El origen del sufrimiento

imageSolo en el país de los sueños se tienen pesadillas.

La mirada secreta

A

Tenemos los acontecimientos de la vida catalogados ya antes de nacer. La historia de la humanidad ha ido creando culturas, cada una de ellas con un catálogo de juicios bajo el brazo. Depende del lugar en el que te vas ha criar, vivirás las situaciones como buenas o malas. Por ejemplo, si naces hembra o naces diferente (es decir, con una llamada malformación de algún tipo, visible -porque malformaciones tenemos todos, ¿o no?-) seguramente en varios lugares del mundo, serás causa de mucho sufrimiento. Y serás causa de mucho sufrimiento, simplemente porque nos hemos creído a pies juntillas el catálogo de juicios de esa cultura, ¡sin ponerlo en duda ni un sólo momento de nuestras vidas! Y después creemos que somos libres…

Hoy la mirada secreta quiere que descubramos el origen del sufrimiento y me empuja a poner en palabras lo que me lleva susurrando al oído desde que me rendí a ella…

Durante el transcurso de la vida van aconteciendo sucesos de todo tipo y cada uno ya tiene colgado el veredicto a priori: si me toca la lotería, eso es algo bueno; si me arruino, eso es algo malo. No importa que no sepamos que es lo que nos va a traer la loteria o la ruina en un futuro. Ya lo hemos sentenciado de antemano. Nos hemos creido que el dinero y la felicidad son uno. Y no lo hemos puesto nunca en duda, a pesar de tener pruebas de que la lotería ha destrozado familias enteras (y las herencias: a más dinero por medio, más riesgo de peleas) o que lo que un día parecia una ruina se convirtió en la gran palanca para una vida nueva y mejor. O todo lo contrario: la loteria ha sido una bendición y la pérdida del estado económico, un desastre. ¡Quien sabe!

En sí, ¿cómo puedo saber si lo que me haya tocado vivir va a ser algo bueno o malo? ¿en función de qué?. Y no solo eso. Sino que lo que parece bueno en un sentido, puede ser malo en otro. De hecho, es siempre así, porque la moneda nunca viene con una sola cara:

En el mundo en que vivimos cada suceso crea su contrario.

Por eso, es muy difícil por no decir imposible, que algo sea bueno en todos los sentidos, o malo en todos los sentidos. Que me toque la loteria a mí significa que no le ha tocado esa loteria a millones de otros seres humanos. Así que mientras yo bailo empapado de cava festejando mis millones, puede ser que haya otra persona llorando desconsoladamente porque por un solo número no ha ganado. Y así.

No importa. Si te atreves a mirar por primera vez, como mira la mirada secreta, veras que

en sí, todo lo que acontece es neutro.

Y sin embargo, sufro.

Es probable que me repliques que es normal que sufra en determinadas situaciones. Pero que sea normal sólo indica que tenemos todos la misma programación, no que sea lo natural. Sino, mira a los niños. Los niños no viven la muerte o la enfermedad como la viven los adultos. Quizás diremos que es porque no se enteran de la gravedad del hecho. Puede ser, pero todavía no sé donde está esa verdad, si en el hecho de que no se enteran o en el hecho de que la gravedad no es tal… No sé. Lo que sí sé es que:

Hasta que no aprendemos este catálogo de juicios, no vivimos las cosas de la misma manera.

Cuando aquí hablamos de sufrimiento no nos referimos al dolor que acontece en una situación concreta. Nos referimos al dolor que sentimos dentro mientras la vida fluye a nuestro alrededor. Nos referimos al dolor que nos trae el pensamiento, los recuerdos y las proyecciones a un futuro imaginado. Como muy bien explica un sabio de nuestro tiempo, si yo te pregunto qué problema tienes AHORA, en este momento exacto, tienes una 99.9% de posibilidades de decir que ninguno, sin embargo estás sufriendo. ¿Por qué?

¿Por qué sufro? Para que yo sufra, tiene que haber acontecido algo que yo haya enjuiciado como algo malo o indeseable, según lo estipulado en el famoso catálogo. Seguro. Sí. Este es el origen del sufrimiento:

para sufrir, he de juzgar

Es el juicio lo que me hace sufrir, no lo que acontece. Cuando practico el juicio, sufro, aunque yo no me de cuenta de que he juzgado.
Y la mirada secreta me pregunta, siempre empujándome a investigar: ¿qué pasaría si no juzgara ninguna situación?

Yo no sé nada. Eso es lo único que sé. No sé por qué pasa lo que pasa, ni para qué. Por no saber ni siquiera sé quien soy yo o que es esto de vivir. Así que aunque mi mente siga juzgando, siempre obediente a su programación, yo no puedo tomarme esos juicios muy seriamente porque no tienen sabiduría. Simplemente por eso.

Así, dejo mi juicio en manos de Dios.

Y yo me dedico a vivir plenamente en el único lugar en donde acontece la vida: aquí y ahora. Y gracias a la mirada secreta, aquí y ahora descubro que la felicidad no es un estado lleno de juicios positivos, sino que es un estado diferente y nuevo:

la felicidad está libre de juicios.

Por eso, desde esta vida llena de luz y de pájaros cantando,

¡Feliz Ahora!

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