El sentido de orientación

Versión 2

“En el cielo no hay distinciones entre este y oeste, son las personas quienes crean esas distinciones en su mente y luego piensan que son verdad”.

Frase budista

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En el paseo por el bosque, no sabía donde estaba el norte y donde el sur. No hubiera sabido volver a casa si no hubiera sido por el sentido de orientación de mi pareja. Para mí es desconcertante no poder orientarme y ver que otros pueden, aún y teniendo un cuerpo sano con todos los sentidos intactos… ¿o no?

La mirada secreta, siempre presta a utilizar cualquier deseo de investigación para llevarme a lo profundo -o a lo alto, que no es lo mismo pero es igual (querido Silvio)-, me hace investigar mientras la sonrisa se va haciendo más y más amplia, tan amplia que al final ya no hay cara, solo hay sonrisa.

Y cómo quiere salir de estos ojos pues es esa su condición, -como la de la luz que en cada resquicio que encuentra, por ahí se desparrama- os comparto lo que me ha hecho ver.

Estudio sobre el sentido de la orientación: Los lingüistas dicen que la palabra “orientación” proviene del punto cardinal por donde sale el sol, oriente. Así, durante milenios, el hombre utilizó el sol para guiarse en su camino, para encontrar el camino, para no perderse. Y este es el punto importante: para no perderse. Probablemente, una especie que tuviera todo lo que necesita a su alcance, no necesitaria desarrollar el sentido de la orientación. Pero, antropológicamente, este no es el caso del ser humano que fué cazador, nómada, descubridor. El sentido de la orientación es el resultado de una necesidad básica en el hombre. Y, a diferencia de los otros sentidos, no tiene un sentido fisiológico concreto en el cuerpo que responda por él. Pero no por ello es irreal.

Conocemos bien el sentido de la orientación a pesar de ser una sensación subjetiva, una vivencia.

Y, gracias a Dios -como siempre-, si yo carezco de sentido de la orientación puedo apoyarme en otra persona que sí lo tenga. No podré comprobar ninguna de las indicaciones que me da. Sólo podré confiar. Y confiaré porque esta persona ha sabido volver a casa sin perderse.

No sé si ya estais viendo por donde la mirada secreta, traviesa y divertida, nos está llevando.

Ella es un rayito de la Luz del Sol que va mostrando las sombras de lo que una vez creí real. Miro las sombras con atención, giro la cabeza, veo la mirada sonriéndome, vuelvo a mirar las sombras y las vuelvo a mirar, una y otra vez, hasta que descubro que son sombras. No lo puedo demostrar. Es una sensación subjetiva, una vivencia. Pero es una vivencia contundente. Y de nuevo giro la cabeza y miro a la mirada secreta,

me quedo mirando la mirada, sólo confiando, sin más.

Y aunque no veo el Sol, sé que este rayito de Su Luz me está ayudando a desarrollar el sentido de orientación que me llevará de vuelta a casa.

Estamos todos muy perdidos. ¿Dónde está nuestro sentido de la orientación para poder volver a casa? ¡Descubrámoslo!

La mirada secreta es una brújula magnetizada por el amor a la Verdad.

Los grandes sabios son mis parejas en este andar por el bosque de la vida. Ellos me guian.

Mientras, todo está bien.

Incluso si me pierdo, eso será pura sombra. Y la sombra, aunque existe, no es real.

Solo la Luz es Real.

¡Feliz Ahora!

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2 pensamientos en “El sentido de orientación

  1. Antonio dice:

    Aún recuerdo, como un resonar interior, como si de un gong virtual se tratara, la entrada número 64, del libro de “ La mirada secreta”, titulada: “El punto de referencia” y que leí ayer por la tarde, Aún esta mañana permanecía como suspendido, disfrutando de esa libertad que da la disolución de las referencias y leo hoy esta entrada sobre “El sentido de la orientación” y recuerdo la metáfora del edificio, como ese espacio dividido en estancias de diversa estructura: cuadradas, rectangulares, en arco. Toda ella perfectamente dividida, compartimentalizada, con la seguridad que siempre nos aporta la geometría en nuestra vida y que en todo momento nos preserva de lo imprevisible. …Pero esta mañana mientras saboreaba el texto, comprendí que la seguridad ya no era suficiente, ya había dejado de tener esa función de amuleto/muleta para la vida; ya he dejado de transigir con esa exactitud engañosa; “La Mirada”, siempre juguetona, como al edificio de mi metáfora, le ha derruido a la seguridad, el suelo, las paredes y el techo y la estructura se ha venido abajo… y el espacio que estaba plenamente diferenciado y acotado ha dejado de existir, más bien nunca tuvo existencia fuera de mi mente…En realidad nunca el espacio dejó de ser un todo infinito e informe y cualquiera de mis acotaciones, una convención…una creencia. Ver esto…ver el “efecto domino” que produce, en todo lo que hemos atesorado y asegurado y que siempre nos dio tranquilidad, es la más hermosa libertad posible, la más bella intuición…un hermoso y fugaz vislumbre de la Luz

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