Sed de plenitud

“Pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más volverá a tener sed. El agua que yo le daré se convertirá en él en manantial que brotará hasta la Vida eterna”.

Juan 4:14

Es tiempo de silencio. Tiempo de dejar que lo descubierto ahonde en ti.

Buscamos una cosa detrás de otra creyendo que en la cosa encontraremos la paz, la comprensión o el amor que anhelamos. Que busquemos cosas espirituales o materiales no tiene mayor importancia. No importa que la cosa sea una montaña, unos macarrones bien guisados o una frase hermosa. El tema es que consumimos. Consumimos una cosa detrás de otra en esta sed insaciable que nunca se satisface por entero.

Consumimos aquello que creemos que nos completará.

Tenemos más y más deseos, esperando saciar nuestra sed de plenitud. Y no nos damos cuenta de que

Por mucho que consumamos, nunca será bastante

Talleres, cursillos, aventuras, experiencias, horas de meditación, buenas acciones, libros, reconocimientos,entradas de blogs… Nunca es bastante. Y no porque lo que consumamos no sea de buena calidad, sino porque

La plenitud no está en ninguna cosa, por muy espiritual que sea.

Es como anhelar la totalidad del océano y no movernos de su superficie, nadando de un sitio a otro. De la misma manera, no encontramos la plenitud en la superficie de cosa alguna. Y sin embargo, solo que profundicemos un poco, empieza a abrirse un universo nuevo de plenitud.

Así con todo. Si tengo sed de amor y voy saltando de una relación a otra ¿lo encontraré?. Ahora si profundizo en el amor que siento…

Si tengo sed de paz… o de belleza…. o de saber la verdad de lo que soy…

el camino es de profundización. Desde donde estoy.

Dejar de desear y darnos cuenta de qué es lo que moviliza nuestro deseo, qué es lo que realmente buscamos a través de nuestros deseos. Descubrir nuestro anhelo primordial y no distraernos más. Descubrirlo y zambullirnos por entero en ese anhelo para que sea el propio anhelo el que nos hable. Desde la profundidad.

Y ¿cómo se profundiza? Se profundiza haciendo silencio de todo lo conocido, entregándonos al silencio que reina en lo profundo. Dejando que sea el silencio quien haga viajar el anhelo entre lo alto y lo profundo.

El anhelo solo nos habla en el silencio. En su aliento trae comprensión. Y con la comprensión, la plenitud desconocida.

Por eso, nuestro objetivo es la comprensión que solo acontece en el silencio, por inspiración. La plenitud será su fruto al que nosotros no podemos acceder directamente porque

Alo que no se sabe solo se puede ir por donde no se sabe” (querido Juan+)

Así, dejemos de consumir y empacharnos en un impulsivo “desear para conseguir”, descubramos el anhelo primordial que se esconde detrás de los deseos y aquietémonos en el silencio que enamora para que el anhelo hable de lo que nunca hemos oido hablar…

Es tiempo de silencio. Ahora. En el silencio. Feliz.

¡Feliz Ahora!

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Si no te piensas ¿quién eres?

Siéntelo por un momento. Escuchate.
Si te preguntas quién eres, todo, TODO lo que digas van a ser ideas, pensamientos, juicios comparativos, etc.
Entonces, ¿eres eso? ¿un cúmulo de ideas?
Si observas todo lo que acabas de pensar que eres, verás que es cambiante en el tiempo.
Entonces ¿eres algo cambiante?
Cuando miro quién soy, me doy cuenta de que más allá de lo que pienso de mi, de esos pensamientos cambiantes, yo Soy. Y entonces surge la gran pregunta:
Si no me pienso, ¿quién soy? …
Sigue ahí el yo, aún sin pensamientos. Un yo que es pura atención silenciosa, sin fronteras que dividan este yo del mundo, de ti.
Cuando eres sin pensamientos, ¿hay ahí alguien herido? ¿o culpable? ¿o guapo?
Cuando eres sin pensamientos, ¿hay deseos o rechazos? ¿hay opiniones?
Cuando eres sin pensamientos, ¿hay algo que puedas llamar “tuyo”?

¿Cuál es la verdad en tí: lo que crees ser o lo que eres -más allá de cualquier creencia-?
¿Desde donde quieres vivír? ¿Dónde está tu autenticidad?

Así me zarandea la mirada secreta estos días. Y yo callo y miro. Hoy me parece crucial descubrir a quien obedezco. Y como no puedo obedecer más que a mi, para sentir la integridad que todo lo puede he de descubrír quién soy. Por eso, viendo mis devaneos mentales ir y venir; y habiendo descubierto que yo no soy mis pensamientos sino quien se da cuenta de ellos, la mirada secreta me siente en posición de recibir incesantemente la pregunta:
Si no te piensas, ¿quién eres?

Ante esta pregunta solo surge silencio. Silencio vivo. Apertura infinita en la que todo cabe.
Ni a favor ni en contra. Cuando no me pienso, yo soy tu. Eso es el Amor

¡Feliz Ahora!

LOS TRES OJOS

“Como es el ojo, así es la visión”

Ramana Maharshi

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Estoy en el paso del viento del sur. Mi asiento es una anciana piedra, testigo silente de la vida, hoy testigo de la inspiración que la mirada secreta silba en mi oído.
Frente a mi, una pequeña encina se iergue briosa, apuntando al cielo su grandeza escondida. Y es jugando con ella que descubro: cuando cierro un ojo, no veo a través de ella; pero cuando fijo los dos ojos abiertos en su fino tronco, lo que antes era densidad opaca se transmuta en una silueta transparente que deja que mi mirada se pose en las montañas lejanas.
Y el tercer ojo, -aquel que ve lo no se ve y que no puede ser visto, aún siendo el ojo que más ve, pues es éste el que capta el silbo de los aires amorosos (como diría mi querido Juan+)-, este tercer ojo hace por comprender la inspiración de la mirada secreta, que en el juego ha despertado. Me dice:
– Cuando miras con un solo ojo solo ves el tronco que tienes delante de tu nariz. Un solo ojo nos muestra una vida sin dimensiones, sin profundidad, sin perspectiva. Una realidad pobre de Verdad. Una visión cerrada, que no puede ver más allá. Una visión plana que excluye cualquier otra visión y por eso no puede comprender que otro ojo vea otra cosa. ¡Ay el hombre que ve con un sólo ojo! Su propia ciclópea mirada le hace creer que está en posesión de la verdad.

En el reino de Un-Solo-Ojo vive el rey Razón. Aquí no se permite otra visión que la que tiene Razón. Aquí la ley es “o conmigo o contra mi”. Aquí gana la visión del más fuerte.

– Ahora abro el otro ojo y miro con los dos ojos a la vez. Veo el tronco y también veo a través del tronco. Así que si otro ojo me habla de la montaña que ve, yo puedo escucharle y comprender su visión, aunque yo siga teniendo el tronco delante. Como siempre el viaje de la Verdad va incluyendo lo anterior porque

La Verdad lo incluye todo

Cuando miramos con los dos ojos podemos ver lo que tenemos delante, nuestra razón, pero también podemos ver más allá. Nuestra comprensión se amplía y aunque mantengamos nuestra razón podemos dialogar.

En el reino de Los Binoculares, vive el rey Relación. Aquí la ley habla de muchas visiones, todas relativamente válidas (verdaderas en relación a la visión). Aquí gana la visión que acepta la mayoría. Aquí gana la mayoría.

-Finalmente, donde habita el tercer ojo no hay reino alguno porque no hay separación. En este lugar, no importa lo que los ojos vean, la Verdad es que ven, sea lo que sea lo que vean. Todos los ojos “ven” debido a un poder idéntico. En el ver somos uno y es en esa Verdad en donde vive la sabiduría y la paz.

La Verdad no está en lo que se ve sino en el propio mirar.

Aquí se ve que cualquier visión depende del lugar desde donde se mira, por lo que es muchísimo más importante ese lugar que la visión en sí.

Lo crucial no es lo que veo sino desde donde lo veo.

Aquí se descubre que la Verdad nunca divide sino que es inclusiva.

Aquí la visión no determina la acción:

En el silencio que se da a lo visto, surge espontáneamente una acción que es para mayor bien de Todo como unidad inseparable. Eso Es Amor. Y el Amor es la más alta inteligencia en donde todos ganan y nadie pierde porque todos son Uno.

Ni un ojo ni dos pueden siquiera atisbar lo que se vive en el Ver en vez de en lo visto. Sin embargo, todos vemos.

Lo que nos separa no es la luz de nuestra mirada sino lo que vemos.

¡Oh mirada! ¡Ahora veo con tu mirar!

EN EL SILENCIO DE LO VISTO, SOMOS UNO.

¡Ayúdame dulce mirada a vivir en ese silencio para que la acción que brote de mi sea Amor!

¡Feliz Ahora!

La justicia

El antídoto del juicio es la comprensión.

La mirada secreta

 

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Directamente, sin preámbulos, la mirada secreta se pone, frente a mis oídos atónitos, a investigar sobre la justicia.

Le dejo hacer porque si no, la mente se pone a debatir. Yo sé que ella habla y que lo que tenga que resonar en mi, resonará y lo demás lo dejo ir…

Y ella empieza a dictar mientras me mantengo en silencio y… sin juzgar, le escucho.

Las justicia nada tiene que ver con dar a cada uno lo que se merece. Esa es una ley que ha creado la mente humana pero que no tiene realidad.

