El silencio de mí

imageEn el silencio del yo cabe lo que tenga a bien la Verdad

La mirada secreta

Queremos convertirnos en maravillosos seres humanos y para eso queremos un cuerpo hermoso y una personalidad digna de admiración. La pregunta es ¿por qué? Pues por lógica diría que no nos creemos maravillosos. Y, como los niños, me surge otra vez ¿por qué? ¿Por qué no nos creemos maravillosos?

El otro día en un programa de televisión vi las imágenes de las actrices que, en los años 80 eran consideradas las más bellas. La mayoría casi no tenían pechos y sus piernas, hoy en día, se hubieran considerado gordas. Y fueron ¡chicas Bond! Queremos un cuerpo hermoso sin darnos cuenta que, por un lado, no sabemos lo que es la Belleza y por el otro, esa “hermosura” que buscamos es fruto de una moda pasajera, de un condicionamiento. Creemos que estamos decidiendo desde la libertad y no nos damos cuenta que nuestras mentes están programadas, y que en nuestros deseos y acciones no hay libertad ni verdad. Y seremos capaces hasta de pasar por el quirófano si es necesario, para conseguirlo.

Y respecto a la personalidad pasa lo mismo que con el cuerpo. Hace unas décadas, una personalidad admirable estaba ligada a parámetros de obediencia, perseverancia, lealtad, humildad y paciencia. Ahora la personalidad estrella es la que demuestra independencia, inconformismo, rapidez, seguridad, ambición. De nuevo, modas que no contienen verdad precisamente por su superficialidad pasajera. Y de nuevo, somos capaces hasta de ponernos en manos de los terapeutas para “arreglar” nuestra personalidad.

¿Por qué queremos ser de otra manera?

Hace un tiempo, le hice esta pregunta a la mirada secreta y ella me contestó con otra pregunta:

¿querrías cambiar tu cuerpo o tu personalidad si estuvieras en una isla desierta?…

¡Ah, la mirada! Esta pregunta me hizo ver muchas cosas. Vi con claridad que

quiero cambiar para que los demás me vean de otra manera.

No quiero cambiar por mi. Eso que dicen que la operación o la terapia enfocadas al cambio se hacen con el objetivo de aumentar la autoestima… Uff. Ese tipo de autoestima de auto no tiene nada más que vernos valorados en los ojos de los demás. Así que lo que estamos buscando realmente es que los demás cambien su mirada respecto a nosotros. Y lo buscamos tratando de cambiar nuestra apariencia, tanto física como comportamental. Creemos que si lo conseguimos, nos querrán más. Y quizás sea así. Pero ese amor que hemos conseguido, ¿a qué va dirigido? ¿a nosotros o a la nueva apariencia? Y si vemos que va dirigido a la nueva apariencia, ese amor ¿nos llenará?

No hace falta ir a una isla desierta para comprobar que lo que nos preocupa es como los demás nos ven. ¿Cómo estoy conmigo cuando estoy en soledad? ¿Me preocupo de cómo me ha quedado el pelo hoy o de que me he levantado de mal humor? ¿Me preocupo por mi inseguridad o por tener la nariz un poco grande? ¿Qué hago con mi pelo, mi nariz, mi mal humor o mi inseguridad cuando estoy en soledad? Pues lo más probable es que no haga nada, que ni siquiera “me piense” y me dedique a ser simplemente quien soy sin proponermelo, sin esfuerzo. Libre de mi yo pensado.

Alguien diría que hemos de ser así y así y asá porque vivimos en sociedad. Lo que mi querida mirada secreta me enseña es que yo no soy de ninguna manera, que

cualquier definición viene por comparación,

y que

todos somos recipientes de vida y que la forma del recipiente no importa.

Muchos líos y sufrimientos vienen de creerme que soy de una forma concreta y quererla cambiar. La paz interior que anhelo y que busco en el reflejo de la mirada ajena, no me la va a dar la valoración que los demás hagan de mí, ni siquiera una “buena” valoración propia, sino el silencio de mí. En el silencio de mí, nada quiero cambiar porque al no pensarme, nada juzgo de mí.

En el silencio de mí encuentro la paz y se abre el espacio para que el Amor pueda brotar desde el centro y pueda llegar el día en que también deje de pensar en los demás y de juzgarles…

De hecho, la mirada secreta escribe cuando hay el silencio de mí. Aquí encuentra este yo desocupado y puede utilizarlo.

El yo poco ha mejorado estos años, pero al estar vacío de mí, la mirada secreta lo ha tocado. Y ¡ay, amigos! Cuando es la mirada la que toca, ¡que bella es la melodía, que plenitud sin fronteras! ¿Será Aquí donde vive la Belleza, la Libertad y el Amor?

¡Feliz Ahora!

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4 pensamientos en “El silencio de mí

  1. Sara dice:

    Si, seguro que si….😘

  2. Antonio dice:

    Incluso el ser recipientes es una construcción mental….La expansión de la conciencia no conoce de oquedades, ni paredes, ni espacio, ni tiempo…Lo que somos ya Es.Solo se requiere que lo que creemos ser se silencie y quede reducido a la operatividad del tiempo..y que nuestra esencia, como aquella figura de sal que se fue diluyendo según se sumergía en el mar, si diluya, tambien, hasta descubrirse siendo una con el océano de la Conciencia

  3. Gracias, me gusta el profundo comentario de La mirada secreta, es verdad no acabamos de darnos cuenta de que somos recipiente y el contenido es grandioso, cuando se rompa el recipiente SEREMOS.

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