La belleza en la mirada

“El único lugar en el que encontrarás la belleza, será en tu mirada”

La mirada secreta

 

Llevaba lloviendo varios días y aquella tarde, aprovechando que al cielo le apetecía descansar un rato, saqué mi cuerpo a pasear.

El camino discurría entre verdes intensos, marrones de auténtica tierra recién labrada y mi alma alborozada por el brote casi hiriente de la vida por doquier: las yemas en los árboles, los parterres silvestres alfombrados de florecitas, la hierba reventando los campos, el trino de mil pájaros tan alborozados como yo.

Había luz, a pesar de que las nubes tapaban el radiante sol que siempre, siempre está iluminando, aun cuando no lo vemos..

Y, como tenía que ser, para acompañar el ambiente festivo en el que andábamos los pájaros y yo, de súbito se coló por entre los nubarrones un transparente, cálido y único rayo de sol. Ahí ya poco me faltó para que me pusiera a bailar de tanto agradecimiento que sentía por estar viva.

Mi paso se hizo más ligero al calorcito del rayo. Nada miraba en concreto, más que paseando. Y de pronto me llamó la atención algo que brillaba como mil diamantes. Me agaché a mirar que era… Y cual fue mi sorpresa al ver que aquello que me había parecido la joya más preciosa era ¡una simple piedra!

Si. Si. Es la piedra de la foto…

La cogí con reverencia. Y la miré hipnotizada. Nunca había visto tantísimos reflejos diamantinos en una superficie tan pequeña. Era tan preciosa que enseguida la consideré un tesoro. Y cuando decidía seguir mi camino con la piedra en la mano, dejó de brillar… El rayo de sol había sido tapado por la capa de nubes. Y sin la luz del sol, la piedra ya no era más que una piedra. Sin la luz, había perdido su belleza. “Bueno – pensé- la llevaré a casa y la pondré en la ventana. Esperaré que otro rayo la ilumine y así la podré volver a gozar en todo su esplendor, e incluso la fotografiaré para alguna entrada futura en el blog” :)

Y me puse a fotografiarla. Una vez. Y otra. Pero no conseguía captar ni la centésima parte de su belleza. La movía un poco. Cambiaba el ángulo ¡Y nada!

A través de la lente de la cámara, todo el brillo se apagaba…

Y así andaba, tratando de captar con la cámara la belleza, cuando me golpeó de nuevo la mirada secreta

Y de ver una piedra pasé a ver a una persona, cualquier persona.

En mi comprensión entró un rayo de luz que me hizo darme cuenta de que todas las personas somos como piedras comunes: a simple vista no parecemos nada especial. Pero cuando la autenticidad nos ilumina, nos ponemos a brillar y nos convertimos en algo bello y luminoso:

una sonrisa desde el alma, un gesto compasivo, una alegría espontánea, una comprensión serena, un silencio generoso, una palabra justa, una acción desinteresada, un beso inesperado, un detalle anónimo, una caricia en la mirada, el perdón antes de la falta, la oportunidad ilimitada, el reconocimiento eternamente nuevo, el que no te deben nada, la libertad de ser quien somos, la mano que tiende y no reclama, el vivir libre de residuos, el dejar vivir sin cargas…

Estos y mil más son los reflejos de la luz enamorada de la autenticidad que somos en el fondo de nuestra alma. Para que la piedra brille sólo hay que lavarla y para que tus ojos vean la belleza de este alma, sácate las lentes mentales que empañan tu mirada.

En medio verso y todo. Lo que tiene la mirada secreta. Que a veces, juega a ser poeta…

Feliç

la limpia y dulce mirada de un poeta visual

Si queréis ver su obra: http://poesiavisual-alexmonfort.blogspot.com.es/

 

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4 pensamientos en “La belleza en la mirada

  1. Thaïs dice:

    Extraordinari regal “mirada secreta”, el compartir la saviesa del teu ARA que sempre convida a reflexions de les que no et deixen indiferent, amb el ARA de aquesta altre manera de expresió que és la poesia visual del Alex que també desperta sentiments i reflexions varies. Quanta llum despreneu als que tenim la sort de llegir-vos!!!

  2. MPaz dice:

    Me ha gustado mucho tu artículo, de una manera muy poética has plasmado muy bien el que todas las cosas/personas tienen una belleza intrínseca y sólo hace falta que nos quitemos la venda (prejuicios que vamos adquiriendo con los años) que solemos tener en los ojos para poder apreciarla. Gracias ;))

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