Tres en Uno

“Nunca limites tu mirada sobre la vida a la experiencia previa”

Ernest Holmes

 

 

Algo precioso de la mirada secreta es que cualquier vivencia que se repita, nunca va a ser igual si estamos abiertos a ver. Es muy grande. Mucho. Porque esto implica que cada segundo es nuevo, realmente nuevo. Implica que la vida sólo es monótona para el que está dormido. Implica que la vida es sorprendente a cada momento. Que cada instante es un estreno. Así de grande es la vida, y así de bello es el descubrimiento que me deparó la mirada secreta hace dos días…

Eramos 23 personas, todas unidas por un sólo propósito: seguir descubriendo la naturaleza del ser humano en su expresión más elevada, la espiritualidad. Todas unidas en la intención de un trato de gratuidad, -un trato con el otro que nada busca más que acoger lo que recibe y ofrecer lo que brote desde la espontaneidad-. Que bella palabra descubierta: GRATUIDAD. Descubierta gracias a la mirada marítima de unos ojos profundamente negros y vivos como ese universo que nos acoje y nos enconge el alma en la noche estrellada…

Y realizamos aquel ejercicio de dejarnos caer de espaldas confiando en que unos brazos no visibles nos recogerían antes de caer contra el suelo.

Cuando fué mi turno, me dispuse con toda la apertura posible a dejarme caer. Respiré profundamente y cerrando los ojos, me solté hacia un destino incierto… Fué un instante. Pero un instante largo. Fué un suspiro, pero un suspiro profundo. Fué un segundo, pero un segundo pleno.

Y en ese segundo pleno, largo y profundo, la mirada rasgó la conciencia y de la conciencia brotó con fuerza una sensación triple, un tres-en-uno indivisible:

apareció una clara y definida sensación de confianza, confianza en todos y en nadie en concreto, una confianza sin objeto, un estado de confianza;

apareció una sensación de absoluta entrega. Nada en mí quedó para mí. No hubo ningún asimiento. Nada era mio. Una entrega completa, sin condiciones. Una entrega que, dándolo todo, no daba a nadie nada y que nada retenía.

y apareció una sensación de libertad inmensa, como si la caída no hubiera sido de un metro sino una caída al vacío infinito, una caída eterna en la que hubiera tenido tiempo de gozar de un espacio inmesurable puesto a mi disposición…

…confianza, libertad y entrega, sinónimos inseparables más allá de las palabras.

Y eso me enseño la mirada secreta esta vez:

cuando la confianza es plena, la entrega también lo es, y en esa entrega plena, brota la libertad

¡Que extraña es a veces la mirada! Siempre había creído que la verdadera libertad no entrega nada. Que la confianza es poner en manos del otro tu libertad. Que la entrega de tu libertad es porque no confías suficientemente en ti. Eso es lo que nos parece.

Pero la realidad, como siempre y como deciamos al principio, se nos muestra nuevecita a cada segundo y nos sorprende con su sabiduria. Confianza, entrega y libertad. Tres en Uno. Indivisibles.

Gracias a la energía de los 23 unidos se pudo descubrir esta nueva mirada secreta. A ellos y a todos los que andamos por estos caminos, se la dedico.

¡Feliz feliz ahora!

 

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