Mira la naturaleza, me dice. En la naturaleza cada cosa que ocurre individualmente es para el mayor bien de toda la naturaleza, incluidos cada uno de sus miembros. A eso le llamamos una conducta natural, pero no es cómo los seres humanos viven–tanto se han apartado de la naturaleza. Creemos que lo justo es lo que se adecua a lo que pensamos que merecemos. Y lo que creo merecer depende de un código de justicia que nos hemos inventado y que es muy diferente para unos u otros, lo que provoca conflictos crueles y dolorosos. El resultado es siempre que lo que es bueno para unos es malo para otros. Es una extraña ley la nuestra porque sirve para unos y para otros no. Y según el lugar y la época de nuestro nacimiento tendremos una justicia diferente. Nuestro sentido de justicia está programado.

Pero esta justicia, que es la que dicta la acción justa, está creada por nosotros y por lo tanto está supeditada a nuestra comprensión. Damos nuestros veredictos, castigamos y premiamos, según nuestro particular código sin haber revisado nunca este código, incluso sin conocer que lo tenemos. Por eso, todos somos víctimas.

Y, en verdad, mientras el hombre juega a hacer justicia, la vida de cada uno sigue su curso; lo que un un día pareció un castigo se convierte en la más grande bendición y otras veces lo que pareció un premio se convierte en una carga. La mirada me enseña que

ninguna justicia humana ha traído a toda la humanidad –sin excepción- amor, paz, sabiduría.

Entonces, ¿qué justicia es ésta? Para intentar mejorar, muchos seres humanos piden la paridad -”todos iguales”- como el paradigma más justo porque creen que así ”todos” estarán contentos y no habrán envidias ni conflictos.  Pero eso no es posible porque

cada ser humano es una pieza única e irrepetible,

unos necesitan comer más y otros menos. Y es que, concluye la mirada,

al ser humano no le es posible ser justo.

Así, deja de mirar a los otros para juzgarlos, me dice la mirada, porque la verdad es que no sabes nada. Tu juicio no vale nada. Y aún menos tu veredicto.

Vive en el silencio de la mente, en donde los pensamientos (el juicio es un pensamiento)  no son tomados en cuenta. Observa sin querer cambiar

y poco a poco se abrirá a través de ti la ecuanimidad. Con ella surgirá espontánea -desde la sabiduría que está más allá de los pensamientos- la conducta inspirada y sorprendente en la que el ”todos ganan” se transforma indefectiblemente en “gana el Todo”, dando a cada uno justo lo que necesita para evolucionar hacia la Verdad, mas allá, mucho más allá de lo que parezca merecer. Y el resultado de esta conducta siempre será

para mayor bien del Todo como unidad inseparable.

Ese mayor bien será también tu mayor bien. Igual que ocurre en la naturaleza.

La mirada secreta me enseña que mis juicios no son verdaderos. Así dejo de escucharlos mientras me dedico a observar para comprender, en vez de para juzgar. Y a medida que dejan de importarme mis juicios, dejan de importarme los juicios de los demás. Ni yo (me) premio o castigo ni me siento premiado/castigado por nadie. La verdadera ecuanimidad es dar a cada uno justo lo que necesita. Y ¿cómo voy a saber lo que necesita cada uno si ni siquiera sé lo que yo necesito? Ese trabajo lo dejo en manos de la Inteligencia de la vida. Es Ella la que me moverá si así ha de ser. Para el mayor bien del Todo.

¡Feliz Ahora!

La perseverancia

 

La perseverancia es el único signo verdadero de progreso.

Sri Ramana Maharshi

La mirada secreta repite incesantemente que la Verdad no se encuentra en lo que hacemos, sino desde donde lo hacemos. Y sin embargo, lleva días susurrándome una clave nunca vista y aún y así reconocida al instante -como se reconoce todo lo verdadero-:
-persevera, persevera…
El otro día, mi amor se fue a caminar por solitarios parajes. Hacía tanta calor que paró en cualquier rincón, se sacó la gorra y la camiseta, guardó la camiseta en su pequeña mochila y siguió adelante. Al cabo de un buen rato, se dio cuenta de que había olvidado la gorra en el camino. Aunque ya estaba lejos, tenía un vago recuerdo del lugar. Así que volvió en su busca. Se cruzó con algunos caminantes pero nadie la había visto. Siguió caminando y cuando llegó allí donde creía que la había dejado, no estaba. Después de la perplejidad y sin saber que hacer, dejó de pensar y se abandonó a ir por donde los pies le quisieran llevar. En un recoveco por el que ya había pasado, paró, miró y la encontró (el cuerpo tiene una memoria excelente. A veces me parece que tiene mucha más memoria que la mente…).
Cuando volvió a casa me lo explicó y añadió:
-La encontré por perseverar. Porque, ¿sabes?,

cuando perseveras, das al universo la oportunidad de expresar su potencial.

