SOLTAR Y SALTAR

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¡Suelta todo lo conocido y salta!
La mirada secreta

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¡Tantas cosas sabemos sin saber que las sabemos!. Como el bebé, la pequeña, que hoy es nuestra mirada secreta con su inocencia cristalina. Ella sabe cuando tragar y cuando respirar. Sabe todo sin saber que lo sabe. Como nosotros. El conocimiento está dentro nuestro y el camino es de reconocimiento y no de aprendizaje. Es el reconocimiento interno de algo que ya sabía. No puede ser aprendido. Por eso,

nadie nos puede dar la Verdad.

Toda la Verdad está en nosotros. Y cuando vemos, la vemos completa.

La Verdad no se puede ver a trocitos.

Es como la luz. Cuando pasa un rayo de luz, sea muy delgadito o muy ancho, en ese rayo está toda la luz, completa. Simplemente porque no es divisible. Como la Verdad. Cada vez que hemos vislumbrado algo de la Verdad, allí estaba toda la Verdad en su plenitud indivisible.

Así, todo lo que los enamorados de la Verdad hacemos en nuestro camino, ha de ser fuente de inspiración, pero nunca creamos que la Verdad nos la puede dar un maestro.

El camino solo puede ser interior.
Todo lo que aprendo no tiene nada que ver con la Verdad. Todo lo que aprendo está en la dimensión de lo que nace y muere. Todo lo que aprendo que antes no sabía, no pertenece a la eternidad. Por eso, en el despertar a la Verdad, no podemos ver la vida como una escuela -como tantas veces se cree-. La vida, desde la perspectiva del Despertar, es una oportunidad para reconocerMe, para des-cubrir la Verdad que siempre he sido.
La vida es una oportunidad, no una escuela.
Cuando vivimos la vida como una escuela, ya estamos suponiendo que nos falta algo, que somos incompletos, que hemos de desarrollarnos, evolucionar, mejorar. Y así es para las personas que están separadas unas de otras. Así es mientras yo crea ser una persona. Para las personas la vida puede ser una escuela, entre otras muchísimas posibilidades. Pero he de saber que, mientras viva en la escuela, o mejor dicho, mientras me viva persona, creyendo que he de aprender, mejorar, evolucionar, desarrollarme, no me daré cuenta que todo lo que puedo aprender, mejorar, evolucionar y desarrollarme está ligado a lo que un día nació y un día morirá, esta persona.
Sin embargo, hay algo en mí que intuyo eterno, no nacido, inmutable e indivisible. ESO no se puede aprender por mucho que me esfuerce (quien se esfuerza es la persona que quiere evolucionar).
Sri Ramana Maharshi se quedaba perplejo con aquellos que le pedían una y mil veces cómo llegar a la Verdad. Él no se cansaba de repetir algo así como “descubre quién eres; entra dentro de ti, en silencio y observa de dónde surge esta sensación de yo-soy”. Sin embargo, las personas seguían preguntando en vez de ponerse manos a la obra. Y es que
el pequeño yo no puede descubrir la Verdad.
El pequeño yo quiere caminar, pero no puede llegar a ningún sitio verdadero, porque vive en la dimensión del nacer y el morir, mientras que la Verdad, el verdadero Yo, Es, y nunca ha nacido ni morirá.
Para ir a la Verdad, hay que soltar y hay que saltar.

Hay que soltar todo lo conocido y hay que saltar a lo desconocido. Nada hemos de aprender. En el reconocimiento, el pequeño yo desaparece como el fantasma cuando se enciende la luz. En el reconocimiento, la Verdad es lo único, es completa, es Todo: lo conocido, lo desconocido y más allá de ambos.

Y si tu mente está diciendo: “¡Uff, qué difícil  es esto!“, dale la razón.
La mente sólo puede hacer la primera parte del camino. Es necesario que la mente llegue a su propio límite de entendimiento. Es necesario que contemplemos las preguntas y dudas que surgen en la mente, porque si no lo hacemos la mente no nos dejará ir más allá. Lleguemos a su límite con la investigación sincera, con la mirada secreta. Es hasta este límite hasta donde la mente nos puede acompañar. Después el silencio, el vehículo y lenguaje de la Verdad, deja atrás la mente. Allí, en el límite de nuestro entendimiento, nos está esperando el Vacío de todo lo conocido. Allí está la puerta a lo desconocido y más allá. Allí, en el salto, la Verdad nos abre sus brazos.
Gracias mirada secreta que brillas dulcemente en los ojos de los niños, en la naturaleza, en el cielo y las estrellas, en todo aquello que está libre de un pequeño yo.
¡Feliz Ahora!
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Un pensamiento en “SOLTAR Y SALTAR

  1. […] la rendija, pero entra toda. No puede entrar a trozos (¿recordáis la entrada de la mirada “Soltar y saltar“?) Y esa luz que ha entrado no la podemos guardar en un cajón, atesorarla para nuestro […]

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