La ilusión de la autoestima

“Cuando nos encontramos en la dirección correcta, lo único que debemos hacer es seguir caminando”

Proverbio budista

 

 

 

 

El otro día, en una reunión periódica de investigación directa sobre la verdad de los aspectos psicológicos, irrumpió la mirada secreta como una espada, como un rayo que cortó el aliento de más de uno.

Y como siempre, surgió en el momento más inesperado y todavía resuena lo descubierto, y todavía va aclarándose más y más, va haciéndose más nítido y más sorprendente lo vislumbrado…

Estábamos investigando en grupo sobre el yo psicológico, también llamado “ego”.

El ego es quien creo ser, la idea que tengo de mi.

Entre otras cosas, mirábamos como este “yo” anda siempre tratando de recibir la atención -mejor si es positiva- de los demás en forma de valoración, luchando por tener la razón, por ser respetado, por conseguir alguna muestra de amor, etc. Nos dimos cuenta de la cantidad de energía y tiempo que consumimos con este único propósito. Y, como suele suceder,

del propio darnos cuenta surgieron las preguntas que abrirían un nuevo paso en ese ir caminando por amor a la verdad

¿Cómo es que este “yo” necesita la constante aprobación y amor de los demás o, en el peor de los casos, conseguir por lo menos su atención, aunque sea a base de peleas o discusiones?

Algunos podríamos de inmediato ponernos a discutir sobre la validez de la propia pregunta: “Este no es mi caso. Yo no hago nada para conseguir la atención de los demás, ni la necesito”. Pero si somos honestos, nos daremos cuenta de qué si que nos pasa. Nos pasa a todos como, por ejemplo, cada vez que queremos imponer nuestra opinión, cada vez que buscamos que nos den la razón, cada vez que explicamos nuestras historias sobre lo que nos han hecho otros -tanto si nos colocamos en un lugar de víctima, como si explicamos como nos quieren o aprueban los otros-, cada vez que explicamos lo bien o lo fatal que hemos hecho algo, cada vez que juzgamos (a hermanos, padres, pareja, hijos, amigos, políticos, a la sociedad o al mundo…), cada vez que mostramos expresamente lo buenos que somos, lo valientes, lo tiernos, lo iluminados, lo malos, lo cobardes, lo poco amorosos, lo pasotas… que somos.

¿Por qué lo hacemos? ¿Qué buscamos con ello?

Ese día, mirando esta vez sin juzgarnos, vimos con claridad que

buscamos la atención de los demás porque así nos sentimos “alguien”.

Es como si la atención de los demás sobre nosotros nos permitiera vernos a nosotros mismos…

Y seguimos investigando. Entonces vimos que esa atención la buscábamos sobre todo en forma de amor.

Buscamos sentirnos apreciados, admirados, queridos. Sobre todo.

Así que por ahora veíamos que la atención de los demás, cuando más nos sirve y cuando más nos “engancha” es cuando nos ayuda a sentirnos “alguien querido“.

…Alguien…

querido…

Pero ¿por qué?

¿Por qué necesitamos que sean los demás que atestigüen que “yo” soy “alguien” y todavía mejor, “alguien querido”?

El aire de la sala se estaba electrizando. El corazón latía rápido. La alegría de un nuevo mirar hacía sonreír al silencio profundo…

Seguimos caminando juntos. Seguimos mirando. Y vimos que necesitamos ser “alguien” para los demás porque así nos “alguien” nosotros mismos. Y vimos que necesitamos sentirnos “queridos” por los demás para querernos a nosotros mismos…

Mmmmmmmm. Vale. Pero entonces, ¿por qué necesitamos ser alguien? ¿por qué necesitamos querernos? ¿acaso no somos YA alguien que se ama a sí mismo?

La mirada secreta estaba rondando, esperando un agujerito bien limpio en las nubes mentales para traspasar con toda su fuerza. Y lo encontró.

Una mirada inocente dijo sin pensar, como si cualquier cosa:

“Necesitamos ser alguien y querernos porque no nos creemos”.

¡Sí! ¡Claro! ¡Eso es!

Si esto que llamo “yo” es una idea, una creencia, ¡no tengo realidad propia! Solo soy un cúmulo de historias y recuerdos, de células en continuo cambio, un lote de atributos nacidos de la comparación constante. Este “yo” que creo ser, es un mero espejismo. Y por eso ando tan afanosamente buscando que alguien me diga que soy real…

¿Puedo amar ese cúmulo de ideas/recuerdos/creencias que llamo “yo”? ¿Acaso no hay una sensación de “yo” mucho mas profunda en mi que nada tiene que ver con esa amalgama mental? No puedo amar lo que vivo superficialmente como “yo”, un “yo” que me gusta más o menos, con el que convivo mejor si los demás lo aprecian, un “yo” tan cambiante como el tiempo…

No puedo amar el yo psicológico porque no es real, es sólo una proyección. Por eso busco desesperadamente que sean los otros, los que me permitan “amarme”…

Y entonces, todo este tema tan de moda de la autoestima, ¿dónde queda? Queda en nada.

La autoestima es una ilusión de la ignorancia, de no saber quien soy.

Descubramos que no somos ese personaje poliédrico que da tanto trabajo a psicólogos y terapeutas ;)

Descubramos que los demás tampoco son esos personajes pensados por nosotros.

Descubramos que la verdad está más allá de cualquier pensamiento,

y que el amor está más allá de cualquier objeto.

El otro día, la mirada secreta surgió como un rayo. Los corazones y las mentes vacíos de verdad, vacíos de respuestas. Los ojos silenciosos y muy abiertos. Caminando. Puro agradecimiento.

¡Feliz Ahora!

dedicado a todos los que andan caminando…

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Un pensamiento en “La ilusión de la autoestima

  1. dice:

    Bravo, dijo Wei Wu Wei. Why are you unhappy? because 99% of the things you do are for yourself and… there’s any… :)

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