La historia de Qu

“Yo Soy Eso”

Sri Nisargadatta Maharaj

“Me llaman Qu. No sé quien soy. No sé qué soy. Me dicen que soy un ser humano y que he nacido para hacer muchas cosas. Y hago muchas cosas, pero yo me siento vacío.
No me veo igual que mis supuestos congéneres. No tengo cabeza ni espalda. Sólo tengo una fina capa frontal visible a este mundo conocido. Esta fina capa frontal es lo que los demás parecen conocer de mi. Sin embargo, detrás de la fina capa frontal, hay una invisibilidad infinita y desconocida, una nada vacía mucho más real que esta piel llena de pelos, protuberancias y agujeros al infinito.
No conozco a nada ni a nadie como yo.
En la capa frontal me reconozco a mis compañeros de especie. En la invisibilidad me reconozco al cielo inmenso de una noche sin luna.
Me pesa más la angustia de este vacío que nunca se mueve y que está siempre presente, que la piel que hace cosas.
No comprendo nada. No comprendo nada. Por favor, necesito ayuda”

 

Esta es la carta que un día Qu escribió y luego lanzó al cosmos en un dron de última generación.

Y dio la casualidad -o no-, de que aquel mismo día la mirada secreta estuviera dando una vueltecita por el cosmos, mirando con su sonrisa hecha de silencio y, sorpresivamente, se pegara a su ojo el papel que contenía la llamada de socorro de Qu.

La mirada leyó la misiva y un rayito de esperanza refulgió en su rabillo. Ella sabe que

cuando llegamos a darnos cuenta de que no comprendemos nada, puede por fin empezar un camino verdadero a la Verdad.

Así que ni corta ni perezosa, la mirada secreta que todo lo puede en el mundo de la inspiración, creó un espejo límpido y mágico para que Qu pudiera verse en él y así re-conocerse como quien realmente era.

Cuando lo hubo construido, voló rauda al espacio infinito y vacío de Qu (que es el único lugar al que la mirada puede acceder) y colocó allí el espejo y esperó…

Tuvo la mirada que esperar algunos años hasta que un buen día Qu dejó de mirar el mundo desde su barrera de piel finita y se puso a mirar aquel vacío que tanto le dolía y tanto desconocía. Y ¿sabéis lo que encontró allí? Si. Encontró el espejo.

Y cómo por primera vez, en vez de mirarse de afuera a adentro, se miró de dentro a más adentro se vio “invertido”: ya no era una capa fina frontal con un espacio infinito detrás, sino que era un espacio infinito con una capa finita detrás. Qu se quedó estupefacto. Por primera vez vio lo que era. Qu era un CUENCO.

¡Dios! ¿Cómo podía haber estado tan ciego? Ahora todo cobraba sentido por primera vez. Ahora entendía su supuesta doble forma. Ahora veía cual tenía que ser su camino.

Mientras, la mirada secreta bailaba un baile de luz invisible trazando miles y miles de tirabuzones de agradecimiento por lo desvelado.

Ahora Qu sabe que es un cuenco. Sabe que su vacío necesita de una FUENTE que lo llene. Sabe que la FUENTE es real, porque sino él no sería un cuenco. Y se pasa la mayor parte del tiempo caminando hacia la fuente, esta vez de dentro a más adentro.

Y un día, Qu descubrirá que eso que él llama vacío invisible y desconocido es la propia FUENTE. Descubrirá que el cuenco nunca estuvo vacío y verá que el verterse de la Fuente es gracias a cómo es él. Y verá que cuando el cuenco lleva lo que la Fuente vertió en él, él mismo es Fuente…

¡Feliz, ahora, Qu! ¡Feliz Ahora!

 

 

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6 pensamientos en “La historia de Qu

  1. evaledesma1 dice:

    La mirada ya hace un tiempo que dejó de preocuparse por lo que le pasa a la persona, y ahora cada vez vuela más y más alto y más y más profundo . Tendremos el valor de soltarlo todo para ir junto a ella?

  2. Anónimo dice:

    ¡Qué don tan maravilloso el de la Mirada Secreta…. que consigue explicarnos con palabras realidades a veces tan difíciles de atrapar con el lenguaje! ¡Gracias por ese don que tanto bien nos hace! Me encanta ser cuenco… Feliz Ahora…..

  3. Antonio dice:

    Con qué paciencia, con qué delicadeza la mirada secreta va contagiando a otras miradas. Cómo ella también se hace espejo que refleja el adentro y el afuera…. O mejor dicho….REFLEJA, simplemente…sin coordenadas hacia un infinito juego de miradas contemplándose en el espejo de la Unidad

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