La red de la vida

Nadie puede hacer el bien en un espacio de su vida, mientras hace daño en otro. La vida es un todo indivisible.

Mahatma Gandhi

Unos piensan: ¿es verdad que yo soy yo y tú eres tú? ¿es verdad que yo y el árbol somos entes separados? ¿es verdad que yo no tengo nada que ver con toda aquella gente?

Otros piensan: la idea de que todos somos uno es muy bonita, pero no es lo que mi cerebro me dice. Y además, ¿como voy a ser “yo” uno con este tipo de ahí?

Y otros no piensan.

Pero de verdad os digo que

no hay responsabilidad mayor en el tiempo de vida que tenemos, que descubrir que no estamos separados.

Descubrirlo de verdad, que quiere decir ni comprarlo como una idea bonita, ni creerlo porque lo dice alguien muy muy sabio, sino comprobarlo vivencialmente, verlo con total claridad. Es muy, muy importante que lo descubramos. Porque todos los estropicios que hacemos, no solo a la naturaleza, sino entre nosotros, tienen de raiz esta creencia nunca puesta en duda de que “yo” estoy separado de todo y de todos, que “yo” soy un ente individual e independiente.

Vamos a ver un aspecto de esta unidad, la unidad en la manifestación, en la vida. Es un aspecto visible para todos, aunque sólo tengamos una rendijita muy pequeña abierta para ver. Porque ese aspecto es fácil de ver y es contundente.

Por ejemplo, ¿puedo separarme del aire? ¿puedo existir sin el aire?. Yo soy en relación al aire. El aire hace que yo sea. Por tanto, el aire y yo somos uno. Sin el aire no soy. Y ésta es una relación neutra. No es ni buena ni mala. Es y punto. Y no sólo eso, sino que es una relación gratuita, en el sentido de que yo no le tengo que dar nada de vuelta al aire, no le tengo que corresponder y el aire a mi tampoco. Pero el hecho es que yo soy uno con el aire.

Y lo mismo me ocurre con todo en la naturaleza. Soy uno con todo. Porque

no hay nada en la naturaleza que no tenga que ver con mi existencia.

La vida es una. Todo existe porque existe la relación. Mejor dicho, todo existe “en relación a”.

Si faltara algo de todo eso, todo cambiaría. Y sin embargo yo, en mi estrechez mental, me separo de todo eso. Me separo falsamente, porque es imposible que yo existiera sin la naturaleza…

A nivel de relaciones con los demás…. precisamente el hecho de que sean “los demás” hace que yo sea “yo”. Si no hubieran otros, no habría “yo”. Porque el “yo” se forma desde todo lo que no es “yo”. Así que para ser “yo” te necesito a ti. Sin ti, yo no seria “yo”. Por lo tanto, ¿cómo me puedo separar de ti? Es absurdo.

La vida es relación. Sin relación no hay vida. Y ya, en este sentido -el más externo-, somos uno.

Imagina que la vida, lo manifestado fuera como una red. Y cada objeto de la vida, incluidos cada uno de nosotros, fuéramos nudos de esa red. Yo no podría ser un nudo sin la red y la red no sería sin los nudos. Y en este sentido, también se comprende que cualquier cosa que afecta a cualquier nudo de la red, afecta a la red entera. Y la red, toda la red, ¡es un sólo hilo! aunque de eso no vamos a hablar aquí, por lo menos por ahora, según me chiva la mirada secreta.

Es por eso que si la inconsciencia contamina el aire, todos los seres de la naturaleza se ven afectados. O si una persona se llena de alegría, toda la red entera, toda la vida entera, va a verse afectada por esta alegría. Aunque nosotros no nos demos cuenta.

Nuestra responsabilidad primera es descubrir que no estamos separados. Que la aparente separación es una descodificación cerebral que se dá porque a nivel práctico a veces es necesario que nos vivamos separados. Pero es una descodificación, no es una realidad.

Lo que percibimos es una descodificación de la realidad, pero no es la realidad misma

La unidad en la manifestación, en la vida, se dá por la interrelación de todos con todo. Es la relación lo que permite la existencia. Y por eso mismo, la vida (y por lo tanto “yo”) es una realidad relativa.

Mientras no descubramos que somos interdependientes hasta el extremo de que sin la relación no existiríamos; mientras no lo descubramos, vamos a estar contaminando y contaminándonos, a todos los niveles.

Lo único que necesitamos para ver, es abrir los ojos. Observemos lo aquí descrito, observémoslo en nuestro “yo” y en “nuestra” vida y comprobemos si hay algo de cierto. Y si es así, empezemos a vivir sintiéndo esta interrelación que es la vida manifiesta. Así de enorme es la responsabilidad de cada uno de nosotros. Cada paso afecta a todo y a todos.

No existo separado de nada en la manifestación, en la vida. Soy un nudo de una red y no puedo existir como tal, como nudo de una red si no hubiera red, si no hubiera el hilo que conforma la red. Y es por eso mismo, que soy un nudo, pero ¡también soy la red y también el hilo! Y por ser, soy hasta el espacio que hay entre todos los nudos, porque sin ese espacio, ¡tampoco habría red!

¡FELIZ AHORA!

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