La corriente del Amor

img_2652Quien no vive para servir, no sirve para vivir.

Madre Teresa de Calcuta

Ella andaba quejándose. Su suegro, viudo y solo, estaba enfermo de los pulmones y constantemente necesitaba ser llevado al hospital. La señora que habían contratado para que le cuidara la llamaba continuamente para preguntarle, para consultarle, para reclamar su presencia. Aunque estaba cansada de tanta dedicación, no podía dejar de cuidarle. Pero se quejaba. Se quejaba porque pensaba que su suegro tenía hijos que poco hacían por él. Incluso su esposo dejaba en sus manos el cuidado de su propio padre. A ella todo esto le parecía injusto. Las pocas veces que había reivindicado en voz alta un poco de ayuda, tanto su esposo como sus cuñados la miraban extrañados. ¡Tampoco es para tanto! le decían. Ella se rebelaba un poco, pero seguía yendo a cuidar al padre de su marido, a aquel hombre seco de pocas palabras, que no es que la hubiera tratado mal en todos estos años, sino que más bien no la había tratado de ninguna manera…
A veces se preguntaba por qué le seguía cuidando. Pensaba que quizás si ella dejara de cuidarle, su marido y cuñados se activarían. Solo una vez ella se plantó: a la llamada de la cuidadora, le dijo al esposo que ella no iba a ir a casa del suegro, a ver si así su marido actuaba. Le dijo que si quería, que fuera él. Para su enorme sorpresa, el marido levantó los hombros y contestó “¡Seguro que no es tan grave! ¡La cuidadora es una exagerada!” Y no fueron ni él ni ella. La pobre cuidadora llamó a una ambulancia que se hizo cargo del estado de ahogo del pobre hombre y se lo llevó al hospital. Allí, la cuidadora volvió a llamar a la nuera. Y esta vez, ella salió pitando hacia el hospital con el esposo detrás. Cuando llegaron y les dejaron verle, el hombre miró a su hijo, después a su nuera, sonrió y cerró los ojos para siempre.
Fue en ese preciso momento cuando ella comprendió. La sonrisa del hombre fue la luz que ella andaba buscando. Fue la sonrisa la que silenció su mente: ya no habían quejas ni juicios hacia nadie. Fue la sonrisa la que le mostró que su corazón -el corazón abierto de ella- había abierto el corazón de su suegro. Fue la sonrisa que le enseñó que ningún esfuerzo fue en vano. La sonrisa quizás pareciera de agradecimiento, pero en realidad era una sonrisa de confirmación. Ahora ella sabía por qué no había podido dejar de cuidarle: era lo que le salía de forma natural.

Así andamos. Unos nos quejamos de la ayuda que tenemos que prestar y otros la ofrecemos felices porque estamos “haciendo un voluntariado”. ¿Dónde está la diferencia sino en cómo miramos la situación? Si no podemos dejar de ayudar, quizás pensemos que es porque nos toca, porque nuestra “conciencia” nos obliga a hacerlo. Pero la realidad es otra. La mirada secreta lo muestra con tanta claridad que la mente se rinde:

Ayudamos a los demás porque esta es nuestra naturaleza.

Estamos hechos de Amor. Reconocerlo es vivir esa entrega desde la paz. El esfuerzo hacia los demás desaparece cuando uno se da cuenta de que amar, cuidar, ayudar, es lo natural, es el eterno dar y recibir que empieza en lo más básico, en la propia respiración. Esa corriente es el Amor, es la fuerza que nos une y nada deja desamparado. Durante mucho tiempo hemos creído que teníamos una “conciencia moral” que nos impelía a actuar “bien”. Y aquellos que no actuaban “bien”, es decir, con amor, no tenían “conciencia”. Pero no es un tema de moralidad sino de naturalidad. Nos necesitamos unos a otros. como la pierna derecha necesita de la izquierda. Nos necesitamos para caminar por la Vida, para vivir en la felicidad. Y es en ese necesitar en donde la fuerza del Amor se nos ha dado como un don natural. Si nos diéramos cuenta de ello, viviríamos todas las acciones de ayuda con la misma alegría que se hace un voluntariado porque caería la sensación mental de obligación. Aquellos que no actúan desde el amor son los que han perdido su propia naturaleza: el corazón está cerrado, la mente alborotada. No es esa nuestra condición natural.

Cuando estamos psicológicamente sanos o hemos trascendido lo psicológico, amamos.

Al fin y al cabo, si nuestro corazón está abierto y su apertura es más intensa que el ruido que hacen nuestros pensamientos, no vamos a poder hacer otra cosa que amar, por mucho que nos quejemos. Y esta es la prueba contundente de que vivir desde el Amor, cuidar a los demás y dejarse cuidar por ellos es lo natural.

No esperemos a que nadie nos sonría para ser quien verdaderamente somos:

somos pura fuerza de Amor.

Para ser no hace falta pensar. En ese Ser de verdad, la felicidad nos está esperando.

¡SÉ! y al Ser serás ¡FELIZ AHORA!

P.D. Dedicado a todos aquellos que aman, voluntarios del corazón, hombres y mujeres sanos. Hoy la mirada secreta me deja un rinconcito personal…: Inspirado por mi padre y dedicado a él.

Anuncios

Un pensamiento en “La corriente del Amor

  1. Susana Galán Blázquez dice:

    Precioso MIRADA, gracias! Este me ha llegado de una manera muy especial

    Un abrazo y gracias por cuidarme con tus mensajes

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: