(I) Yo soy esto…

IMG_5723“No puedes ver mi rostro; porque nadie puede verme, y vivir”
Éxodo, 33:20

 

 

 

Ando investigando y tal cual investigo, voy escribiendo…

Primero, me dicen que yo soy esto (hombre) y esto (blanco) y esto (listo) y esto (bajito) y no soy aquello (perro) ni aquello (esquimal) ni aquello otro (cariñoso). Después, viviendome como ese conjunto de etiquetas empiezo a relacionarme conmigo mismo y el mundo. A relacionarme, a batallar, a querer cambiar, a disfrutar, a querer conseguir, a hundirme, a sudar, a vivir. Y nunca me pregunto si ese que he creído ser es realmente quien soy.

Quizá llega un momento en que me lo pregunto y empiezo a ver que esas etiquetas no son yo, sino que yo soy quien tiene esas etiquetas. Descubro que incluso podría tener otras y seguir siendo yo. A partir de ahí, empiezo a buscar quien creo ser. A veces me entrego a alguien (maestro) o a algo (escuela) que me dicen que saben quien soy yo, me pongo en sus manos y les dejo hacer. Pero antes o después, me entrego a mi interior y me dedico a buscar dentro.

El viaje que emprendemos en busca de nuestra verdadera identidad, es el viaje espiritual puro. Es un viaje que parte del no saber, y en el no saber ha de permanecer. Cuando se descubre algo, ese algo ha de servir de puerta a un siguiente tramo desconocido. Porque la Verdad nunca es algo. La Verdad es un todo que nada deja fuera de Sí. Por eso, vamos caminando en un largo peregrinaje y al final nos espera la muerte.

Tanto si lo sabemos como si no, nos espera la muerte.

¿Y para eso hay que hacer un camino? dirían muchas personas. Parece absurdo, porque la muerte nos espera a todos, caminemos en la senda de la búsqueda de nuestra verdadera identidad como no.

Y sin embargo, es tan diferente.

Sólo puede morir aquello que nació un día.

Si yo creo ser este cuerpo y esta personalidad, si creo ser estas etiquetas, no hace falta que haga camino alguno, ya sé que moriré.

Pero si yo descubro que no soy este cuerpo, ni esta personalidad, ni ninguna, NINGUNA de estas etiquetas, antes de “morir” me urge descubrir quién soy. Porque está clarísimo para mi que yo SOY.

Mientras escribo todo esto, la mirada secreta, que anda sentadita sobre mi hombro derecho, me pregunta espontáneamente y

¿cómo sabes que tú eres?

Glups! No lo sé!! Y entro en silencio.

Y en silencio sigo. Mucho se está viendo. Pero la mirada no me deja seguir escribiendo ahora. Quiere que todos vosotros que estais leyendo también os empapeis de la pregunta. Pero recordad, es en la pregunta donde se esconde la verdad. La respuesta sólo es una puertecita más para seguir mirando.

Seguirá…

¡Feliz Ahora!

 

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