De la tiranía de la mente a la libertad. Un vislumbre

“Las cadenas de la esclavitud solamente atan las manos: es la mente lo que hace al hombre libre o esclavo”

Franz Grillparzer

(dramaturgo austríaco, s.XIX)

 

Siempre estamos juzgando si lo que nos llega de la vida, o lo que nos hacen otras personas es bueno o malo para nosotros, si son personas que nos convienen o no, si nos gustan o no nos gustan. Y lo mismo hacemos con las situaciones.

Vivimos en base a nuestros juicios.

Nuestros juicios van marcando cada paso que vamos dando en el camino de la vida. Los juicios los construye nuestra mente, la gran consejera y la gran juez, dueña y señora del ser humano. Cultivamos la amistad de aquellas personas que pensamos que “valen la pena”, rechazamos aquellas otras que pensamos que “no valen la pena”; queremos irnos de aquel trabajo porque pensamos que nos tratan mal o que son injustos con nosotros, o queremos conseguir aquel otro trabajo porque pensamos que la gente de alli es maravillosa y nos van a tratar muy bien, etc.

Todo lo decidimos en base a una parrilla de juicios que, por descontado, son personales: yo consideraré que esa persona no me gusta y no querré nada con ella y sin embargo esa persona tendrá amigos, que no la consideraran así. Por lo tanto, eso quiere decir que mi vivencia es totalmente personal, mis juicios son personales, no son juicios universales bajo ningún concepto. Voy viviendo en base a mi “código penal personal” y lo voy siguiendo al pie de la letra. Sin embargo,

¡nunca se me ha ocurrido revisar mi código penal!

Siempre hago caso de lo que dice mi mente y ahí se acaba toda la historia. Pero ¿de dónde salen los juicios que yo tengo? ¿cuál es el origen de este código penal personal, idiosincrásico? ¿realmente contiene verdad? Si yo empiezo a ver de dónde vienen estos juicios, es posible que me empiece a dar cuenta que lo que yo utilizo como parámetros para relacionarme con el mundo y conmigo mismo creyendo que son parámetros validísimos, en realidad son programaciones automáticas de las que yo era totalmente inconsciente.

¡Estoy obedeciendo ciegamente una programación mental!

Como ejemplos, miremos juntos algunos juicios o creencias de la mente…

Imagina que tienes dentro la creencia “tengo que ser siempre mejor”. Las personas que tu ves que luchan y que intentan hacer las cosas cada día mejor, son para ti dignas de admiración; mientras que las personas que están tan tranquilas con lo que están haciendo y que no tienen ningunas ganas de mejorar, las consideras personas poco válidas, poco ambiciosas. Y ese juicio que haces hacia afuera también te lo haces a ti mismo, por lo tanto tu eres una persona que siempre tiene que estar luchando para ser mejor, porque sino, no “valdrías la pena”…

Pero si miramos bien, nos daremos cuenta que las personas que siempre tienen la sensación de que tendrían que ser mejores o hacer las cosas mejor, son personas que están condenadas al fracaso porque nunca sentirán que hacen las cosas bien.

El hecho de querer hacer siempre las cosas mejor, garantiza la sensación de fracaso.

Alguien podría decir: “Bueno, pero esto que estas diciendo no tiene ningún sentido porque en realidad lo adecuado es esforzarnos siempre en hacer las cosas mejor” Pero ¿por qué ha de ser así? Nosotros pensamos esto porque nos lo han inculcado. Nos han inculcado la cultura del esfuerzo, de esforzarnos en que las cosas salgan cada vez mejor. Ha habido otras épocas y otras culturas que han hecho lo que era necesario hacer, pero nada más. Y han sido tan o más felices que nosotros…

En realidad, lo único que mejora con esfuerzo es lo mecánico, lo práctico (por ejemplo, jugaré mejor a futbol si me esfuerzo y entreno cada día o hablaré mejor japonés si me esfuerzo en estudiarlo y practicarlo). Sin embargo,

nunca voy a poder ser mejor persona gracias al esfuerzo.

Nunca va a mejorar una cualidad de mi persona gracias a mi esfuerzo. Y sin embargo, muchas de las personas que vienen a consulta lo que quieren es ser mejores, enfadarse menos, desesperarse menos, tener más paciencia, ser más comprensivos, sentirse más seguros, quererse más… Pero eso no es posible que suceda gracias a nuestro esfuerzo. Nosotros pensamos que si por ejemplo, si “soy” inseguro, al esforzarme seré más seguro. ¿No será que, al creer que eres inseguro, actúas de esta manera? Si no creyeras que eres inseguro ¿cómo actuarías?

La única manera que tengo de mejorar es soltando la idea que tengo de mi, es abriéndome a la posibilidad de que igual no soy como creo ser…

Investiguemos otro juicio, por ejemplo “estoy perdido”

¿Qué quiere decir “estar perdido”? Para que yo pueda evaluar que estoy perdido tengo que saber cual es el camino correcto, tengo que saber dónde tengo que llegar, mi destino, y cuál es el camino para llegar allí. Pero ¿cómo voy a saber cuál es mi destino y aún menos cuál es el camino para llegar? Para decir “me siento perdido” necesito una idea sobre donde tendría que estar y cómo tendría que llegar allí. Entonces sí que podría decir que me siento perdido, perdido en base a una idea.

¿A dónde tengo que ir yo? ¿realmente lo sé? Y si lo intuyo, ¿sé cual es el camino? ¿lo sabe alguien? Porque si supiera cual es el camino para llegar allí probablemente lo estaría caminando… Entonces ¿cómo va a estar una persona perdida? O estamos todos perdidos o no hay nadie perdido.

Otra creencia: “no hay que huir de lo que nos hace sentir mal, sino quedarnos allí y superarlo”. Esta es una creencia que está muy de moda en nuestros días, sobre todo en círculos de “auto-ayuda y crecimiento personal”. Creemos que aquellas situaciones que nos hacen sentir mal son aquellas situaciones que debemos superar, como si la vida fuera una carrera de obstáculos. Si a mi me hace sentir mal aquella situación, debo permanecer allí para superarla, porque esa será la manera en que yo crezca…

Realmente ¿he nacido yo para superar-me? ? ¿es la vida una carrera de obstáculos, en la que yo tengo que conseguir ser la “number one” o algo así, la más fuerte, la que más retos ha vencido? ¿he nacido para guerrear? ¿he nacido para ganar?¿qué quiere decir esto de “superar-se”? Para que yo me tenga que superar en algo, tengo que tener una idea concreta de mi y una idea ideal de mi, y querer llegar a la idea ideal de mi. Y todo eso lo monta la mente, tanto la idea que tengo de mi como el ideal.

Y quizás digas “Bueno, pero si no tenemos ningún objetivo ni ningún reto entonces lo único que vamos a hacer es vegetar en la vida.” Eso no lo sabemos porque no hemos vivido así nunca, excepto en la infancia -y difícilmente nadie diría que los niños “vegetan”…-. Lo que seguro que nos garantiza no buscar ningún objetivo o meta, no querer nada ni luchar en contra de nada, es que vamos a estar plenamente situados en el ahora. Eso ya lo tenemos en el momento que ya no queremos ir a ningún otro sitio que en el que estamos.

Cuando no queremos nada ni luchamos contra nada, vivimos en el Ahora

También puede haber un relevo en el puesto de mando de tu vida. Si tu mente está diciéndote que tienes que conseguir esto y tienes que deshacerte de esto otro todo el santo día, y tú ves claramente que tu mente no sabe ni quien eres ni lo que te conviene, ni para que has nacido, ni nada de nada,

puede ser que retires la autoridad que habías concedido a tu mente y quede vacante el puesto de jefe.

Eso nos asusta mucho porque si no manda nadie, ¿qué va a pasar aquí? Igual me quedo tirado en el sofá y no hago nunca nada más…

Pero quizá no.

Quizá las riendas son asidas por otra parte de ti que no es la mente, y quedas verdaderamente sorprendido de lo que está pasando. Porque aunque tú no lo sepas, de hecho tu mente nunca en la vida ha mandado y ha decidido nada. Sólo lo parece. En el fondo,

no es la mente la que decide ni es gracias a tu esfuerzo que consigues nada

(tu te esfuerzas mucho y a veces no consigues nada y a veces sí…; o no te esfuerzas nada y aún y así, a veces no consigues nada y a veces sí…). A veces las cosas salen como tu quieres, y otras veces no salen como tu quieres y con el tiempo te das cuenta que ha sido lo mejor que te podría haber pasado, que no saliera aquello que tanto querías entonces…

Por lo tanto, hay otras fuerzas que están moviéndose en ti. Así que si tu das este salto y dejas de darle autoridad a tu mente, quizá descubras todo un mundo nuevo.

No hace falta que decidas dejar de hacer caso a tu mente para siempre. Sólo pruebalo un rato. Haz aquello que te llena de paz, alegría de vivir, de comprensión, independientemente de lo que tu mente te diga.. Sólo durante unos días. Y mira lo que sucede…

Tanto si saltas como si no,

¡Feliz Ahora!

y ¿sabes por qué te deseo que seas feliz ahora? porque

no existe otro momento en toda tu vida en el que vayas a poder ser feliz, más que Ahora.

¡¡GRACIAS MIRADA SECRETA!!

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