La Mirada y el Dolor

Es el reflejo lo que nos conducirá a la Verdad, no lo reflejado

La mirada secreta

 

 

*foto cedida

Iba a escribir una especie de relato metafórico sobre las últimas semanas y lo que la mirada secreta ha querido regalar a quien esto escribe. Y de repente, la propia mirada no ha querido que me ande con florituras.

El dolor del cuerpo irrumpe en la vida de los seres vivos muy a menudo y de muy diversas maneras. El dolor ocurre en la superficie de la conciencia, como todo aquello que aparece para luego desaparecer. Y detrás del dolor (en lo profundo), igual que detrás de cualquier vivencia, sigue estando el silencio reverente, la quietud sagrada, la serena alegría, allí de donde viene la mirada secreta, iluminando con sus nítidos rayos lo antes nunca visto, empapando de la luz de lo verdadero.

Y la experiencia de dolor ha permitido que la mirada me susurrara al oído cosas que antes quizás había intuido pero que nunca había visto con tanta claridad…

A veces, cuando tenemos dolor o estamos enfermos, es fácil que nuestro “yo” fabricado de pensamientos se tambalee e incluso llegue a destruirse (que es lo mejor que nos podría pasar), igual que un edificio afectado por un terremoto. El terremoto físico acaba fácilmente con muchos de los atributos que creía “tener” y que formaban parte de “mi yo”. Dejamos de ser independientes, no podemos valernos por nosotros mismos, necesitamos que los demás nos ayuden hasta en la higiene íntima. Lloramos como niños, gritamos de desesperación, perdemos los modales, nos enfadamos, imploramos. Tenemos que pedir cosas tan peculiares como que nos dejen la tapa del inodoro levantada porque nosotros no vamos a poder hacerlo, -eso en el caso de que podamos llegar al lavabo-. Y empezamos a pensar que ya no somos quienes éramos: tu que eras tan valiente, ahora no lo eres tanto. Tu que eras fuerte, ahora eres débil. Tu que eras tan paciente, ahora eres impaciente. Tu que eras tan generoso y tan considerado con los demás, ahora eres egoísta. Eso crees de ti.

Y sin embargo, sigues siendo tu. Es a ti que te está sucediendo esto. Ahora tienes dolor. Y antes no. Hay un “yo” que vive las diferentes experiencias y que siempre es el mismo. Es como el muñequito que ahora se le pone un bigote, y ahora se le saca, y ahora se le pone un sombrero, y ahora no. El muñequito siempre es el mismo. Tu no eres el dolor. Ni eres egoísta o considerado o generoso o impaciente. Esos y muchos otros atributos son nuestros bigotes y sombreros.

Ahí está el fondo inalterado. Viviendo esa experiencia. Y a ese fondo le sigue llegando la mirada secreta.

La mirada secreta no es de la persona.

Cuando el instrumento está mal, -sea el cuerpo, la mente o ambos-, la mirada sigue viendo con la misma claridad de siempre. Los rayos siguen iluminando porque el Sol sigue aquí. Pero el instrumento que está mal puede desafinar en la interpretación de lo que la mirada enseña. Eso es lo que nos pasa a todos si colocamos nuestra identidad en lo que no somos. Si creo ser mi cuerpo dolorido no podré ver con claridad. No podré dejar que la belleza del rayo de luz se refleje,ni su claridad, ni su serena alegría. ¿Recordáis la entrada al blog “La belleza en la mirada” del 7 de abril? Pues eso es lo que descubrí durante este terremotillo vivido:

nada de lo que sucede a la persona tiene importancia. Lo único importante es lo que se refleja a través de la persona, de la Luz de la Verdad

El dolor también me enseñó sobre el amor. El amor que se da y se recibe, que no espera nada a cambio, que es espontáneo y dulcemente poderoso, ese amor que abruma a la persona. Ese amor hacía llorar a quien esto escribe y vio que

el amor desinteresado abre el corazón y un corazón abierto rezuma amor desinteresado

Y vi con plena claridad que todo ese amor era un reflejo del Amor que Es. Si la persona viviera el Amor que Es, el origen de todo este amor, en el estado de conciencia en el que estamos, ese Amor nos fulminaría, porque no lo podríamos contener. Igual que unos ojos acostumbrados al reflejo del Sol no pueden mirar directamente el Sol porque se cegarían.

Es por eso que a la Verdad sólo la conoce la Verdad.

Puede ser que esta persona sea débil, egoísta, impaciente, o maravillosa, dulce, amorosa y entregada. No importa. Pues, a momentos, refleja la luz del Sol.

Juan de la Cruz dice en su bellísimo Cántico Espiritual:

“no quieras despreciarme,

que, si color moreno en mi hallaste,

ya bien puedes mirarme

después que me miraste,

que gracia y hermosura en mi dejaste”

Eso es lo que la mirada secreta me ha mostrado: la experiencia de dolor me ha enseñado que no hay ni un sólo atributo que tenga que ver con quien soy. El dolor, a través del amor, ha abierto el corazón. La mirada ve, independientemente del instrumento, y sus reflejos son infinitos. Se puede atravesar la identificación con el cuerpo y vivir en el centro que soy, allí donde habitan eternamente la paz y la serena alegría del Amor Infinito.

¡Cuan grande la esperanza y cuan grande el agradecimiento al reflejo y a la Luz!

¡Feliz Ahora!

*foto cedida por ikibcn http://www.barcelonamola.me

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4 pensamientos en “La Mirada y el Dolor

  1. Alberto dice:

    El dolor es como una niebla, rodea el cuerpo que’soy’ y reina sobre él. Empapa y se encarama a mi mente. Me sumerge en la apariencia y me ahoga.
    El sol continua brillando,
    la Mirada continua iluminando.
    Bendita Mirada que alarga su luz para rescatarnos.
    Bienvenida Miradasecreta, :)

  2. ikibcn dice:

    Alguien que sabe mucho siempre me dice “nada de lo que nos pasa es estúpido”

    Gracias por poner la foto. Un honor :___)

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