La mirada secreta se expresaba a través de su mente. Sonreí, –la Verdad siempre va acompañada de alegría-. Y como la sonrisa del alma siempre invita a la mirada secreta a hablar, me hizo ver…
No perseveramos. No nos damos cuenta de cómo la cultura consumista se ha colado incluso en nuestros anhelos más profundos. Queremos resultados ya, igual que queremos el plato cocinado ya, o que el pantalón nos caiga a la perfección ya, o que el nuevo trabajo se ajuste a nuestras expectativas ya, o entendernos idealmente con la pareja ya. Ya. Ya. Ya. Un contratiempo, dos contratiempos… y lo tiro a la basura. Entonces voy a por otro plato, otro pantalón, otro amor….
Y lo mismo ocurre con nuestras inquietudes más profundas. Por eso hay tantas personas que andan de un taller a otro, de un curso a otro, de un maestro a otro, de un libro a otro o incluso de una religión a otra. Vamos buscando por la superficie, en la horizontalidad, cuando

lo que anhelamos vive en la verticalidad, en la profundidad.

No perseveramos en nada y los resultados que obtenemos no nos llenan. ¡Ah! Eterna insatisfacción.
Pero si aquello que en realidad queremos -el sabor excelso de un plato, la ropa encajando como un guante, las condiciones mejores para desarrollar nuestro potencial en el trabajo, la comprensión/respeto/cuidado/amor con la pareja, la luz de la Verdad en una religión- vive en lo profundo, entonces es absolutamente necesario perseverar en nuestros intentos, en nuestro trabajo. Perseverar en un solo punto nos permite profundizar. Y no solo porque en lo profundo de lo que queremos esté la Verdad, sino porque

es el propio perseverar el que nos va forjando, ahondando, abriéndonos a lo anhelado.

Porque detrás de la perseverancia está el amor.

Solo perseveramos cuando amamos.

Aprendamos a no usar-y-tirar la vida.
Descubramos qué es lo que realmente queremos, qué es lo que amamos por encima de todo y pongámonos con cuerpo y alma a la tarea. Tiremonos de cabeza por ese punto y ahondémonos sin descanso. Demos al universo la oportunidad de expresar su/nuestro potencial. Es el amor verdadero -que siempre persevera- el que va a abrir camino a través de nuestro duro y limitado concepto de quienes somos, de lo que es el mundo, de lo que creemos verdadero, para des-cubrir la Verdad en nosotros, para des-cubrir la Verdad de nosotros.

¡Feliz Ahora!

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La esclavitud de la comodidad

IMG_3142En la comodidad de cuerpo y mente, se amodorra la mirada.

La mirada secreta

 

En estos días me he dado cuenta más que nunca de que somos adictos a la comodidad. Y esa comodidad nos obliga a necesitar muchísimas cosas que en verdad no necesitamos pero vacían nuestros bolsillos, nos hacen egoístas, llenan nuestra casa, nuestra cuerpo y nuestra mente de necesidades y van anulando nuestra personalidad. No lo parece. Ya lo sé. Es un tema sutil este de la comodidad. A la mirada secreta insto para que sea ella que nos ayude a vislumbrar hasta qué punto la comodidad nos está robando nuestro potencial de vida plena…
Cuando hablamos de progreso, vemos que en este plano todo el progreso que se ha dado, ha sucedido en los objetos que el ser humano utiliza y no en el ser humano en si mismo. Y eso ¿por qué? Pues es debido a que el ser humano da realidad a todo lo que percibe y se ha olvidado de quién lo está percibiendo, es decir, de él mismo. Así, lo externo a él ha sido objeto de sus esfuerzos, de sus preguntas, de su devoción… mientras que él mismo ha quedado relegado y ha evolucionado muy poco en los últimos milenios…
Entre muchas cosas, algo que ha progresado ha sido todo aquello que proporciona comodidad. Ahí sigue el hombre trabajando y trabajando. Y la comodidad y el estancamiento evolutivo del propio ser humano van muy muy de la mano. No hay ninguna otra criatura humana que haya construido tantísimos objetos para poder moverse lo menos posible. Y sin movimiento -externo e interno- no hay evolución.
Así andaba esta persona, a la búsqueda de la almohada que mas cómoda le fuera. Y después de escuchar muchos consejos (¡que ricos somos en consejos!) y de gastar dinero comprando muchas almohadas, por fin encontró la que mejor le iba. Y de esa anécdota insignificante dos cosas aprendió: la primera es que la mejor almohada era una almohada viejita y gastada que había en la casa de sus abuelos, una almohada que podía adoptar la forma que necesitara en cada momento. Ninguna de las almohadas de alta tecnología le fue bien. Y entonces vio que lo más avanzado tecnológicamente no era necesariamente lo mejor…
La segunda cosa que aprendió fue mas dura. De repente se encontró dependiendo de la almohada para ir a pasar cualquier noche fuera. ¡Si no llevara la almohada otra vez se levantaría con el cuello torcido! Así que viajaba con la almohada. Entonces entendió a una querida amiga que al salir de casa va siempre con una maletita de ruedas porque necesita un montón de cosas para estar bien. Sí,

La comodidad crea dependencia.

A veces había invitado a mi amiga a pasar unos días conmigo, pero era tanto lo que necesitaría traer, que no venía. Y aunque tuviera ganas de pasar unos días por ahí, su dependencia a millones de cosas se lo impedía…

La comodidad nos hace esclavos.

Y entonces miraba a mis hijos y a otros jóvenes, viajando con una pequeña mochila con cuatro cosas, por el mundo entero. Sonreían de oreja a oreja. Felices. Libres.
Así que en mi siguiente viaje, no llevé la almohada. Y cuál fue el descubrimiento cuando doblando un jersey y colocándolo bajo mi cabeza, dormí como un niño…
No quiero sofás que rompen mi espalda. No quiero depender de comidas alternativas y carísimas. No quiero almohadas especiales. Ni alfombras mullidas. Quiero ser quien soy, pura libertad. Y vivir la vida con ligereza, ligereza, como mi vieja almohada, adaptándome a cada momento con lo que hay…- le digo a la mirada.
La mirada secreta, con su mirar, me dice que más se podría profundizar. Mmmmmm… ¡Sí! ¡Es verdad! La comodidad no me deja desarrollar mi potencial, me aborrega… Si. Si. Aunque cueste creerlo, es así. Quizás por eso, aquellos que buscan la Verdad siempre han llevado una vida sencilla bajo unas condiciones sencillas…
Bueno, Mirada– le digo seriamente- Ahora no voy a deshacerme de nada pero voy a ser consciente de lo que realmente no necesito y que incluso me está haciendo daño.
Podemos vivir con muy poco- contesta la Mirada- Aún y así, la clave no está en conseguir o desechar los objetos externos.

Lo que te esclaviza es la necesidad que crees tener de los objetos.

¡Descubre que esas necesidades no son reales! Empieza a ver lo que verdaderamente necesitas y lo que solo son necesidades creadas en la mente programada, y liberate. Llénate de libertad, de ligereza y de alegría. No te apoltrones -me dice amorosamente- No te rodees de cosas y cosas que crees necesitar. Vive con poco. Viaja ligero de equipaje por la aventura de esta vida porque

a menos peso, mas energía podrás dedicar

a vivir de verdad,

a vivir desde la Verdad,

a vivir la Verdad…

¡Oh Mirada! En todo te posas y en todo ves la luz de la Verdad. Gracias gracias gracias.

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La Verdad y el Amor

La Verdad no se halla en conocimiento alguno, sino en la inspiración silenciosa.

La mirada secreta

 

Hoy el verde esmeralda del mar acaricia incesantemente la piel del planeta untándola de blanca espuma, nutriéndola, enriqueciéndola con conchas, piedras, algas y troncos que trae de remotos lugares. Tanto ama el mar a la tierra que de vida la baña desde que nació el tiempo.
Hoy el verde crea blanco. No importa lo que la ciencia diga. En sus respuestas vanidosas muere la inspiración. Y

sin la inspiración, la Verdad no puede ser descubierta

-dice la mirada secreta, que de tan secreta me confiesa un secreto que afila la espada del discernimiento para que pueda ver con claridad aquello que es Verdad, más allá de lo que digan los demás o -lo que es más importante- de lo crea uno mismo…
Dice la mirada que

la Verdad no nos la puede dar nadie.

Ha de brotar desde dentro de cada uno. Esa es una característica sin condiciones. Y eso es así porque la Verdad es pura vivencia y no puede ser objeto de regalo, préstamo o venta. Por eso desconfiemos de aquellos que nos tientan ofreciéndonos la Verdad.
-¡Mira! VÉ una expresión de amor verdadero -me insta la mirada mientras mantengo el ver silencioso en el horizonte desconocido- El amor del mar a la tierra. El amor incondicional, incausado, inalterable, infinito. Es su Amor el que da vida al planeta. La verdad del mar, por amor, fertiliza la tierra…

El amor verdadero. La Verdad amorosa.

La Verdad siempre se descubre en un destello de inspiración. Es la contemplación, el silencio, como el verde de las olas del mar que en un instante desconocido se convierten por un momento en blanca belleza, justo cuando la ola besa la tierra -es la blancura el vislumbre. Y luego se diluye en el verde de nuevo, siendo lo que siempre fue, sin dejar rastro visible…
El vislumbre de Verdad lo sabe uno y

aunque no recuerde haber visto, sabe que ha visto.

Por un instante, bañando de blanca inspiración la tierra, el mar del silencio sigue azul, verde. Llega a la orilla de su Amor, la tierra, y vuelve a brotar el Beso blanco… Y la mirada vuelve a abrirme el ojo para que vea:

No hay Verdad descubierta que no vaya acompañada de amor.

Así que ahora es el momento de mirar quien crees ser, qué crees que es el mundo, la humanidad, la vida y la muerte. Y si lo que crees no va inseparablemente bañado de amor, no es verdad.
¡Feliz Ahora!

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VIVIR SIN ESFUERZO

“Liba la mariposa la flor de la lavanda en perfecta comunión. Sabe la mariposa y sabe la flor. La Inteligencia de la Vida en acción”

La mirada secreta

Hoy la mirada secreta me insta a hablar del esfuerzo. Del esfuerzo entendido como trabajar mucho y a disgusto para conseguir algo que será mejor en el futuro. Del esfuerzo que nos hace vivir un momento presente que no queremos para que el futuro sea mejor. De ese esfuerzo…
Y solo cerrar los ojos para poder oírla, ya me suelta a su manera fresca y clara que

en la naturaleza solo se da un tipo de esfuerzo, el que va dirigido a la supervivencia; esfuerzo que se da en el presente para liberar el propio presente.

Pero no es así en el ser humano.
El ser humano es el único ser vivo que se esfuerza hoy para vivir mejor mañana, sin que su vida esté en peligro más que en su imaginación.
¡Ah, la naturaleza! De nuevo se alía con la mirada en su comunión para expresar la luz de la Verdad en cada instante!
– Dime tu, querida mirada, ¿por qué nos esforzamos tanto? El esfuerzo es nuestro pan de cada día, aunque en nuestra tradición ya se nos ha dicho que el pan de cada día viene del cielo. ¿Será que no lo creemos? También la misma fuente nos dijo que ganaríamos el pan con el sudor de nuestra frente… ¿Cómo se entiende tanta contradicción?
– Mira. Mira bien -me dice la mirada secreta. No hay contradicción alguna. El pan de cada día es dado a todos los seres vivos de la tierra. Y vosotros, hombres de poca fe, creéis que lo ganáis gracias al sudor de vuestra frente. Por eso vuestra tradición os lo dijo, porque sabía la consecuencia de semejante creencia. Y por eso os esforzáis. ¿Ves? -sonríe la mirada- ¡ya has descubierto la respuesta!
Es verdad. Es así. ¡Es increíble! (Increíble, qué palabra más bella… in-creíble… La Verdad sin duda es increíble porque está fuera de cualquier creencia).
Ya lo veo. Uffff. Nos esforzamos porque creemos que de nosotros depende lo que sucede. Lo creemos sin haberlo mirado nunca. Sin embargo nunca sucede lo que uno quiere. En verdad, sucede lo que sucede y puede ser que aveces coincida con lo que uno quiere (o por lo menos, lo que quiere en ese momento). Y es entonces cuando creemos que ha sucedido lo que queríamos gracias a nosotros. Es así como vivimos:

Vivimos continuamente en un estado de superstición, atribuyendo causalidades concretas a la naturaleza espontánea de la vida.

“Espontaneidad” es una palabra que usamos cuando vemos con total claridad que no conocemos las causas de absolutamente nada de lo que acontece. Ni siquiera el tiempo, que es la dimensión que aparentemente nos da más conocimientos, puede desvelar las millones de causas que explicarían cualquier suceso. De hecho solo conocemos las causas mas superficiales y eso en algunos casos.

Si tiro una piedra contra la ventana y esta se rompe diré que la he roto yo ¿verdad? Pero ¿realmente soy tan poderoso? Solo mirando por encima, puedo darme cuenta de que el grosor del cristal, el lugar del impacto, el tamaño de la piedra, su composición, la puntería, la fuerza del brazo, el hecho de estar en ese momento ahí, bla bla bla, (me tendría que remontar a Adán y Eva y antes infinitamente) son todas las causas que verdaderamente, han roto el cristal.

Nos quedamos con lo más superficial y visible. Y quizás en este ejemplo no tenga importancia, pero

vivimos TODO en la vida tratando de manipularlo para conseguir los efectos que deseamos.

Y eso supone un continuo esfuerzo. Entonces nos quejamos de lo cansados que estamos y de que no tenemos paz.
Nos creemos que las causas visibles son todo lo que hay y por eso vivimos esforzándonos en manipular y en manipular cada vez mejor sin conseguir la mayor parte de las veces los efectos deseados. Por eso no acaba de funcionar nada. Y es porque

el conocimiento de la causa superficial solo permite una manipulación superficial y en el caso de que funcione, el efecto tambien es superficial.

Y si no, miremos con honradez a ver si encontramos algún resultado profundo que podamos atribuir a nuestra manipulación…
Entonces, ¿por qué seguimos creyendo que somos los artífices de nuestra vida? ¿Por qué seguimos creyendo que podemos manipular a los demás y al mundo para conseguir lo que más queremos: su amor -sea en forma de poder, de exito, de atención, de reconocimiento?
Si no conocemos la causa ¿de que sirve tanta prevención o tanta inversión? Y no hablamos de los asuntos prácticos (que también…) sino de nuestra persona, nuestras relaciones, nuestra vida.
Si descubrimos que no conocemos las causa dejaremos de manipular, de vivir estratégicamente. Dejaremos de interpretar. Seremos personas transparentes de mirada limpia, que ven lo que es, sin pensar en ello; que viven plenamente lo que es; que viven como niños, confiando en que la inteligencia de la vida les hará actuar con sabiduría y precisión. Viviremos pacíficamente, felizmente. Parece idílico, ¿verdad? Y sin embargo, este es el idilio que viven todos los seres de la tierra, a excepción nuestra.

Descubrir que no conocemos las causas es una puerta a la libertad.

Son muchos los paradigmas mentales que tenemos y que que quizás no somos conscientes de tener, pero están construyendo nuestro mundo momento a momento.

– La cultura del esfuerzo es una locura -dice la mirada valiente valiente-, porque vuestro esfuerzo no está creando un mundo mejor ni está permitiendo la evolución del ser humano y sin embargo seguís esforzándoos más y más. Quizás no sea este el camino. Quizás os tenéis que parar y mirar.
Si. Mirar sin pensar. Mirar para comprender. ¡Gracias, mirada!
Y no tengamos miedo de convertirnos entonces en seres dormidos que nada hacen. La inteligencia de la Vida es incomparablemente más sabia que la manipulación o la reacción psicológica/mental. De nuevo, miremos la naturaleza y nos daremos cuenta.
Y también nos daremos cuenta de que no hay ningún ser vivo que esté viviendo por debajo de su potencial. Solo nosotros. Porque

Esforzarse es forzar el Ser

Seamos valientes para dejarnos llevar por una Inteligencia que la mente a duras penas vislumbra.
¡Feliz Ahora!

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La función del ser humano

“Ser”, sujeto y verbo en unidad.

La mirada secreta

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Nada es creado porque sí. Los girasoles, las mariquitas, las nubes, el viento… Todas las creaciones tienen una función para el ecosistema, para el buen funcionamiento, supervivencia y equilibro del planeta. Todas menos una: el ser humano.
Si la naturaleza no genera nada superfluo, inútil o no inteligente y nos ha generado a nosotros, ¿seremos un error -el único error- de la naturaleza o existimos para cumplir una función -como todos los seres vivos?
La función del ser humano no puede estar relacionada con mejorar la naturaleza porque la naturaleza es perfecta como es y muchísimo más inteligente que cualquier ser humano. Asi que

la función del hombre no puede tener que ver con la naturaleza.

El ser humano no tiene ninguna función biológica para el bien del todo. ¿Entonces? -La mirada secreta ya está bailando. Le encanta que investiguemos-…
El ser humano está en la cima de la pirámide alimenticia. Come -y come mucho más de lo que necesita o no tiene para comer- pero no le comen. Ni siquiera permitimos que bichitos como pulgas o mosquitos se alimenten de nosotros :). Nosotros no hacemos que el planeta sobreviva o que se mantenga el equilibrio del ecosistema… Pero aquí estamos… ¿para qué?
Ya descubrimos en otra entrada que la naturaleza no genera basura, que es un contínuo reciclaje natural en el que todas las partes sirven al Todo, al planeta, respetando lo que está más allá (la atmosfera, los rayos del sol…). Sin embargo, el hombre genera millones de toneladas de basura, no solo contaminando la tierra sino también el espacio universal. Y genera basura de sus propios inventos. Inventos que solo sirven para su propia satisfacción o comodidad. Es así porque

El hombre es el único ser vivo que actúa obviando la unidad de la vida.

Realizar cualquier función por la que una especie ha sido creada, es una tarea individual: cada abeja crea miel. Pero de la misma forma que la miel no es para una abeja concreta sino para la superviviencia y evolución de las abejas como especie y a su vez para la supervivencia y evolución de todo el planeta, así ha de ser para el ser humano que evoluciona. Su función es para su especie e inseparablemente, para el planeta/universo.

Realizar la función para la que fuimos creados, es tarea individual para el mayor bien del Todo.

Es como las cajitas de muñequitas rusas, unas dentro de otras formando parte de un todo. Y lo que sucede a cualquier cajita afecta a las demás…
Yo soy, antes que una persona concreta, un ser humano. Pertenezco a esta especie y todo lo que le ocurre a mis congéneres me afecta a mi, de una manera u otra. Preguntarme que quiero yo de la vida es estar muy muy dormido, ciego a la verdad. La pregunta adecuada seria

qué quiere la vida de mí en vez de que quiero yo de la vida.

En mi se da la evolución del ser humano y para que se dé, tengo que ir desarrollando al máximo todo mi potencial. De hecho no voy a poder ser feliz si no siento que estoy evolucionando.
¿De verdad nos creemos que hemos nacido para trabajar o para tener éxito o para ser ricos? Solo hemos de pasearnos por un cementerio para darnos cuenta de que todos esos esfuerzos han quedado en polvo. Sin embargo, más allá de los logros personales que en nada trascienden, somos el resultado de nuestros ancestros. Entonces ¿cuál debe ser mi función? ¿Para qué vivo?
La mirada secreta sabe. Pero deja la investigación a cada uno porque

la verdad es un reconocimiento en el seno de uno mismo.

Sin embargo, en su infinita compasión me hace dos preguntas en respuesta a la mía:
¿Cuándo me siento profundamente feliz, en plenitud? Y ¿qué es lo que realmente anhelo?
Las cualidades que nos definen como seres humanos y lo que realmente anhelamos, son dos pistas muy buenas para descubrir cual puede ser la función del ser humano, cual puede ser la razón de su existencia.

Quizás si ponemos lo que nos hace profundamente felices al servicio de lo que anhelamos, la humanidad avanzará sin ponerse en peligro a si misma, para el mayor bien del Todo.
Esta es la esperanza. Esta, la fé.
¡Feliz Ahora!

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La felicidad

“Buscar la felicidad, no es vivir felizmente”

Thomas Merton

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El otro día vimos un reportaje que trataba, entre otras cosas, de la felicidad. Preguntaban a personas de todo el mundo qué era para ellos la felicidad. Y casi todos hablaban sobre lo que les hacía felices pero no de lo que era la felicidad para ellos… Y ahí empezó la mirada secreta de todos los que estábamos allí a hablar (porque la mirada secreta es Una, sea el ojo de quien sea). Y esto es lo que nos enseñó:

Creemos que la felicidad está en el conseguir lo que uno quiere. Y eso que queremos, esos medios para sentirnos felices, siempre están condicionados, por la época, la cultura, la familia y por las creencias de lo que es bueno en uno mismo. Lo que deseamos y creemos que nos hará felices brota de la mente. Pero lo que crees que te hace feliz, te da felicidad en un momento pero en otro no…

La felicidad ocurre dentro nuestro y no fuera

… Somos nosotros que colocamos la felicidad fuera. Por eso buscamos los medios para ser felices, en vez de descubrir la felicidad. Y después juzgamos a las personas según lo que quieren para ser felices. Así, una persona que cree que un coche nuevo le hará feliz la juzgamos como superficial, mientras que una persona que quiere un trabajo solidario para ser feliz, será considerada como una persona más profunda. Sin embargo, la felicidad que sentimos, sea por el camino que sea, ¿acaso no es la misma?

La felicidad no tiene diferentes intensidades. No se puede graduar. No se puede tener. Descubrimos que

la felicidad es un estado de ser.

Lo de fuera sólo nos hace felices si estamos en un estado de felicidad. Lo de fuera sí son momentos, pero nos sentiremos felices delante de eso si ya estamos en un estado de felicidad.

Nada nos va a hacer felices si no lo somos.

Lo único que nos va a impactar fuera es lo que resuena dentro. La felicidad es un estado basal que no puede ser observado sino vivido (no puedo observar lo que soy, solo puedo observar lo que no soy). Es igual que el Amor…

Y entonces hacemos ¡un gran descubrimiento!

El estado de felicidad es el estado natural del ser humano. La infelicidad es un pensamiento.

La infelicidad se aprende. Es un condicionamiento. Es mental. Mientras que la felicidad es nuestra verdadera naturaleza. Es el cielo que siempre está por muy cubierto de nubes que parezca. Por eso, hemos de aprender a vivir más allá de lo que el pensamiento juzga.

Cuando solo Eres y ocurre un desequilibrio, la persona va a vivir de forma muy diferente lo que llega de fuera. Lo va a vivir desde ese trasfondo de paz y de equilibrio que es la verdadera felicidad.

Así pues, no busques la felicidad fuera. Encuentra en el silencio, ese estado dentro de ti que es anterior a cualquier pensamiento, a cualquier sensación de carencia. Ese estado es la felicidad.

¡Feliz Ahora!

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