Somos Uno

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“Este mandamiento nuevo os doy: que os améis los unos a los otros.  Así como yo os he amado, también vosotros debéis amaros unos a otros.”

Juan 13:34

Lo que le ocurre a la “gente” no nos suele importar mucho, mas allá de ser un impacto de corta duración, una anécdota que contar o una excusa para hacer crecer la importancia de uno mismo ( -yo esto nunca lo haría-,  -¡qué bárbaros!-, etc).

La “gente”. Que palabra más extraña. Viene definida por el diccionario como “pluralidad de personas” y pluralidad quiere decir “multitud”. Lo que llamamos “gente” es una masa de muchos, una masa informe en la que no hay individualidades, no hay personas concretas. Continuamente hablamos de la gente como si fuera algo ajeno a nosotros. Por eso, lo que le ocurre a “la gente” lo vivo muy diferentemente a lo que me ocurre a mi o a personas que yo conozco. Lo que le ocurre a las personas que conocemos si que nos afecta.

¿Por qué? Y la mirada secreta me insta a que investiguemos un poco. Me hace ver que

la afectación es mayor conforme es mayor el conocimiento que tenemos de los demás.

Por ejemplo, si durante un tiempo conviví con una familia de otro país, les conocí y llegué  a estimarlos, una noticia sobre ellos o incluso su país, me afectará de forma muy muy diferente que si no les conociera. Ya no son “gente” para mi. Son “personas”. Así que el grado de afectación por lo que le ocurre al otro depende del grado de conocimiento personal que tengo de él, y eso es así porque

el conocimiento del otro despierta en mí el amor hacia esa persona.

Nos es muy difícil amar aquello que creemos que no conocemos. Pero al conocer, puede ser que sintamos amor y al sentirlo, entonces ya no podemos obviar el dolor del otro o su alegría. Cuando amo, lo que le sucede al otro me impacta a mí, tiene que ver conmigo, no me puede ser ajeno. Y

cuanto más profundamente conocemos a alguien, más amor sentimos.

El amor es la conexión que me une al otro. Me une. Me hace sentir UNO con el otro.

El amor me moviliza por dentro y por fuera. Me coloca en un lugar diferente, un lugar del que brotan la generosidad, la compasión, la bondad, etc. Pero ¿qué pasa con todas los otros millones de personas que no conozco y por lo tanto no amo? Pues lo más probable es que sigan siendo “gente” para mí y, por ello, sigo estando colocado en ese estado de indiferencia…

Pero la mirada secreta sabe de la ceguera de la mente humana y me zarandea para que abra el ojo a la verdad, a la verdadera realidad, diciéndome

¿No te das cuenta de que CONOCES A  TODOS Y CADA UNO DE LOS SERES HUMANOS del planeta?

No conoces sus nombres, su idioma, su historia, sus gustos. Pero conoces sus anhelos, porque sus anhelos son los tuyos. No es que sean iguales que los tuyos, sino que son exactamente los tuyos: el anhelo de paz, de amor, de libertad, de felicidad.

Conoces sus sentimientos, porque sus sentimientos son exactamente los tuyos: su alegría es exacta a tu alegría, su tristeza es tu tristeza, la misma. Igual que su miedo, su tranquilidad, su desesperación, su afecto, su cariño, su odio, su bondad.

Conoces sus preguntas más profundas, porque sus preguntas son las tuyas: ¿quién soy? ¿Por qué he nacido? ¿Qué hay detrás de la muerte?

Conoces al otro en su humanidad porque es tu humanidad.

Lo que te diferencia del otro es circunstancial,

el ser humano que es cada uno de los millones de personas que hasta ahora has vivido como “gente”, eres tú.

Así de profundamente les conoces. Tan profundamente como te conoces a ti. Date cuenta de ello. Urge que te des cuenta. Porque cuando te des cuenta, ningún ser humano te será indiferente porque a todos conocerás tanto como te conoces a ti mismo. Y es así como amarás a todos. Este es el “como” de Jesús. Si. Somos Uno.

¡Feliz ahora!

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3 pensamientos en “Somos Uno

  1. Antonio dice:

    Maria…
    En el desvelamiento del ser que somos no hay diferencias de nivel en los planos, en el sentido de uno mas alto que otro. Si fuera así seguiríamos en la dualidad del blanco y el negro, de lo mas espiritual y lo menos espiritual, de lo mejor y lo peor…
    Todos estamos en el mismo proceso (tu y yo también)… Sin necesidad de un deseo de saber y nada que transmitir… Solo “VER”. María y ese proceso si que es directo, en cualquier ahora y desde cualquier nivel, entre comillas, de los que tu me cuentas.
    No hay camino, ni conquista. ni alto ni bajo..ni uno ni dos… Solo un “darnos cuenta para comprender”
    Gracias a ti, también desde ese mismo entendimiento que compartimos

  2. Maria A. dice:

    El mensaje amoroso De Jesús no cala del todo, tal y como se constata en las guerrasy genocidios de la humanidad.¿Por qué en el ser humano existe estructuralmente la violencia?
    Por qué predominan a escala mundial los conflictos ?
    Podría la mirada secreta escribir un blog en torno a este tema?
    Gracias de corazón.

  3. Maria A. dice:

    Siento lo que es amar al que no se conoce.Aunque lo importante sería realizar actos desinteresados por el que no se conoce.

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