Del merecimiento a la gratitud

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“Todo acabará bien”

Juliana de Norwich

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El otro día una excelente cocinera explicaba que no soporta que la halaguen por sus platos. Cuando le pregunté por qué, me dijo que su habilidad en la cocina era innata y que no había supuesto ningún esfuerzo de su parte. Por eso, cuando le halagaban un plato, se sentía muy mal porque ella no había hecho nada especial para que la comida resultara exquisita y por lo tanto, no se lo merecía.

Claro…. frente a esta respuesta, hubo la intuición de que algo se escondía detrás… y entró el silencio.

El silencio mental siempre entra cuando la mirada secreta se pone a trabajar. Necesita la mesa de trabajo bien despejada de respuestas, creencias, etc. :) y, ni corta ni perezosa, me amorra al teclado para seguir su dictado. Comparto aquí lo que ha ido viendo:

¿Cuántas veces nos hemos preguntado que hemos hecho para merecer eso que nos ocurre? Creemos que las cosas tienen que ocurrirnos según cómo nos comportamos. Así nos lo han enseñado. Pero sólo hace falta mirar un poco alrededor y en uno mismo, para ver que esta ley no se cumple: los buenos sufren, los malos se liberan, los estudiosos no encuentran trabajo, los que se cuidan enferman, los que trabajan bien no ascienden, los feos y buenos de corazón no encuentran pareja, etc, etc, etc. Así que ¿quién se merece qué? ¿Funcionará la vida con más leyes además de la archimental causa-efecto?

Merecer… Merecer es ser digno de. Y ser digno  es vivir en el respeto y honestidad hacia uno mismo y hacia los demás…. ¡Qué raro! Por vivir en el respeto y la honestidad, no parece que me vaya a librar de nada… Parece que el merecimiento y la dignidad no tienen mucho que ver.

Sigamos mirando…

El merecimiento se atribuye a las leyes de la causalidad: merecer premio o castigo, halago u ofensa. Así que creemos que lo que nos pasa es debido a lo que hemos hecho. Y si no le encontramos causa, la exigimos o nos la inventamos para sentir que algo entendemos: “el chico murió por su imprudencia” pero ¿cuántísimas veces hemos sido imprudentes y no hemos muerto? “Ha ganado mucho dinero porque se ha deslomado trabajando” Bueno, no hace falta que diga mucho, ¿cuántas personas trabajan muchísimo y no sólo no se hacen ricos sino que a duras penas llegan a fin de mes? Y ya sin hablar de las diferencias entre paises y continentes. Tiene que haber algún factor más que se nos escapa…

Por vivir creyendo que la vida nos trae según lo que merecemos, las consecuencias son funestas. Es esta la raíz de la aparición de la culpa, el resentimiento, los celos, las envidias, los engreimientos, los sentimientos de injusticia, etc. Y también nos coloca en el papel de jueces: juzgamos lo que nos trae la vida, si es bueno o malo y juzgamos a quién le trae eso, si lo merece o no.

Estamos abducidos por nuestra manera de concebir la vida y nunca la ponemos en entredicho. ¿Realmente es la ley del merecimiento la que funciona con los humanos? Porque con respecto a los animales, vegetales y reino natural en general no nos lo plateamos así. Frente a una flor que no llegará a dar fruto por la helada no pensamos que la flor no se lo merece. Como mucho pensaremos que el campesino no se lo merece. Aunque hay una excepción: los animales que conviven con las personas. Estos ya entran en el merecer y no merecer, porque

quien vive desde el merecimiento es el ser humano y no la vida.

El hombre, al vivir hipnotizado por la mente causal y al creerse juez, al dar total validez a sus juicios, si que va dando y quitando según lo que él cree. Pero la Vida…

No encaja. No encaja esta teoría de que la vida se mueve por un tema de merecimiento. Lo que la vida nos trae no tiene nada que ver con el merecimiento.

Lo que me trae la vida no tiene nada que ver con lo que merezco.

