Nada de lo que tengo, soy

Te advierto, quien quieras que fueres¡Oh! Tú que deseas sondear los arcanos de la naturaleza, que si no hallas dentro de ti mismo aquello que buscas, tampoco podrás hallarlo fuera. Si tú ignoras las excelencias de tu propia casa, ¿cómo pretendes encontrar otras excelencias? En ti se halla oculto el Tesoro de los Tesoros ¡Oh! Hombre, conócete a ti mismo y conocerás el universo y a los Dioses.”
Oráculo de Delfos

Hoy la Mirada no deja que me entretenga y me muestra acuciante la primera de las pequeñas grandes verdades que han de conducirme a darme cuenta de qué va todo esto de vivir.

Acuciante. Como si urgiera. Urge.

Y la primera verdad es que no sé quien soy.

Y probablemente, tú tampoco sabes quien eres.

Quizás en este mismo momento, te estés diciendo que claro que sabes quien eres. Que no saber quien es uno, es de locos. Que todos sabemos quienes somos.

Quizás has pensado: soy (sexo) de (edad) y (características físicas) y (rol familiar) y (gustos/disgustos) y (historia biográfica) y (rol profesional) y…  –Bueno, ahora no se me ocurren mas categorías universales para definirnos

Así que lo primero que podríamos consensuar es que

parece que cada uno de nosotros es un conjunto de categorías, la combinación de unas características…

Eso en sí ya es un poco raro, porque por dentro yo tengo la sensación de ser una sola “cosa”, un único “yo” y no una coctelera de etiquetas ¿Tú también tienes esta sensación? Uhmmmmm

Bueno. Vayamos a lo más fácil. Te propongo que investiguemos algunas de estas categorías que nos ayudan a definirnos, a ver cuánto de verdad hay en ellas…

Por ejemplo, investiguemos a lo que este “yo” nuestro está más apegado: nuestro cuerpo.

Creemos ser nuestro cuerpo.

Soy mujer/hombre. Y eso lo definen unos órganos específicos que tengo. Pero sólo ponerme a mirar, ya puedo ver que me pueden extirpar todos estos órganos y seguir siendo “yo” o tener unos órganos específicos de hombre y sentirme mujer (o a la inversa). Lo que es un hombre o una mujer, ¿viene realmente definido por unas partes de un cuerpo? Si es así y me extirpan alguno de estos órganos, ¿soy menos “yo”? ¿Viene definido por una serie de condicionamientos socioculturales? Entonces ¿es la casilla sociocultural que me corresponde, lo que “yo” soy?…

Sobre la edad, es fácil ver que yo soy “yo” desde que nazco. Hay una vivencia de mi “yo” que está siempre, sea como sea mi cuerpo: era “yo” a los 15 años y a los 50. Podría decir que “yo” soy quien va cumpliendo los años, años que afectan a mi cuerpo. De hecho, suelo decir: “yo tengo xx años”…

Hace un tiempo alguien me dijo que si llegamos a cumplir 80 años de edad, las células de nuestro cuerpo han muerto y vuelto a nacer ¡50 veces! y como dijo un corazón puro al que le expliqué esto en consulta: “si, vale, ¡pero no a la vez!” Las células que componen nuestro cuerpo están en constante nacimiento, crecimiento y muerte. ¿Podemos ser las células de nuestro cuerpo?

Una vez me paré a investigar donde ponía la frontera entre yo y el mundo y me di cuenta de que la pongo en mi piel: de mi piel para afuera, está el mundo y de mi piel para adentro, estoy yo. Recuerdo que me sorprendió mucho. Entonces se me ocurrió cerrar los ojos manteniendo las manos libres de ninguna sensación de tacto. Pruébalo, ya verás como al cabo de pocos segundos ya no tienes conciencia de donde está el límite entre tus manos y el aire de la habitación, sólo queda una sensación vaga y difusa. Lo mismo observé al ir mucho rato de la mano de mi pareja: acababa sin saber donde empezaba su mano y donde la mía. Tanto la falta de un estímulo táctil como un sobreestimulo táctil, me hacen perder la noción bien delimitada de mi cuerpo. Entonces, este límite tan bien puesto entre yo y el mundo, ¿en qué queda? ¿en una cuestión de estimulación externa? Este límite que aparentemente me define, ¿es externo a mi?

Cuando engordo ¿soy más “yo”? Y cuando adelgazo ¿pierdo unos kilos de “yo”? ¿Y si me quedo calv@? ¿soy menos “yo”? Incluso si me extirpan una parte del cerebro, o tengo un derrame cerebral masivo (como le pasó a la Dra. Taylor, autora del libro “Un ataque de lucidez”) sigo siendo “yo”.

Podría decir que “yo” tengo un cuerpo. Se ajustaría mucho más que decir que “yo” soy este cuerpo.

