¿Yo existo?

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Pienso, luego no existo.

La mirada secreta

Hoy la mirada secreta susurra en el silencio y trae la voz de un pensamiento nunca antes formulado:

en lo más obvio se esconde la verdad

En lo más obvio… Por eso parece tan difícil encontrarla…

La mirada secreta se posa en lo más obvio y la investigación comienza… silencio… atención…no sabemos lo que puede esperarse…la mente se abre a lo nuevo…

…Parece que veo. Veo la ventana y detrás del cristal, la montaña con sus árboles y tierras. Veo los verdes de los campos todavía húmedos, los amarillos de la mimosa florecida, el oro de las piedrecillas. Veo sombras. Veo el viento en el mecer de ramas y hojas. Y también veo a este lado de la ventana, cosas (siempre me gusta más ver la creación de la naturaleza que la creación del hombre). Aparentemente, soy yo quien ve. Es mi visión.

…Parece que escribo. Mis dedos se mueven veloces por el teclado y surge la escritura en la pantalla del ordenador (siempre me ha parecido mágico). Aparentemente, soy yo quien escribe. Son mis pensamientos los que yo convierto en palabras y tecleo en mi ordenador.

…Parece que respiro. Mi pecho se infla y desinfla al paso del aire que trae consigo la posibilidad de vivir. Aparentemente, soy yo quien respira. Es mi aliento.

…Parece que siento. Siento la paz de un domingo por la mañana, en el que el trino de los pájaros y el calorcito de un sol que –aparentemente- se acerca, anuncian la llegada de la primavera. De nuevo, aparentemente soy yo quien siente. Es mi sentimiento.

Yo soy quien ve, escribe, respira y siente. Eso es lo obvio, ¿no?- le digo a la mirada con aires de duda (que ya nos conocemos). Y ella me pregunta a su vez:

-Para que esta obviedad se de, ¿qué ingredientes se necesitan?-

La respuesta es fácil. Un sujeto (que soy yo) y un objeto (que es lo otro).

Para que yo vea, se necesita algo que ver. ¿Podría decir que veo si no hubiera nada que ver?
Para que yo escriba, se necesita que los pensamientos se conviertan en palabras. ¿Podría decir que escribo si no se formaran letras sobre una superficie?
Para que yo respire, se necesita que la respiración se de. ¿Podría decir que respiro si estuviera en apnea?
Para que yo sienta, se necesita que haya un sentimiento. ¿Podría decir que siento algo si ese sentimiento no estuviera presente?

-¡Muy bien!- responde la mirada con su silencio amoroso. Y traviesa me pregunta,

-¿Has puesto tú los objetos que ves? ¿has construido tú las palabras? O mejor todavía ¿has escogido tu los pensamientos? ¿has construido tú el hecho de respirar? ¿has creado tú la paz que sientes?-

Estas preguntas producen perplejidad en la mente. Nunca antes habían sido preguntadas…

La mirada investiga mientras sigo en silencio. Y me doy cuenta que

no soy yo quien ha creado los objetos ni la acción que se da.

Lo que veo es ajeno a este “mi”. Es lo que hay. No existe eso de “mi” visión. Es “la” visión que se muestra a estos ojos. Y estos ojos ven, de forma ajena a “mi”. Gracias a su mecanismo de Altísima ingeniería, los ojos ven. Son los ojos los que ven y es el cerebro el que crea la imagen, de nuevo gracias a su mecanismo de Altísima ingeniería. NO SOY YO QUIEN VE NI ES MIO LO VISTO.

Lo que se escribe es ajeno a este “mi”. De hecho las palabras van surgiendo por arte de magia, de no se sabe donde (todos los escritores conocen esta sensación, que muchas veces ha sido llamada “inspiración”). Y anterior a las palabras, surgen también los pensamientos de no se sabe donde. Y si no lo ves, observa durante unos segundos tu mente a la espera de un nuevo pensamiento y verás que el pensamiento que surge nada tiene que ver contigo. Los pensamientos, las palabras son ajenos a “mi”. Y la acción de escribir se da gracias a los mecanismos de Altísima ingeniería del cerebro en conjunción con el resto del cuerpo. NO SOY YO QUIEN ESCRIBE NI SON MIOS LOS PENSAMIENTOS.

La respiración se da en este cuerpo gracias a los mecanismos de Altísima ingeniería de la vida. Es la vida que respira en este cuerpo. Es el oxigeno del aire que entra empujado por la vida y es la ingeniería que expulsa el anhídrido carbónico de vuelta al aire. “Yo” no tengo ni idea de cómo esto se hace. NO SOY YO QUIEN RESPIRA NI ES MIA LA RESPIRACIÓN.

La paz sentida no es una paz construida por “mi” y colocada en “su”  sitio para que este “yo” pueda sentirla. La paz sentida surge de no se donde y surge cuando quiere. No es “mi” paz. NO SOY YO QUIEN SIENTE PAZ NI ES MIA LA PAZ.

Los objetos –la visión, la escritura, la respiración, los sentimientos, los pensamientos- acontecen, surgen ajenos a este yo que creía ser…

Y finalmente, la mirada me pregunta:

-Y ¿cómo sabes de los acontecimientos que se dan?

La claridad de la respuesta fulmina las sombras y despierta una sonrisa:

Sé que veo, escribo, respiro y siento, porque ¡me doy cuenta de ello!

La mirada está feliz.

Veo con total claridad que

si no hubiera un “eso-que-se-da-cuenta” que ve, no habría ni quien ve, ni visión.
Si no hubiera un “eso-que-se-da-cuenta” que escribe, no habría ni quien escribe, ni escrito.
Si no hubiera un “eso-que-se-da-cuenta” que respira, no habría ni quien respira, ni respiración.
Si no hubiera un “eso-que-se-da-cuenta” que siente, no habría ni quien siente ni sentimiento.

-Y “eso-que-se-da-cuenta” ¿que es?-

Es lo que se da cuenta que hay un viendo, escribiendo, respirando y sintiendo. SI. ¿Lo ves? ¿Ves al que está leyendo estas palabras? ¿Es el mismo “yo” el que lee estas palabras que el que se da cuenta de que estás leyendo?

Primero creía que yo era el artífice de mi vida. Creía que yo veía y que lo visto era mi visión. Creía que yo pensaba y que los pensamientos que yo tenía eran míos. Creía que yo sentía y que los sentimientos que yo sentía eran míos.

Después, la mirada secreta me mostró que si no hubiera algo que se diera cuenta (la conciencia), no existiría ni el veedor ni lo visto, ni el pensador ni lo pensado, ni el sentidor ni lo sentido.

Ahora la mirada, en su infinita bondad, me muestra que

es la conciencia la que se da cuenta de lo que surge espontáneamente como objeto de visión, de pensamiento, de sentimiento…

y que el veedor, pensador… que yo creía ser, es sólo un invento mental, porque no juega ningún papel en esta función. Es un personaje-sombra, que parece ser el amo pero que no existe. Su actuación es inexistente.

Sólo conciencia y objeto. No hay sujeto.

Y mientras esto se escribe, ya anda la mirada secreta toda dichosa ella, susurrando muy muy flojito… -¿seguro que entre conciencia y objeto hay una “y”? Pero me mira compasiva y sabe que es hora de reposar en el dulce regazo del silencio. Mucha luz de golpe más bien ciega que deja ver…

¡FELIZ FELIZ AHORA!

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4 pensamientos en “¿Yo existo?

  1. cristina dice:

    me encanta de verdad la sencillez y la claridad con la que discurre esa mirada, secreta. una mirada que nos hace ver: ooh!.
    merci.

  2. ikibcn dice:

    Me encanta el concepto “Altísima” ingeniería :):):)

  3. Al dice:

    Está claro que hay una sola conciencia y una sola inteligencia, que sería la Verdad, Dios, o lo que quieras; origen de la creación. Pero también hay destinatarios. ¡Ojo!, esos destinatarios no podían estar antes de la Verdad o de forma separada de ésta, pues se supone que nada existe fuera o antes de la Verdad. Entonces ¿qué? ¿Sería factible que el mundo manifestado fuera la manifestación del amor de esa Inteligencia única, o sea, el universo, todo cuanto existe, incluidas las criaturas, entre ellas el hombre? Ahora bien, de ser así, todo esto tan bonito, este regalo, ¿quién lo recibe? Entiendo que sólo otra conciencia lo puede recibir, pues si no hubiera otra conciencia nada se daría cuenta de ello, salvo lo mismo que lo manifiesta y esto resulta como tonto, no habría una auténtica relación que es lo que tiene gracia. Pero la conciencia no puede ser más que una; es absurdo hablar de dos o más conciencias. Entonces ¿crea la conciencia para sí misma? Sería como un pintor que después de terminar su obra de arte la contempla. Bueno, en este caso estaría creando y contemplando al mismo tiempo, o mejor dicho, sin tiempo, ya que el tiempo forma parte de esa creación y por lo tanto también es contemplado. Sin embargo, cabe pensar que, el hecho indiscutible de que haya una única, no-dos, conciencia inteligente, infinita, eterna y absoluta, sin espacio y sin tiempo, no tiene que significar o implicar necesariamente que ésta, si le da la gana, o por amor, no se pueda desplegar, concretar, especificar en tantos destinatarios como quiera, para contemplar su propia obra. Pero ¿cómo conseguir que tales destinatarios no sigan siendo más que ella misma? La solución podría estar en el hombre, que de momento parece que es la única criatura que se puede dar cuenta más allá de los condicionamientos propios de su naturaleza física. Quizás, el ser humano, por ser la criatura más acabada o evolucionada, le sirva a la Fuente como base para su infinito despliegue, de manera que, la Conciencia se encarna, tantas veces como haga falta, desplegándose en múltiples concreciones o enfoques determinados de conciencia, siendo cada enfoque eternamente el mismo, y en el tiempo diferentes humanos que irán naciendo y muriendo, hasta que cada enfoque particular de conciencia, que ha tenido que al ser engendrado en el mundo material y psicológico, olvida quien es, necesitará trascender lo material y lo psicológico, para, en una especie de despertar o renacimiento a lo que de verdad es, darse cuenta de que es eso, conciencia, aunque situada en un punto determinado de la creación. Podría ser que, cuando tales enfoques particulares de conciencia, encarnados una y otra vez, se hayan conocido a sí mismos, la creación alcance su verdadero sentido en una relación amorosa entre Madre creadora e hijos creativos que la corresponden con gratitud. Quizás, entonces, este mundo en el que vivimos, se transforme en una especie de paraíso, en el que la alegría de la Madre es la alegría de los hijos y la alegría de los hijos es la alegría de la Madre.

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