¿Y los seres humanos? Creemos repartir desde el merecimiento, pero ¿es así? ¿tenemos la Verdad en nuestras manos como para ser justos en nuestro reparto? ¿o estamos repartiendo según lo que creemos, independientemente de lo que el otro hace o deja de hacer? La mirada secreta sonríe y me pone el ejemplo del halago y la ofensa: porque vivimos el halago desde el merecimiento, sentimos vanidad. Porque vivimos la ofensa desde el merecimiento, sentimos ofensa. Siempre es porque lo vivimos desde el merecimiento. Cuando me dicen algo bonito me siento bien y también me puedo sentir vanidosamente bien si pienso que es gracias a mí, que es algo que yo merezco. Y lo mismo cuando “nos ofenden”. Pero si nos damos cuenta de verdad

nosotros no somos merecedores de nada,

ni de lo que consideramos bueno ni de lo que consideramos malo. La vida no se reparte desde el merecimiento. Creer eso es seguramente un coletazo de nuestra mente causal, de la educación católica que ha estado diciendo que los que hacen las cosas bien van al cielo y los que hacen las cosas mal van al infierno y de tantas otras influencias. Pero la realidad es que las leyes de inteligencia de la vida nada tienen que ver con el merecimiento.

La mirada secreta no se quiere callar. De hecho, no puede porque no tiene voluntad propia. Y me dice que

lo que nos trae la vida tiene que ver con el despertar a la Verdad

(aunque no sepamos que es la Verdad). Todo lo que nosotros vivimos, continua mostrando la mirada, es aquello que nos va empujando hacia despertar a nuestra verdadera identidad. Y todo lo que conseguimos o dejamos de conseguir es lo que la vida nos permite para nuestro mayor bien (un bien que nosotros desconocemos) Y todos los atributos que podemos considerar que tenemos buenos y los atributos que podemos considerar que no tenemos buenos, como por ejemplo, unos ojos bonitos o ser patosos, nos han sido dados. Tampoco somos nosotros los que lo hemos conseguido, nos ha sido dado.

Así que, a partir de Ahora, cuando reciba un halago lo que haré será agradecer a la inteligencia de la vida que la persona que me ha halagado tenga una mirada bella. Y cuando reciba una ofensa sentiré compasión por esa persona que se supone que me está ofendiendo porque su mirada todavía está turbia.

Y todo lo que me traiga la Vida, lo agradeceré. Todo. Aunque no lo entienda.

¡GRACIAS MIRADA SECRETA!

¡Feliz Ahora!

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7 pensamientos en “Del merecimiento a la gratitud

  1. Antonio dice:

    La Vida es plenitud más allá de los contrarios, como totalidad tras cualquier velo, fruto de lo que creamos, pensamos, recordemos o esperemos. Tiene su máxima expresión ya sea como posibilidad o como despliegue en un Ahora donde todo es semilla y madurez, nacimiento y muerte, energía y consciencia al mismo tiempo e instante a instante. El merecimiento no es más que una visión parcial en un tiempo que creemos lineal y en el que esperamos que llegará, o en el que nos demoramos recordando cuando pasó. Al igual que Juliana de Norwich, debemos de soltar las riendas de las que nos creímos dueños en nuestro sueño…Tal vez entonces despertemos a esa confianza que nos haga experimentar el “Todo acabará bien “que late vivencial en sus palabras…y descubrir que hemos sido, somos y seremos confianza, amor y luz… momento a momento en un ahora siempre nuevo

  2. lanur dice:

    Gràcies Mirada! M’ha encantat llegir-te!!!

    NuR*

    El 7/3/2016, a les 19:02, La Mirada secreta va escriure: > >

  3. Maria A. dice:

    dice la mirada secreta: todo lo que conseguimos o no conseguimos es para nuestro mayor bien”.
    es determinismo? implica una intencionalidad ..de una conciencia.
    ser….?
    No me encaja.
    gracias mirada secreta.

    • La resonancia no es determinismo sino sabiduria. En cuanto a personas, fluimos bajo las leyes de la naturaleza: igual que la semilla se hace árbol si las condiciones son las adecuadas. En cuanto a almas fluimos bajo las leyes divinas: vamos descubriendo nuestro verdadero ser si las condiciones son las adecuadas. Pura sabiduria. Es pura inteligencia amorosa.

  4. Maria A. dice:

    Brillante el post: el ego se convierte en juez del merecimiento propio y ajeno
    y …las consecuencias son nefastas.

  5. Anónimo dice:

    Creo que hay mucha verdad en lo que dices. Es muy sabia esta entrada. Da que pensar.
    Ayer se leía en el evangelio la parábola del hijo pródigo y el cura, muy sabio tb, decía q era un reflejo del hijo bueno y el “perla”, y que nosotros solemos tb clasificar al mundo así y lógicamente nos ponemos en el lado d los buenos, como q nos queda margen para “las perlas”… Pero es q en realidad, no hay ni buenos ni malos. Somos y punto. Reflejo de esa inteligencia.
    Mira mirada, te voy a agradecer la preciosa coincidencia ✨😊 Creo que he “visto” claro ;)

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