Y ¿qué pasa con los roles? Tanto el rol familiar como el rol profesional cambia en algún momento. Durante el transcurso de nuestra vida, vamos siendo padres, tíos  abuelos, hermanos, huérfanos, nietos  viudos, divorciados, casados, juntados, separados, y siempre y en todo momento somos “yo”. Es a mi a quien me suceden estos cambios. Digo sin pensar que soy casad@ o abuel@, pero yo no soy eso. Veo con toda claridad que ese rol familiar es una situación que aparece y desaparece en el tiempo de mi vida y antes, durante y después yo sigo siendo yo. Yo tengo estos roles durante un tiempo…

Lo mismo, aun con más evidencia, se aplica al rol profesional, a los gustos y a los displaceres, todos ellos cambiantes. Y sin embargo, sigo siendo “yo” quien vive esos roles, quien tiene esos gustos.

Finalmente, ¿qué hay de la historia biográfica? Bueno, voy viviendo y mi autobiografía se va ampliando. Voy teniendo experiencias. Y en esta propia sentencia se halla el secreto: mi historia biográfica es un cumulo de experiencias que me han pasado a mi. Yo he sido y soy quien ha vivido esas experiencias. Alguien podría argumentar que esas experiencias me han “ido haciendo”. Probablemente han ido moldeando la forma en que nos relacionamos con las diferentes vivencias. Pero ¿quién ha vivido todas esas experiencias? ¿no es a mi a quien le ha pasado todo eso? Y si no me hubieran pasado estas experiencias, ¿acaso no sería “yo” también? O ¿es que cada año que pasa, con sus vivencias correspondientes, me hacen más “yo”? Antes de aquella vivencia era “yo” y después, también. Yo tengo vivencias…

Así es. Confundimos la forma con la esencia. Cambia nuestro cuerpo, cambia nuestra posición en la sociedad, en la familia, en la vida. Cambian nuestros gustos, nuestras relaciones, nuestro estatus económico. Cambia nuestra forma de pensar, nuestros juicios, nuestros sentimientos y emociones. Y cambia nuestra historia personal día a día. Y aún y así, “yo” no soy nada de todo esto:

yo permanezco siendo…

Sin embargo nos identificamos con algunas o todas estas categorías, todas ellas aún más temporales y cambiantes que nuestra propia existencia. Y cuando acontece que una de ellas cambia, -mi cuerpo envejece, dejo de ser niet@, me jubilo o tantos y tantos otros cambios-, tengo la sensación de que pierdo mi identidad. Y aún y así vivo toda la vida sin pararme a ver quien es esta persona que está viviendo.

Pero, ¿por qué me identifico con todas estas etiquetas?

En ese momento fue cuando la Mirada Secreta me mostró cómo

al no saber quienes somos, buscamos algo con lo que identificarnos.

Me mostró cómo vivimos dormidos toda la vida sin saber lo más básico y lo más importante. Mientras seguimos dormidos, nuestra vida se va construyendo sobre esos cimientos de la ignorancia fundamental: no saber quien soy. Por ello, la vida se tambalea continuamente, porque lo que tengo y creo ser nunca me va a sobrevivir, tan cambiante es la forma.

La Mirada Secreta me instó a investigar más allá de todas esas etiquetas,  a mirar con los ojos muy abiertos, traspasando las formas cambiantes, en busca de lo que es ese “yo“.

Por amor a la Verdad

¿Hay algo más bello?

¡Feliz Ahora!

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3 pensamientos en “Nada de lo que tengo, soy

  1. LaMujerPez dice:

    “¡¿Quién Soy?!” -preguntó la india rastreadora-. La Mirada Secreta replicó: “Quedáte con la pregunta, y obtendrás la respuesta”.

    Espero recordar les paraules exactes :). El que recordo molt bé és que quan la rastreadora en qüestió -a qui per cert m’estimo molt- va explicar-me això, vaig viure un d’aquests cortocircuitos taaaan xulos que t’endinsen en el Silenci. I torna a passar-me sempre que ho recordo. Com (també) quan rememoro el crack de L’Antonio Blay, responent a tot aquell que li explicava les seves dificultats en el procés de Veure: “Pero, ¿A QUIÉN le pasa todo eso?”

    Jeje, qué potent endinsar-te en la pregunta per tal de viure la resposta, no? I sí… quina Bellesa!

    Gràcies!

  2. LaMujerPez dice:

    “¿Quién soy?” -preguntó, incansable, la india rastreadora-. “Quédate con la pregunta, y lo sabrás” :)

    Esta Mirada Secreta es la leche. Recordo que aquesta india rastreadora -a qui per cert m’estimo molt- va provocar en aquell moment un d’aquests cortocircuitos taaan xulos que t’endinsen en el Silenci. És tant guai! Com L’Antonio Blay quan contesta a totes les rèpliques dels que l’escolten: “¿Pero A QUIEN le sucede todo eso que me cuentas?

    Tant de bó a la voràgine de la vida diaria ens obrim més a The Question, i aprenem a passar més del pèssol, jejeje. GRÀCIES per Tu i pel blog!

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