Yo y el mundo

Todo es simple. Absolutamente simple.

David Carse

Después de las vacaciones de navidad volvió la mujer a verme. Su transformación era evidente para cualquiera que la conociera: le brillaban los ojos, le brillaba la piel de la cara, le brillaba la sonrisa, había desaparecido de su rostro cualquier rasgo de cansancio. Estaba resplandeciente y se sentía resplandeciente.

Me explicó que las navidades solían ser épocas de gran sufrimiento para ella. La família se reunía y era muy fácil que surgieran viejas disputas, odios y rencores…

Ella solía sufrir, tanto si aquel año “le tocaba” estar a ella directamente involucrada en la pelea familiar, como si le tocaba ser testigo de la riña entre otros miembros de la familia.

Pero estas navidades había ocurrido un milagro. Un milagro escondido a los ojos ajenos, secreto, que alumbra por dentro, que exalta el corazón.

Y es que, a pesar de que la costumbre familiar de aprovechar las navidades para sacar sus trapos viejos y mohosos se había mantenido, ni el dolor, ni el rencor, ni los celos entre los miembros de su familia, -y aún más importante-, ni siquiera los suyos propios- la habían alcanzado. A pesar de las disputas, se había descubierto llena de paz y amor hacía todos.

Mientras me lo estaba explicándo, de repente vimos con pasmosa claridad (así nos hacer ver la mirada secreta) que era ella la que estaba en paz consigo misma. Había aprendido a respetarse y a amarse tal como era. Y eso la había hecho invulnerable…

La mirada secreta nos enseñó que:

  • cuando de verdad te respetas, nada ni nadie puede faltarte el respeto…
  • cuando en verdad eres humilde, nada ni nadie puede humillarte…
  • cuando eres verdaderamente justo contigo mismo, no te afectan las valoraciones injustas…
  • cuando estás en paz contigo, nada ni nadie te puede alterar…
  • cuando eres honesto contigo, nadie te puede poner en entredicho…
  • cuando eres digno de ti mismo, nadie te puede hacer sentir indigno…

Y además, curiosamente -o no-, la mirada nos mostró algo todavía más asombroso. Y es que:

  • cuando te respetas a ti mismo, estás dando respeto a los demás…
  • cuando eres humilde, estás dando valor a los demás…
  • cuando eres justo, estás dando justicia a los demás…
  • cuando estás en paz contigo, das paz al mundo…
  • cuando eres honesto contigo, estás dando honestamente a los demás…
  • y cuando eres digno de ti mismo, estás preservando la dignidad de los demás…

la relación que tengo con el mundo es un fiel reflejo de la relación que tengo conmig@ mism@

¿Entiendes ahora por qué el único camino de plenitud y felicidad para tí y para el mundo, empieza y acaba en tí?

¡Feliz ahora!

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