Las verdades de juguete

 

Durante toda mi vida, viví en el mundo de las verdades.

Este era un mundo en el que lo importante era tener respuestas.

En este antiguo mundo mío, al que algunos llamaban “El Territorio de las Mil y Una Verdades”, el rey era el que más respuestas tenía. Las respuestas eran el tesoro más preciado. Las respuestas eran poder, eran admiración garantizada. Quien tenía respuestas para todo, era el más sabio. Se otorgaban premios a quien encontraba una respuesta altamente codiciada, mientras que los ciudadanos de segunda clase eran aquellos que no solían tener respuestas, se dejaban robar las suyas, no las sabían defender, o simplemente las entregaban a la más mínima amenaza.

Los que allí viviamos, eramos grandes buscadores de respuestas. La rapidez era muy importante. En cuanto algún incauto formulaba una pregunta, salíamos todos a tropel en búsqueda de la respuesta ganadora. Y si otro incauto nos daba una respuesta que considerabamos verdadera, nos apropiabamos rapidamente de ella, haciéndola nuestra. Y entonces, hinchábamos el pecho y mostrabamos con orgullo la nueva conquista al mundo entero.

También es cierto que en el caso de tener buenos amigos, corríamos a compartir con ellos la respuesta conquistada. Si los amigos la aceptaban, nos sentíamos poderosos, generosos y sabios. Y si nuestros amigos no la aceptaban, luchabamos para demostrar que aquella era una respuesta buena, una verdad, aunque en la lucha perdiéramos el amor, la amistad, la paz o la armonía de nuestra amistad. Incluso se había dado el caso de, por no compartir la misma respuesta, haber llegado a matar al otro… Muy, muy tremendo El Territorio en el que vivía…

En este reino de las respuestas, el sol salía por el este y se ponía por el oeste. Eso era un hecho irrefutable, que no generaba ninguna duda y por ende, no podía codiciarse como verdad de nadie ni nunca generó grandes batallas…

-aunque seguro que hubo algún pobre infeliz que recibió, porque en ese mundo siempre los hay que reciben. Sólo hace falta no aceptar la respuesta de la mayoría-

Que el sol salía por la mañana por el este, y se escondía al atardecer por el oeste era una verdad de todos los que viviamos allí.

Y porque el sol cada día hacía este recorrido de izquierda a derecha, y eso era irrefutable y nadie dudaba de ello, todos los habitantes del reino de las mil y una verdades pensabamos de izquierda a derecha. Es decir, primero pensabamos una pregunta y después hacíamos tooodo el recorrido hacia la derecha hasta que pensabamos una respuesta. Igual que el sol. Y ya está. Como en los concursos de la tele: respuesta correcta. Todos comprábamos esa respuesta –menos esos pobres infelices que antes comentaba- y… ¡a la búsqueda de otra respuesta!

Pero un día inesperado, inesperadamente me encontré viendo el Reino de las respuestas desde más allá del cielo. No sé cómo pasó. Fué como cuando despiertas de un sueño y de golpe estás en tu cama… El hecho es que ví algo que me dejó atónito. Ahí estaba El Territorio de las Mil y Una Verdades, flotando en el espacio infinito… Y un poco más allá estaba el Sol, tan inmóvil y tan presente como el propio reino mio. El Sol estaba allí, iluminando siempre. No se movía. ¡No hacía ningún recorrido! ¡Dios mío! Una verdad tan irrefutable, que no generaba ninguna duda en nadie, ¡¡no era verdad!!

Y tal como lo ví, mi mundo de las respuestas se deshizo en trillones de nanopartículas. Se rompió la hucha en la que había guardado tan celosamente todas las respuestas que había ido atesorando, desde que tenía uso de razón…

bueno, no os lo había dicho todavía, pero sólo los ciudadanos con uso de razón podían tener respuestas-

Y todas las respuestas que tantos años de estudio, de lucha, de apropiación indebida, había tardado en atesorar; todas las respuestas que me habían regalado, respuestas que había pagado muy caro, todas, todas las respuestas cayeron al vacío. Y un viento huracanado que venía de un lugar desconocido, se las llevó.

Y entonces me quedé sin respuestas. Ya no tenía nada. Ni poder, ni la admiración de los demás, ni sabiduría. Por no tener, ya no tenía ganas de ganar premios, ni de luchar, ni siquiera de pedir a algún buen amigo que me regalara aunque fuera una sola respuesta. Total, ¿para qué? ¿Para acumular respuestas que ahora ya sabía que eran de juguete?… ¡Si! ¡Eso era! ¡¡El reino de las respuestas era un reino de juguete!! ¡¡¡Era un reino imaginado!!!

Ahora lo entendía.

Respuestas de juguete en un reino de juguete…

Y es que había conocido a la mirada secreta. Qué dulce y maravillosa mirada. Cuanta compasión para nosotros, habitantes de un reino de juguete, jugando a atesorar respuestas de juguete.

La mirada secreta me desterró del reino de las respuestas.

Me expulsó del territorio de las mil y una verdades. Y lo hizo porque giró mi visión 180 grados y más allá. Ahora ya no miraba de izquierda a derecha, sino que me enseñó a mirar directamente allí donde viven las preguntas.

La Mirada me animó a establecer mi nuevo hogar en el pais de las preguntas, un pais generoso con sus habitantes, abierto a la totalidad, en donde se respira libertad, en donde

la más alta posesión es no poseer ninguna respuesta.

Un mundo en el que es fácil amar, vivir en armonía y en paz, un gran mundo, el mundo de las preguntas. Pero no es el Último mundo. No para mi, que ni el mundo de las preguntas me sirve ya de respuesta.

Y, a veces, algunas veces como en este mismo instante, es la mirada secreta la que me muestra una pregunta. Me la pone delante y yo quietecito la miro. Miro la pregunta como miramos una puesta de sol hermosa, miro sin esperar nada, miro sin pensar nada, sólo miro. Y la mirada secreta me deja atisbar brevemente lo que hay detrás del interrogante, me deja ver a través del puntito del interrogante lo que hay detrás.

Y eso que veo en un instante nunca me da la respuesta y tampoco lo recuerdo luego. Pero no importa.

A veces me provoca una nueva pregunta, una pregunta más honda, una pregunta que engloba a la anterior pregunta….

Y otras veces, aquello que he visto por el agujerito del interrogante, deja mi mente en cortocircuito, saltan los plomos de mi mente, y quedo en silencio reverente.

Hace un tiempo, la mirada secreta me mostró que la pregunta puede ser la puerta y que la Verdad vive aún más allá de donde se origina la pregunta. Me mostró que no hay una y mil respuestas y que

la Verdad no se puede atesorar, simplemente, porque la mente no la puede abarcar.

Y así voy caminando. Con los ojos abiertos y en silencio reverente.

La mirada es quien hace el trabajo.

¡Feliz Ahora!

Anuncios
Etiquetado , , , , , ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: