El aroma de lo verdadero

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  Mientras pensamos que sabemos, la verdad resta escondida.

La mirada secreta

En la India, los sabios llaman al discernimiento entre lo verdadero y lo falso, entre lo real y lo ilusorio, “la joya”. Algunos de nosotros, seres humanos, a la joya del discernimiento le llamamos “ver”. Aquí en este blog, sin razón aparente (buena señal:) el discernimiento se hace llamar “la mirada secreta”.

Este “ver” nada tiene en común con el pensar. De hecho, mientras estamos entretenidos pensando, no podemos “ver”, no tenemos abierto el ojo. ¿Acaso no nos ocurre ya cuando andamos ensimismados en nuestros pensamientos que más de una vez nos chocamos con algo o nos tropezamos porque los pensamientos nos distraen de lo que nos rodea? Así ocurre también con el “ver” directamente.

Los pensamientos hacen tanto ruido que no nos dejan ver.

Si “ver” es discernir lo verdadero de lo falso, descubrir lo real, ¿puede la mente pensante ser capaz de ello? La mente vive como real aquello que es interpretación, traducción de señales a través de los sentidos, recopilación de datos del pasado. Los pensamientos son “sofritos” de pensamientos anteriores. La mente mira y trata de encajar lo observado con los conceptos, teorías e ideas que ya tiene. Si no encaja en lo ya conocido, discute, replica, argumenta con el solo objetivo de encajarlo en lo que ya cree. No hay nada nuevo en la mente. Todo es viejo, repetitivo. La originalidad del pensamiento es una ilusión. No hay ni un sólo pensamiento original.

Lo original proviene de la inspiración, no del pensamiento.

La mente es como las vacas y otros animales –incluidos los llamados racionales, es muy muy cotilla. Quiere enterarse de todo. Y si no puede entender, se inventa la explicación y se queda tan contenta. La mente es una artista de la argumentación. Encuentra argumentos para todo. Incluso argumenta estando la persona dueña de esta mente (o más bien, esclava de esta mente) en contra de los argumentos que expone con tan grande vehemencia. El pensamiento está en el mundo de las ideas. Es siempre rebatible. Se puede poner en duda fácilmente. Sin embargo, la mente pensante siempre se cree en posesión de la verdad. Cree saber mucho. Confunde los conocimientos con la sabiduría: a más datos, más sabio. 

La mente se cree sabia. La mirada secreta nada sabe.

Cuando uno “ve” directamente, sin pensar, no hay sitio para la duda. Lo “visto” es evidente para quien ha visto. Desaparece la necesidad de argumentar, de discutir, de convencer a nadie.

La mente duda. La mirada cuando ve, ve pura evidencia.

La mente inventa. La mirada reencuentra lo que en el fondo ya intuía.

Sólo puedo descubrir cuando miro sin expectativas, sin ideas preconcebidas, cuando miro con inocencia. Por eso la inocencia es la madre de la verdad. Miro como si fuera la primera vez, abierto a cualquier mensaje que aquello me quiera enseñar. Miro y si nada veo, sigo mirando, en el silencio de lo viejo, de lo pensado, porque la verdad no es una idea. Los sabios utilizan indistintamente la palabra “verdad” y la palabra “realidad” para denotar lo mismo. Es lo mismo.

Lo verdadero coincide con lo real

Sólo se puede animar a que el otro “vea” por sí mismo. Así como puedo llegar a convencer al otro con mis argumentos, no puedo traspasar lo visto. Cada uno de nosotros tiene que ver por si mismo. El ver es experiencial. De la misma manera que yo no puedo comer por ti, o reirme por ti, tampoco puedo ver por ti. Y lo que se ha visto nos transforma por dentro, mientras que lo que pensamos, por mucho que lo creamos, no produce cambios en nosotros.

Solo lo visto es transformador

Cuando se está familiarizado con la mente de uno, los pensamientos que brotan de esa mente son predecibles. Podemos predecir qué pensará un amigo íntimo de esa película, qué opinión tendrá de los últimos acontecimientos e incluso qué consejos nos dará. En la mente pensante no hay novedad.

La visión siempre es sorpresiva, nos deja maravillados frente a una nueva realidad. Su aroma nuevo nos llena de alegría, ensancha nuestro corazón, limpia nuestra mente. Reconocemos el aroma de la verdad porque va acompañado de la sensación de que todo está bien, de que hay mucha luz por descubrir. Cuando vemos, sonreímos, entramos en paz con la vida, nos llenamos de confianza.  Porque

solo la verdad reconoce a la verdad.

Cuando queramos descubrir, abrámonos a lo desconocido.

¡Feliz Ahora!

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3 pensamientos en “El aroma de lo verdadero

  1. Alberto dice:

    Cuando acompañado por la Mirada …. ‘veo’
    no siento convencimiento solo rendición,
    cuando acompañado por la Mirada …. ‘veo’,
    me acerco tanto a lo que soy que liviano desaparezco
    Feliz Mirada

  2. ¿Lo que se ha visto nos transforma por dentro o nosotros mismos transformamos lo que vemos en función de cómo seamos?
    ¡Feliz ahora!
    Un saludo.

    • Lo pensado se transforma y no nos transforma.
      Lo visto “es lo que es” y no puede ser transformado mas que por la potencia de la luz que lo muestra. A mas potencia, mas profundo lo visto. En lo visto no hay duda.
      Cuando dices nosotros, ese “nosotros” es digno de ser mirado -discernido- ¿es real o aparente? Porque solo la
      Verdad reconoce a la Verdad.
      Mil gracias porque con tu comentario hemos podido seguir investigando!

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