La esclavitud del ser humano

La libertad es la naturaleza del hombre. Vimala Thakar




 

Durante mucho tiempo me pregunté por qué la mayoría de las personas que conocía, aún cuando les fuera bien en la vida, sentían un cierto vacío, una añoranza difícil de definir, un anhelo de libertad (a pesar de no estar aparentemente atados a nada), una felicidad mayor a la que tenían…

Con los años he visto en mi y en el resto de los seres humanos como éstas “profundas, extrañas e indefinibles carencias” parecen acompañar la experiencia de vida independientemente de las circunstancias en las que viva la persona. Aún si la persona lo tiene “todo”, o en casos contrarios, hay en nosotros esa añoranza de libertad, de felicidad expansiva, de paz profunda. Un misterio que ha llamado a mi anhelo de comprensión una y otra vez.

Investigando sobre ello, un día la mirada secreta puso algo de luz sobre el misterio de las profundas, extrañas e indefinibles carencias del ser humano. Y a ese conjunto de anhelos intrínsecos al hombre le llamó “esclavitud“. En aquel momento no entendí mucho. Tenía asociada la esclavitud a una situación externa al hombre, a una situación de privación de libertad debida a las circunstancias vivenciales. Al seguir profundizando, me di cuenta que el estado de esclavitud podía incluir aquellas personas adictas a algo o a alguien -la adicción es una gran cadena del hierro más duro que impide que la persona se mueva y la mantiene atada firmemente al objeto de su adicción. Pero incluso en este caso, no parecía que atañera a toda la humanidad… ¿o sí? ¿Podíamos tener todos una adicción que hasta ahora me hubiera pasado desapercibida?

Y ahí vino el segundo rayo de luz, desde mi querida mirada secreta

¡Toda la humanidad somos adictos!

Por eso nos sentimos así en lo profundo. Por eso anhelamos una libertad que a duras penas entendemos, una paz que no sabemos por qué no la tenemos, una alegría serena, salir de algo que parece apretarnos el corazón -a veces más, a veces menos-. Somos adictos. Estamos “enganchados” y por eso vivimos esclavos de nuestra adicción.

A estas alturas quizá algunos de nosotros podamos aceptar honestamente que sentimos estas profundas, extrañas e indefinibles carencias que nos hacen sentir prisioneros de algo. Otros lectores negaran que sientan nada de esto, -aunque lo más probable es que lo sientan, pero quizás más adentro-. Pero en ambos caso, si somos esclavos: ¿de qué nos hemos de liberar realmente? ¿en qué consiste nuestra esclavitud?. Y ¿cómo podemos liberarnos?

Muchos de nosotros, sintiendo claramente esta extraña opresión, buscamos liberarnos de ella.

Casi siempre empezamos tratando de resolver la última pregunta -cómo liberarnos-, sin saber a qué estamos atados con cadenas, a qué somos adictos.

Y probamos una y mil estrategias para sentirnos mejor: distraernos para no tener tiempo de estar a solas con nosotros (la sensación de aprisionamiento suele empeorar ¿verdad?); hacer mil y una terapias, cursillos, talleres de crecimiento a ver si solucionamos algo que creemos que sólo nos pasa a nosotros, un problema que debe ser el causante de esta infelicidad subterránea…; poner nuestras vidas al límite en deportes arriesgados o conduciendo a toda velocidad, o intoxicándonos, porque el riesgo dispara la adrenalina del cerebro a la corriente sanguínea y por un ratito me siento plenamente vivo y en ese ratito desaparece ese ahogamiento sutil y semi oculto… Así andamos, tratando de liberarnos, aunque todavía no hayamos descubierto que es lo que nos mantiene esclavizados, qué es lo que nos tiraniza y nos impide ser libres, anchos, alegres, llenos de paz…

En este punto, la mirada secreta ya había susurrado a mi oído el nombre del tirano.

Vamos a ver si lo descubrimos entre todos. A ver si descubrimos la “sustancia” a la que estamos enganchados, el tirano que nos esclaviza…

Para que podamos hablar de adicción, se han de cumplir algunos criterios concretos. Copio los que se adaptan mejor a nuestra adicción a descubrir, del Manual Diagnóstico de Psiquiatría. Definen la adicción como un patrón maladaptativo de uso de sustancias que conlleva un deterioro o malestar expresado por al menos tres criterios durante al menos un año. Os copio algunos criterios: el efecto de las mismas cantidades de sustancia disminuye claramente con su consumo continuado; la sustancia se consume en cantidades mayores o durante un período más prolongado de lo que originalmente se pretendía; existe un deseo persistente o se realizan esfuerzos infructuoso por controlar o interrumpir el consumo de la sustancia; reducción o abandono de actividades sociales, laborales o recreativas debido al consumo de la sustancia; se continúa consumiendo la sustancia a pesar de tener conciencia de problemas psicológicos recidivantes o persistentes que parecen causados o exacerbados por el uso de la sustancia..

¿Cuál podría ser esa “sustancia” a la que somos todos adictos?

Esa “sustancia” supone también una fuente de acoso y malos tratos que suele producir en cada uno de nosotros una conducta de dependencia en la que el acosador (la “sustancia adictiva” en nuestro caso) depende emocionalmente de su víctima hasta el punto de hacerle la vida imposible. El acosador devora el tiempo de su víctima… El acosar le roba a su víctima la intimidad, la tranquilidad y el tiempo… porque el acosador la interrumpe constantemente con sus demandas y, apenas la deja respirar entre petición y petición.. Este “acosador” nuestro desconoce el valor de su víctima (cada uno de nosotros) como ser humano, en lo que concierne a su libertad, a su autonomía, a su derecho a tomar decisiones propias acerca de su propia vida y de sus propios valores… Hay un completo dominio de uno hacia el otro (definición de la palabra “esclavitud”). Esa “sustancia” domina el ánimo o arrastra el entendimiento (definición de la palabra “tirano”).

Así que todos y cada uno de nosotros somos esclavos de una sustancia que nos tiraniza, tal como lo hemos expuesto según las denominaciones científicas consensuadas.

La esclavitud de la humanidad -lo que seguramente ha sido llamado por algunos “el pecado original”- es la causante de éstas profundas, extrañas e indefinibles carencias que sufrimos en nuestro interior.

¿Y pues? ¿a qué somos esclavos? ¿Ya lo habéis descubierto?

Si no lo descubrimos, ¿cómo liberarnos de la esclavitud si uno no sabe que es esclavo?

Y si lo descubrimos, aún y así, puede ser que no nos creamos esclavos sino amos y entonces, tampoco nos podremos liberar…

Os invito a investigar en base a estos criterios que hemos descrito. Y ¡os invito a compartir vuestros descubrimientos!

¡FELIZ FELIZ AHORA!

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12 pensamientos en “La esclavitud del ser humano

  1. dice:

    Por cierto que parece que en esta entrada se han juntado los comentarios de la anterior…

    • La anterior entrada quedó machacada con ésta. Cosas que pasan a los seres humanos. Peeero, se ha podido rescatar la entrada que se había llevado el internet. Gracias por estar atento, petitcalfred. El camino a la fuerza es solitario, pero es bueno saber que estamos acompañados!

      • ikibcn dice:

        A mi WordPress a veces también me pone a prueba! Menos mal que se ha podido recuperar…. Cada post es una perlita. Feliz ahora pero también hasta pronto!

  2. dice:

    Bueno entiendo que lo llama substancia para seguir con el paralelismo de la adicción, es decir como sinónimo de droga.

    • Queridos ikibcn y petitcalfred. El ego, o “falso yo” (a mi me gusta más llamarle así :) es pura sustancia. Sustancia psicológica indefinida. Y muy muy mandona! y nosotros, dormiditos, ni nos enteramos :) Mil gracias por vuestros comentarios. Un abrazo grande grande. La mirada secreta

  3. ikibcn dice:

    “El acosador le roba a su víctima la intimidad, la tranquilidad y el tiempo”. A mi a veces el ego me agobia….

    “porque el acosador la interrumpe constantemente con sus demandas y, apenas la deja respirar entre petición y petición”. Desde luego el ego no se calla nunca….

    “Esa “sustancia” domina el ánimo o arrastra el entendimiento”. No hay duda de que a veces he sentido que tengo la mente “nublada” y le he echado la culpa al ego.

    ¿Somos adictos a hacerle caso? Indudablemente dejo que el ego, la voz en off, me guíe. Y por supuesto le hago caso y le dejo mandar cuando no estoy atenta (zzzzz)

    ¿Es el ego nuestro acosador? Dudo porque jamás se me hubiera ocurrido llamarle sustancia :___)

  4. Alberto dice:

    Me gustaria apagar el descodificador y desalinear la parabólica de mi ego tv.
    Ser un nudo o ‘nudito’ formando parte de Todo me alegra tanto el corazon. :)

  5. dice:

    Es así, eres todo eso y eres tambián la contaminación. Esa es la paradoja mayor.

  6. ikibcn dice:

    “Y otros no piensan”. :):):) ¡Me ha hecho mucha gracia!

    Soy el hilo, soy la red, soy el nudo, soy el espacio entre los nudos…. De repente me ha entrado un ataque de responsabilidad muy grande… Tengo que reflexionar.

    • La responsabilidad es grande y a la vez maravillosa. Solo sabiéndonos nudo ya nos podemos dar cuenta de lo valiosa que es nuestra estancia en la vida. ¿Como aburrirnos o sentirnos vacíos cuando empezamos a vislumbrar que lo miremos desde donde lo miremos, somos clave para la humanidad y para la naturaleza (que también son uno :) ?
      Como siempre, mil gracias por comentar. Así podemos profundizar un poco mas entre todos!

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