Castillos en el aire

Había una vez un bello castillo, de recias murallas y altos torreones, que se alzaba orgulloso entre tantos otros.
Los aldeanos que vivían dentro del castillo, asi como los vecinos de otras fortificaciones, consideraban éste como el mejor castillo de todos, el más bello y el más fuerte.
Era un castillo inexpugnable. Todos los aldeanos se sentían seguros dentro de sus murallas. Su robustez protegía al pueblo de los posibles ataques externos. Dentro vivían felices, creyéndose invulnerables.
Todos creían que si se mantenían unidos y tenían la aldea como su más alto bien y la cuidaban por encima de todo, nunca les pasaría nada. Estarían a salvo de cualquier inclemencia y contratiempo. Se habían creído aquello que tantos creen sin revisarlo nunca (como solemos hacer con todas las creencias), que es que la unión hace la fuerza…
Pero un día estalló una bomba. La bomba no impactó desde el exterior contra los grandes muros, sino que estalló dentro del recinto del castillo. Y precisamente, por lo duras que eran sus paredes y muros, por lo inexpugnables que eran, la bomba produjo muchísimos destrozos, convirtiendo cada una de las piedras que habían sido parte de la maravillosa fortificación en nuevas municiones que iban impactando en las construcciones adyacentes. La devastación fue tremenda. Todo quedó destruido. Y todo eso ocurrió porque la bomba cayó dentro, impactando en la base de uno de los pilares del castillo.
Al derrumbarse los pilares, al verlos absolutamente rotos, los aldeanos empezaron a creer que los pilares siempre habían sido débiles, que su fortaleza era solo aparente, que nunca habían sostenido ningún castillo. Así que no solo vivieron el derrumbamiento de todo su maravilloso castillo sino que también estaban viviendo el castillo que antes había sido, como algo falso -porque si hubiera sido de verdad tan bonito, tan fuerte, tan invulnerable, no hubiera podido ser destruido-.
Cuando el castillo se destruyó y sólo quedaban ruinas por todas partes, frente a la mirada atónita de los vecinos que siempre los habían tenido como ejemplo de amor y concordia, andaban los aldeanos de la que había sido una de las más bellas fortificaciones de aquellos parajes, echándose las culpas mutuamente, acusándose y odiándose entre ellos, porque todos creían que les habían engañado, que el castillo nunca había sido hermoso, bello, fuerte, inexpugnable, …
Y así seguirían, con recriminaciones y rencores, para siempre.”

 

¡Cuántas veces nos ocurre en la vida como a estos aldeanos con su castillo! Empezamos una relación con un nuevo amigo, un nuevo trabajo, una familia, una pareja y hacemos exactamente lo que hicieron estos pobres aldeanos, creer que nuestro castillo es el mejor de todos, el más bello y más fuerte; creer que nuestro castillo es inexpugnable y que nosotros somos invulnerables; creer que si nos mantenemos unidos y cuidamos nuestro castillo por encima de todo, nunca nos pasará nada.

Y entonces pasa algo, “estalla una bomba”, que rompe esa relación y a partir de ese momento, cambiamos radicalmente nuestras creencias:

  • Nuestro castillo nunca había sido bonito. De creer que era el más bello, pasamos a creer que nunca lo fué, que era mentira. Porque

la caída de la creencia es proporcional a la intensidad con que la creíamos

La fortaleza del castillo (de la relación) nunca fué real, porque sino no hubiera estallado en millones de pedazos.

contra más rígida la creencia, más destrozos crea cuando cae

El castillo a prueba de balas, no sirvió para protegernos. Contra más invulnerables nos ha hecho creer que somos unas murallas externas, más inseguros nos volvemos cuando las murallas caen porque

cuantas más defensas te pones, más vulnerable te vuelves

Pasamos de creernos unidos a echarnos la culpa mutuamente, porque

la cantidad de de esfuerzo en mantener una creencia es proporcional a la acusación que generará cuando caiga

Vivimos desde nuestras creencias. Nuestras creencias son los pilares que sustentan nuestros respectivos castillos. Y no nos damos cuenta de que, en cualquier momento, la vida puede hacer saltar por los aires cualquiera de nuestras creencias. La consecuencia es que crearemos nuevas creencias, la mayoría de veces lo contrario de lo que habíamos dado por cierto hasta ahora, sobre las que fortificar de nuevo nuestra vida. Y no hay ninguna creencia, ninguna, que sea verdadera. O sino, ¿como podríamos cambiar de creencia como se cambia de abrigo?

Pero no nos paramos a ver cuánto de verdad, de verdad hay en ellas. Construimos un castillo de papel sobre unos pilares falsos. Y ahí dentro nos sentimos seguros y llenos de razones, los mejores.

Castillos en el aire…

Pero fíjate bien,

ninguna creencia es real

Y si “crees” lo contrario, observa si habría alguna circunstancia que te podría hacer cambiar tu creencia. Porque si la respuesta es “sí”, ya sabes que tu creencia no es cierta, no merece ser pilar de tu vida, ¿verdad?

Vivimos montando castillos porque no nos hemos dado cuenta de que no los necesitamos.

Y, la Mirada susurra a mi oído estremeciéndome de nuevo, el por qué:

No necesitamos nada que sea lo más bello que lo que ya somos, -aunque no lo sabemos-.

No necesitamos ser fuertes ni defendernos porque somos invulnerables -aunque no lo sabemos-.

No necesitamos unirnos a nada ni a nadie porque no hay nada fuera de la Unidad, -aunque no lo sabemos-.

Por eso, cualquier castillo de creencias en el que vivamos, tanto si cae en el futuro o no cae nunca, no es un castillo. No es necesario. No es real.

Desnúdate de todas las creencias y observa aquello que queda.

De allí surge la Mirada Secreta.

Allí está tu verdadera morada.

¡Feliz Ahora!

 

Anuncios
Etiquetado , , , , , , , , , ,

3 pensamientos en “Castillos en el aire

  1. ikibcn dice:

    No necesitamos ser fuertes ni defendernos porque somos invulnerables -aunque no lo sabemos-.
    Debería tatuármelo

  2. Irene dice:

    Cuando dices ‘Unidad’, ¿te refieres a la unidad con uno mismo? Un saludo y gracias!!

    • Querida Irene. La Unidad es la esencia de todo lo que es. De la misma forma que el espacio de tu habitación, cuando abres las ventanas, es el espacio del universo, quien tu eres en verdad, cuando abres las ventanas del castillo de tu mente, es quien soy yo y lo que es todo: lo conocido y lo que es por conocer. Esa es la Unidad. Ufff verdad? Un abrazo grande!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: