La verdad simple

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“La verdad os hará libres”

Juan 8, 31

El otro día, un alma radiante me pasó un video de un señor anciano que allende los mares se pasa el santo día saludando a los ocupantes de los coches que pasan a toda prisa por su lado. Les envía besos, les dice que les ama, les desea un buen día… Les da amor un día tras otro, un año tras otro. Al principio, los conductores pensaban que debía ser un pobre loco. Pero, poco a poco, empezaron a confiar y a devolverle el saludo. En el video, algunas personas explican el impacto que ha causado en su vida la “locura” diaria de este anciano. Y de nuevo, la mirada secreta me muestra un nuevo descubrimiento:
lo verdadero es siempre simple.
Fue mirando el video que la mirada me mostró la belleza de ver como aquel derroche de amor regalado por el anciano afectaba a cada persona de forma diferente: en la mujer que iba enfadada cada mañana al trabajo, deshaciendo su enfado y despertando cada día su sonrisa, hasta que dejó de ir al trabajo de mal humor; en la partera que viajaba al hospital a dar a luz, dándole la seguridad de que su hijo nacería envuelto en amor, etc.
Un acto tan simple como enviar un beso, se recibía por cada uno de manera diferente, justo de la manera que más se necesitaba…
Ver esa elasticidad que trae la verdad en su simpleza me hizo recordar a esa mujer hindú, considerada santa por muchos, que se pasa la vida abrazando a las personas. Abraza millones de personas al año. Su abrazo dura unos 2 o 3 segundos. Externamente no hace nada más. Y sin embargo, las personas hacen colas de 5 y 6 horas para ser abrazadas. Y al ser abrazada, cada una vive una experiencia diferente, justo aquella experiencia que más necesita…
Y así podríamos seguir. Cualquier sonrisa que brota espontáneamente, una mirada auténtica, unas palabras inspiradas, tienen un impacto transformador “personalizado” en quien las recibe. Y esa personalización no la hace quien da sino la cualidad verdadera de lo dado.
La sencillez de lo auténtico, la simplicidad de lo verdadero tiene una inteligencia propia que va mucho más allá de la mente.
La verdad se expresa con sencillez y es esa simplicidad la que le da el poder de transformación.
Sólo la visión de la verdad nos transforma y nos transforma por su simplicidad.
La verdad no está en la mente. No es la mente la que genera la verdad. Conforme más elaboramos algo verdadero, más nos alejamos de la verdad. La persona que lo recibe no hace nada para que ocurra semejante transformación. Es como si se hiciera solo. La señora siempre enfadada no decide dejar de estarlo, simplemente sucede.
Qué sencillo ¿verdad?
Y tanto en la persona que da como en la que recibe, no hay ninguna actividad mental que esté dirigiendo, decidiendo, interpretando, juzgando, manipulando o cualquiera de las actividades en las que usualmente está involucrada la mente.
De hecho, si la mente de quien da o la mente de quien recibe asume el mando, la alquimia de la verdad se detiene. Y míranos, creyendo que contra más complicado es algo, más inteligente es…
Lo verdadero es espontáneo, simple, transparente. No pretende nada más que su propia expresión. No busca ningún resultado. Es por eso que cuando damos desde ese sitio verdadero, nos sentimos felices sólo por el hecho de dar. Es un dar que surge espontáneo, desde la libertad. Y libre llega a quien lo recibe, quien -también sin pensar- lo vivirá justo como más lo necesita.
La verdad simple que brota,
La verdad que nada busca,
La verdad que colma,
Pura inteligencia en acción, que impacta directamente en el centro verdadero de la otra persona.
Lo auténtico reconociendo a lo auténtico…
Y allí, alquímicamente, es acogida y transformada en su justa medida. Ese es el milagro de la Verdad.
¡Feliz Ahora!
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Un pensamiento en “La verdad simple

  1. Antoniop dice:

    ¿La verdad en su simplicidad es ajena a nuestro voluntarismo?… A veces veo a mi sobrina y disfruto de su maravilloso equilibrio: es concentrada y expansiva a la vez. Ella recibe con cara de sorpresa y regala su intensa presencia. Es por el simple hecho de ser sin más propósito, ni objetivo… Sin entender estas disquisiciones que yo, ahora, me hago. Ella es feliz sin necesidad de saberlo…lo siente y percibe sin necesidad de lenguaje con el que explicarlo. Tal vez si me callara y recuperara su mirada y su manera de estar, estaría más cerca de “aquello” que un día perdí.
    Gracias mirada secreta por recordarme esos momentos de contemplación

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