que no te deben nada, la libertad de ser quien somos, la mano que tiende y no reclama, el vivir libre de residuos, el dejar vivir sin cargas…

Estos y mil más son los reflejos de la luz enamorada de la autenticidad que somos en el fondo de nuestra alma. Para que la piedra brille sólo hay que lavarla y para que tus ojos vean la belleza de este alma, sácate las lentes mentales que empañan tu mirada.

En medio verso y todo. Lo que tiene la mirada secreta. Que a veces, juega a ser poeta…

Feliç

la limpia y dulce mirada de un poeta visual

Si queréis ver su obra: http://poesiavisual-alexmonfort.blogspot.com.es/

 

Etiquetado , ,
A %d blogueros les gusta esto: