La justicia

El antídoto del juicio es la comprensión.

La mirada secreta

 

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Directamente, sin preámbulos, la mirada secreta se pone, frente a mis oídos atónitos, a investigar sobre la justicia.

Le dejo hacer porque si no, la mente se pone a debatir. Yo sé que ella habla y que lo que tenga que resonar en mi, resonará y lo demás lo dejo ir…

Y ella empieza a dictar mientras me mantengo en silencio y… sin juzgar, le escucho.

Las justicia nada tiene que ver con dar a cada uno lo que se merece. Esa es una ley que ha creado la mente humana pero que no tiene realidad.

Mira la naturaleza, me dice. En la naturaleza cada cosa que ocurre individualmente es para el mayor bien de toda la naturaleza, incluidos cada uno de sus miembros. A eso le llamamos una conducta natural, pero no es cómo los seres humanos viven–tanto se han apartado de la naturaleza. Creemos que lo justo es lo que se adecua a lo que pensamos que merecemos. Y lo que creo merecer depende de un código de justicia que nos hemos inventado y que es muy diferente para unos u otros, lo que provoca conflictos crueles y dolorosos. El resultado es siempre que lo que es bueno para unos es malo para otros. Es una extraña ley la nuestra porque sirve para unos y para otros no. Y según el lugar y la época de nuestro nacimiento tendremos una justicia diferente. Nuestro sentido de justicia está programado.

Pero esta justicia, que es la que dicta la acción justa, está creada por nosotros y por lo tanto está supeditada a nuestra comprensión. Damos nuestros veredictos, castigamos y premiamos, según nuestro particular código sin haber revisado nunca este código, incluso sin conocer que lo tenemos. Por eso, todos somos víctimas.

Y, en verdad, mientras el hombre juega a hacer justicia, la vida de cada uno sigue su curso; lo que un un día pareció un castigo se convierte en la más grande bendición y otras veces lo que pareció un premio se convierte en una carga. La mirada me enseña que

ninguna justicia humana ha traído a toda la humanidad –sin excepción- amor, paz, sabiduría.

Entonces, ¿qué justicia es ésta? Para intentar mejorar, muchos seres humanos piden la paridad -”todos iguales”- como el paradigma más justo porque creen que así ”todos” estarán contentos y no habrán envidias ni conflictos.  Pero eso no es posible porque

cada ser humano es una pieza única e irrepetible,

unos necesitan comer más y otros menos. Y es que, concluye la mirada,

al ser humano no le es posible ser justo.

Así, deja de mirar a los otros para juzgarlos, me dice la mirada, porque la verdad es que no sabes nada. Tu juicio no vale nada. Y aún menos tu veredicto.

Vive en el silencio de la mente, en donde los pensamientos (el juicio es un pensamiento)  no son tomados en cuenta. Observa sin querer cambiar

y poco a poco se abrirá a través de ti la ecuanimidad. Con ella surgirá espontánea -desde la sabiduría que está más allá de los pensamientos- la conducta inspirada y sorprendente en la que el ”todos ganan” se transforma indefectiblemente en “gana el Todo”, dando a cada uno justo lo que necesita para evolucionar hacia la Verdad, mas allá, mucho más allá de lo que parezca merecer. Y el resultado de esta conducta siempre será

para mayor bien del Todo como unidad inseparable.

Ese mayor bien será también tu mayor bien. Igual que ocurre en la naturaleza.

La mirada secreta me enseña que mis juicios no son verdaderos. Así dejo de escucharlos mientras me dedico a observar para comprender, en vez de para juzgar. Y a medida que dejan de importarme mis juicios, dejan de importarme los juicios de los demás. Ni yo (me) premio o castigo ni me siento premiado/castigado por nadie. La verdadera ecuanimidad es dar a cada uno justo lo que necesita. Y ¿cómo voy a saber lo que necesita cada uno si ni siquiera sé lo que yo necesito? Ese trabajo lo dejo en manos de la Inteligencia de la vida. Es Ella la que me moverá si así ha de ser. Para el mayor bien del Todo.

¡Feliz Ahora!

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La perseverancia

 

La perseverancia es el único signo verdadero de progreso.

Sri Ramana Maharshi

La mirada secreta repite incesantemente que la Verdad no se encuentra en lo que hacemos, sino desde donde lo hacemos. Y sin embargo, lleva días susurrándome una clave nunca vista y aún y así reconocida al instante -como se reconoce todo lo verdadero-:
-persevera, persevera…
El otro día, mi amor se fue a caminar por solitarios parajes. Hacía tanta calor que paró en cualquier rincón, se sacó la gorra y la camiseta, guardó la camiseta en su pequeña mochila y siguió adelante. Al cabo de un buen rato, se dio cuenta de que había olvidado la gorra en el camino. Aunque ya estaba lejos, tenía un vago recuerdo del lugar. Así que volvió en su busca. Se cruzó con algunos caminantes pero nadie la había visto. Siguió caminando y cuando llegó allí donde creía que la había dejado, no estaba. Después de la perplejidad y sin saber que hacer, dejó de pensar y se abandonó a ir por donde los pies le quisieran llevar. En un recoveco por el que ya había pasado, paró, miró y la encontró (el cuerpo tiene una memoria excelente. A veces me parece que tiene mucha más memoria que la mente…).
Cuando volvió a casa me lo explicó y añadió:
-La encontré por perseverar. Porque, ¿sabes?,

cuando perseveras, das al universo la oportunidad de expresar su potencial.

La mirada secreta se expresaba a través de su mente. Sonreí, –la Verdad siempre va acompañada de alegría-. Y como la sonrisa del alma siempre invita a la mirada secreta a hablar, me hizo ver…
No perseveramos. No nos damos cuenta de cómo la cultura consumista se ha colado incluso en nuestros anhelos más profundos. Queremos resultados ya, igual que queremos el plato cocinado ya, o que el pantalón nos caiga a la perfección ya, o que el nuevo trabajo se ajuste a nuestras expectativas ya, o entendernos idealmente con la pareja ya. Ya. Ya. Ya. Un contratiempo, dos contratiempos… y lo tiro a la basura. Entonces voy a por otro plato, otro pantalón, otro amor….
Y lo mismo ocurre con nuestras inquietudes más profundas. Por eso hay tantas personas que andan de un taller a otro, de un curso a otro, de un maestro a otro, de un libro a otro o incluso de una religión a otra. Vamos buscando por la superficie, en la horizontalidad, cuando

lo que anhelamos vive en la verticalidad, en la profundidad.

No perseveramos en nada y los resultados que obtenemos no nos llenan. ¡Ah! Eterna insatisfacción.
Pero si aquello que en realidad queremos -el sabor excelso de un plato, la ropa encajando como un guante, las condiciones mejores para desarrollar nuestro potencial en el trabajo, la comprensión/respeto/cuidado/amor con la pareja, la luz de la Verdad en una religión- vive en lo profundo, entonces es absolutamente necesario perseverar en nuestros intentos, en nuestro trabajo. Perseverar en un solo punto nos permite profundizar. Y no solo porque en lo profundo de lo que queremos esté la Verdad, sino porque

es el propio perseverar el que nos va forjando, ahondando, abriéndonos a lo anhelado.

Porque detrás de la perseverancia está el amor.

Solo perseveramos cuando amamos.

Aprendamos a no usar-y-tirar la vida.
Descubramos qué es lo que realmente queremos, qué es lo que amamos por encima de todo y pongámonos con cuerpo y alma a la tarea. Tiremonos de cabeza por ese punto y ahondémonos sin descanso. Demos al universo la oportunidad de expresar su/nuestro potencial. Es el amor verdadero -que siempre persevera- el que va a abrir camino a través de nuestro duro y limitado concepto de quienes somos, de lo que es el mundo, de lo que creemos verdadero, para des-cubrir la Verdad en nosotros, para des-cubrir la Verdad de nosotros.

¡Feliz Ahora!

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La esclavitud de la comodidad

IMG_3142En la comodidad de cuerpo y mente, se amodorra la mirada.

La mirada secreta

 

En estos días me he dado cuenta más que nunca de que somos adictos a la comodidad. Y esa comodidad nos obliga a necesitar muchísimas cosas que en verdad no necesitamos pero vacían nuestros bolsillos, nos hacen egoístas, llenan nuestra casa, nuestra cuerpo y nuestra mente de necesidades y van anulando nuestra personalidad. No lo parece. Ya lo sé. Es un tema sutil este de la comodidad. A la mirada secreta insto para que sea ella que nos ayude a vislumbrar hasta qué punto la comodidad nos está robando nuestro potencial de vida plena…
Cuando hablamos de progreso, vemos que en este plano todo el progreso que se ha dado, ha sucedido en los objetos que el ser humano utiliza y no en el ser humano en si mismo. Y eso ¿por qué? Pues es debido a que el ser humano da realidad a todo lo que percibe y se ha olvidado de quién lo está percibiendo, es decir, de él mismo. Así, lo externo a él ha sido objeto de sus esfuerzos, de sus preguntas, de su devoción… mientras que él mismo ha quedado relegado y ha evolucionado muy poco en los últimos milenios…
Entre muchas cosas, algo que ha progresado ha sido todo aquello que proporciona comodidad. Ahí sigue el hombre trabajando y trabajando. Y la comodidad y el estancamiento evolutivo del propio ser humano van muy muy de la mano. No hay ninguna otra criatura humana que haya construido tantísimos objetos para poder moverse lo menos posible. Y sin movimiento -externo e interno- no hay evolución.
Así andaba esta persona, a la búsqueda de la almohada que mas cómoda le fuera. Y después de escuchar muchos consejos (¡que ricos somos en consejos!) y de gastar dinero comprando muchas almohadas, por fin encontró la que mejor le iba. Y de esa anécdota insignificante dos cosas aprendió: la primera es que la mejor almohada era una almohada viejita y gastada que había en la casa de sus abuelos, una almohada que podía adoptar la forma que necesitara en cada momento. Ninguna de las almohadas de alta tecnología le fue bien. Y entonces vio que lo más avanzado tecnológicamente no era necesariamente lo mejor…
La segunda cosa que aprendió fue mas dura. De repente se encontró dependiendo de la almohada para ir a pasar cualquier noche fuera. ¡Si no llevara la almohada otra vez se levantaría con el cuello torcido! Así que viajaba con la almohada. Entonces entendió a una querida amiga que al salir de casa va siempre con una maletita de ruedas porque necesita un montón de cosas para estar bien. Sí,

La comodidad crea dependencia.

A veces había invitado a mi amiga a pasar unos días conmigo, pero era tanto lo que necesitaría traer, que no venía. Y aunque tuviera ganas de pasar unos días por ahí, su dependencia a millones de cosas se lo impedía…

La comodidad nos hace esclavos.

Y entonces miraba a mis hijos y a otros jóvenes, viajando con una pequeña mochila con cuatro cosas, por el mundo entero. Sonreían de oreja a oreja. Felices. Libres.
Así que en mi siguiente viaje, no llevé la almohada. Y cuál fue el descubrimiento cuando doblando un jersey y colocándolo bajo mi cabeza, dormí como un niño…
No quiero sofás que rompen mi espalda. No quiero depender de comidas alternativas y carísimas. No quiero almohadas especiales. Ni alfombras mullidas. Quiero ser quien soy, pura libertad. Y vivir la vida con ligereza, ligereza, como mi vieja almohada, adaptándome a cada momento con lo que hay…- le digo a la mirada.
La mirada secreta, con su mirar, me dice que más se podría profundizar. Mmmmmm… ¡Sí! ¡Es verdad! La comodidad no me deja desarrollar mi potencial, me aborrega… Si. Si. Aunque cueste creerlo, es así. Quizás por eso, aquellos que buscan la Verdad siempre han llevado una vida sencilla bajo unas condiciones sencillas…
Bueno, Mirada– le digo seriamente- Ahora no voy a deshacerme de nada pero voy a ser consciente de lo que realmente no necesito y que incluso me está haciendo daño.
Podemos vivir con muy poco- contesta la Mirada- Aún y así, la clave no está en conseguir o desechar los objetos externos.

Lo que te esclaviza es la necesidad que crees tener de los objetos.

¡Descubre que esas necesidades no son reales! Empieza a ver lo que verdaderamente necesitas y lo que solo son necesidades creadas en la mente programada, y liberate. Llénate de libertad, de ligereza y de alegría. No te apoltrones -me dice amorosamente- No te rodees de cosas y cosas que crees necesitar. Vive con poco. Viaja ligero de equipaje por la aventura de esta vida porque

a menos peso, mas energía podrás dedicar

a vivir de verdad,

a vivir desde la Verdad,

a vivir la Verdad…

¡Oh Mirada! En todo te posas y en todo ves la luz de la Verdad. Gracias gracias gracias.

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La Verdad y el Amor

La Verdad no se halla en conocimiento alguno, sino en la inspiración silenciosa.

La mirada secreta

 

Hoy el verde esmeralda del mar acaricia incesantemente la piel del planeta untándola de blanca espuma, nutriéndola, enriqueciéndola con conchas, piedras, algas y troncos que trae de remotos lugares. Tanto ama el mar a la tierra que de vida la baña desde que nació el tiempo.
Hoy el verde crea blanco. No importa lo que la ciencia diga. En sus respuestas vanidosas muere la inspiración. Y

sin la inspiración, la Verdad no puede ser descubierta

-dice la mirada secreta, que de tan secreta me confiesa un secreto que afila la espada del discernimiento para que pueda ver con claridad aquello que es Verdad, más allá de lo que digan los demás o -lo que es más importante- de lo crea uno mismo…
Dice la mirada que

la Verdad no nos la puede dar nadie.

Ha de brotar desde dentro de cada uno. Esa es una característica sin condiciones. Y eso es así porque la Verdad es pura vivencia y no puede ser objeto de regalo, préstamo o venta. Por eso desconfiemos de aquellos que nos tientan ofreciéndonos la Verdad.
-¡Mira! VÉ una expresión de amor verdadero -me insta la mirada mientras mantengo el ver silencioso en el horizonte desconocido- El amor del mar a la tierra. El amor incondicional, incausado, inalterable, infinito. Es su Amor el que da vida al planeta. La verdad del mar, por amor, fertiliza la tierra…

El amor verdadero. La Verdad amorosa.

La Verdad siempre se descubre en un destello de inspiración. Es la contemplación, el silencio, como el verde de las olas del mar que en un instante desconocido se convierten por un momento en blanca belleza, justo cuando la ola besa la tierra -es la blancura el vislumbre. Y luego se diluye en el verde de nuevo, siendo lo que siempre fue, sin dejar rastro visible…
El vislumbre de Verdad lo sabe uno y

aunque no recuerde haber visto, sabe que ha visto.

Por un instante, bañando de blanca inspiración la tierra, el mar del silencio sigue azul, verde. Llega a la orilla de su Amor, la tierra, y vuelve a brotar el Beso blanco… Y la mirada vuelve a abrirme el ojo para que vea:

No hay Verdad descubierta que no vaya acompañada de amor.

Así que ahora es el momento de mirar quien crees ser, qué crees que es el mundo, la humanidad, la vida y la muerte. Y si lo que crees no va inseparablemente bañado de amor, no es verdad.
¡Feliz Ahora!

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VIVIR SIN ESFUERZO

“Liba la mariposa la flor de la lavanda en perfecta comunión. Sabe la mariposa y sabe la flor. La Inteligencia de la Vida en acción”

La mirada secreta

Hoy la mirada secreta me insta a hablar del esfuerzo. Del esfuerzo entendido como trabajar mucho y a disgusto para conseguir algo que será mejor en el futuro. Del esfuerzo que nos hace vivir un momento presente que no queremos para que el futuro sea mejor. De ese esfuerzo…
Y solo cerrar los ojos para poder oírla, ya me suelta a su manera fresca y clara que

en la naturaleza solo se da un tipo de esfuerzo, el que va dirigido a la supervivencia; esfuerzo que se da en el presente para liberar el propio presente.

Pero no es así en el ser humano.
El ser humano es el único ser vivo que se esfuerza hoy para vivir mejor mañana, sin que su vida esté en peligro más que en su imaginación.
¡Ah, la naturaleza! De nuevo se alía con la mirada en su comunión para expresar la luz de la Verdad en cada instante!
– Dime tu, querida mirada, ¿por qué nos esforzamos tanto? El esfuerzo es nuestro pan de cada día, aunque en nuestra tradición ya se nos ha dicho que el pan de cada día viene del cielo. ¿Será que no lo creemos? También la misma fuente nos dijo que ganaríamos el pan con el sudor de nuestra frente… ¿Cómo se entiende tanta contradicción?
– Mira. Mira bien -me dice la mirada secreta. No hay contradicción alguna. El pan de cada día es dado a todos los seres vivos de la tierra. Y vosotros, hombres de poca fe, creéis que lo ganáis gracias al sudor de vuestra frente. Por eso vuestra tradición os lo dijo, porque sabía la consecuencia de semejante creencia. Y por eso os esforzáis. ¿Ves? -sonríe la mirada- ¡ya has descubierto la respuesta!
Es verdad. Es así. ¡Es increíble! (Increíble, qué palabra más bella… in-creíble… La Verdad sin duda es increíble porque está fuera de cualquier creencia).
Ya lo veo. Uffff. Nos esforzamos porque creemos que de nosotros depende lo que sucede. Lo creemos sin haberlo mirado nunca. Sin embargo nunca sucede lo que uno quiere. En verdad, sucede lo que sucede y puede ser que aveces coincida con lo que uno quiere (o por lo menos, lo que quiere en ese momento). Y es entonces cuando creemos que ha sucedido lo que queríamos gracias a nosotros. Es así como vivimos:

Vivimos continuamente en un estado de superstición, atribuyendo causalidades concretas a la naturaleza espontánea de la vida.

“Espontaneidad” es una palabra que usamos cuando vemos con total claridad que no conocemos las causas de absolutamente nada de lo que acontece. Ni siquiera el tiempo, que es la dimensión que aparentemente nos da más conocimientos, puede desvelar las millones de causas que explicarían cualquier suceso. De hecho solo conocemos las causas mas superficiales y eso en algunos casos.

Si tiro una piedra contra la ventana y esta se rompe diré que la he roto yo ¿verdad? Pero ¿realmente soy tan poderoso? Solo mirando por encima, puedo darme cuenta de que el grosor del cristal, el lugar del impacto, el tamaño de la piedra, su composición, la puntería, la fuerza del brazo, el hecho de estar en ese momento ahí, bla bla bla, (me tendría que remontar a Adán y Eva y antes infinitamente) son todas las causas que verdaderamente, han roto el cristal.

Nos quedamos con lo más superficial y visible. Y quizás en este ejemplo no tenga importancia, pero

vivimos TODO en la vida tratando de manipularlo para conseguir los efectos que deseamos.

Y eso supone un continuo esfuerzo. Entonces nos quejamos de lo cansados que estamos y de que no tenemos paz.
Nos creemos que las causas visibles son todo lo que hay y por eso vivimos esforzándonos en manipular y en manipular cada vez mejor sin conseguir la mayor parte de las veces los efectos deseados. Por eso no acaba de funcionar nada. Y es porque

el conocimiento de la causa superficial solo permite una manipulación superficial y en el caso de que funcione, el efecto tambien es superficial.

Y si no, miremos con honradez a ver si encontramos algún resultado profundo que podamos atribuir a nuestra manipulación…
Entonces, ¿por qué seguimos creyendo que somos los artífices de nuestra vida? ¿Por qué seguimos creyendo que podemos manipular a los demás y al mundo para conseguir lo que más queremos: su amor -sea en forma de poder, de exito, de atención, de reconocimiento?
Si no conocemos la causa ¿de que sirve tanta prevención o tanta inversión? Y no hablamos de los asuntos prácticos (que también…) sino de nuestra persona, nuestras relaciones, nuestra vida.
Si descubrimos que no conocemos las causa dejaremos de manipular, de vivir estratégicamente. Dejaremos de interpretar. Seremos personas transparentes de mirada limpia, que ven lo que es, sin pensar en ello; que viven plenamente lo que es; que viven como niños, confiando en que la inteligencia de la vida les hará actuar con sabiduría y precisión. Viviremos pacíficamente, felizmente. Parece idílico, ¿verdad? Y sin embargo, este es el idilio que viven todos los seres de la tierra, a excepción nuestra.

Descubrir que no conocemos las causas es una puerta a la libertad.

Son muchos los paradigmas mentales que tenemos y que que quizás no somos conscientes de tener, pero están construyendo nuestro mundo momento a momento.

– La cultura del esfuerzo es una locura -dice la mirada valiente valiente-, porque vuestro esfuerzo no está creando un mundo mejor ni está permitiendo la evolución del ser humano y sin embargo seguís esforzándoos más y más. Quizás no sea este el camino. Quizás os tenéis que parar y mirar.
Si. Mirar sin pensar. Mirar para comprender. ¡Gracias, mirada!
Y no tengamos miedo de convertirnos entonces en seres dormidos que nada hacen. La inteligencia de la Vida es incomparablemente más sabia que la manipulación o la reacción psicológica/mental. De nuevo, miremos la naturaleza y nos daremos cuenta.
Y también nos daremos cuenta de que no hay ningún ser vivo que esté viviendo por debajo de su potencial. Solo nosotros. Porque

Esforzarse es forzar el Ser

Seamos valientes para dejarnos llevar por una Inteligencia que la mente a duras penas vislumbra.
¡Feliz Ahora!

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La función del ser humano

“Ser”, sujeto y verbo en unidad.

La mirada secreta

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Nada es creado porque sí. Los girasoles, las mariquitas, las nubes, el viento… Todas las creaciones tienen una función para el ecosistema, para el buen funcionamiento, supervivencia y equilibro del planeta. Todas menos una: el ser humano.
Si la naturaleza no genera nada superfluo, inútil o no inteligente y nos ha generado a nosotros, ¿seremos un error -el único error- de la naturaleza o existimos para cumplir una función -como todos los seres vivos?
La función del ser humano no puede estar relacionada con mejorar la naturaleza porque la naturaleza es perfecta como es y muchísimo más inteligente que cualquier ser humano. Asi que

la función del hombre no puede tener que ver con la naturaleza.

El ser humano no tiene ninguna función biológica para el bien del todo. ¿Entonces? -La mirada secreta ya está bailando. Le encanta que investiguemos-…
El ser humano está en la cima de la pirámide alimenticia. Come -y come mucho más de lo que necesita o no tiene para comer- pero no le comen. Ni siquiera permitimos que bichitos como pulgas o mosquitos se alimenten de nosotros :). Nosotros no hacemos que el planeta sobreviva o que se mantenga el equilibrio del ecosistema… Pero aquí estamos… ¿para qué?
Ya descubrimos en otra entrada que la naturaleza no genera basura, que es un contínuo reciclaje natural en el que todas las partes sirven al Todo, al planeta, respetando lo que está más allá (la atmosfera, los rayos del sol…). Sin embargo, el hombre genera millones de toneladas de basura, no solo contaminando la tierra sino también el espacio universal. Y genera basura de sus propios inventos. Inventos que solo sirven para su propia satisfacción o comodidad. Es así porque

El hombre es el único ser vivo que actúa obviando la unidad de la vida.

Realizar cualquier función por la que una especie ha sido creada, es una tarea individual: cada abeja crea miel. Pero de la misma forma que la miel no es para una abeja concreta sino para la superviviencia y evolución de las abejas como especie y a su vez para la supervivencia y evolución de todo el planeta, así ha de ser para el ser humano que evoluciona. Su función es para su especie e inseparablemente, para el planeta/universo.

Realizar la función para la que fuimos creados, es tarea individual para el mayor bien del Todo.

Es como las cajitas de muñequitas rusas, unas dentro de otras formando parte de un todo. Y lo que sucede a cualquier cajita afecta a las demás…
Yo soy, antes que una persona concreta, un ser humano. Pertenezco a esta especie y todo lo que le ocurre a mis congéneres me afecta a mi, de una manera u otra. Preguntarme que quiero yo de la vida es estar muy muy dormido, ciego a la verdad. La pregunta adecuada seria

qué quiere la vida de mí en vez de que quiero yo de la vida.

En mi se da la evolución del ser humano y para que se dé, tengo que ir desarrollando al máximo todo mi potencial. De hecho no voy a poder ser feliz si no siento que estoy evolucionando.
¿De verdad nos creemos que hemos nacido para trabajar o para tener éxito o para ser ricos? Solo hemos de pasearnos por un cementerio para darnos cuenta de que todos esos esfuerzos han quedado en polvo. Sin embargo, más allá de los logros personales que en nada trascienden, somos el resultado de nuestros ancestros. Entonces ¿cuál debe ser mi función? ¿Para qué vivo?
La mirada secreta sabe. Pero deja la investigación a cada uno porque

la verdad es un reconocimiento en el seno de uno mismo.

Sin embargo, en su infinita compasión me hace dos preguntas en respuesta a la mía:
¿Cuándo me siento profundamente feliz, en plenitud? Y ¿qué es lo que realmente anhelo?
Las cualidades que nos definen como seres humanos y lo que realmente anhelamos, son dos pistas muy buenas para descubrir cual puede ser la función del ser humano, cual puede ser la razón de su existencia.

Quizás si ponemos lo que nos hace profundamente felices al servicio de lo que anhelamos, la humanidad avanzará sin ponerse en peligro a si misma, para el mayor bien del Todo.
Esta es la esperanza. Esta, la fé.
¡Feliz Ahora!

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La felicidad

“Buscar la felicidad, no es vivir felizmente”

Thomas Merton

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El otro día vimos un reportaje que trataba, entre otras cosas, de la felicidad. Preguntaban a personas de todo el mundo qué era para ellos la felicidad. Y casi todos hablaban sobre lo que les hacía felices pero no de lo que era la felicidad para ellos… Y ahí empezó la mirada secreta de todos los que estábamos allí a hablar (porque la mirada secreta es Una, sea el ojo de quien sea). Y esto es lo que nos enseñó:

Creemos que la felicidad está en el conseguir lo que uno quiere. Y eso que queremos, esos medios para sentirnos felices, siempre están condicionados, por la época, la cultura, la familia y por las creencias de lo que es bueno en uno mismo. Lo que deseamos y creemos que nos hará felices brota de la mente. Pero lo que crees que te hace feliz, te da felicidad en un momento pero en otro no…

La felicidad ocurre dentro nuestro y no fuera

… Somos nosotros que colocamos la felicidad fuera. Por eso buscamos los medios para ser felices, en vez de descubrir la felicidad. Y después juzgamos a las personas según lo que quieren para ser felices. Así, una persona que cree que un coche nuevo le hará feliz la juzgamos como superficial, mientras que una persona que quiere un trabajo solidario para ser feliz, será considerada como una persona más profunda. Sin embargo, la felicidad que sentimos, sea por el camino que sea, ¿acaso no es la misma?

La felicidad no tiene diferentes intensidades. No se puede graduar. No se puede tener. Descubrimos que

la felicidad es un estado de ser.

Lo de fuera sólo nos hace felices si estamos en un estado de felicidad. Lo de fuera sí son momentos, pero nos sentiremos felices delante de eso si ya estamos en un estado de felicidad.

Nada nos va a hacer felices si no lo somos.

Lo único que nos va a impactar fuera es lo que resuena dentro. La felicidad es un estado basal que no puede ser observado sino vivido (no puedo observar lo que soy, solo puedo observar lo que no soy). Es igual que el Amor…

Y entonces hacemos ¡un gran descubrimiento!

El estado de felicidad es el estado natural del ser humano. La infelicidad es un pensamiento.

La infelicidad se aprende. Es un condicionamiento. Es mental. Mientras que la felicidad es nuestra verdadera naturaleza. Es el cielo que siempre está por muy cubierto de nubes que parezca. Por eso, hemos de aprender a vivir más allá de lo que el pensamiento juzga.

Cuando solo Eres y ocurre un desequilibrio, la persona va a vivir de forma muy diferente lo que llega de fuera. Lo va a vivir desde ese trasfondo de paz y de equilibrio que es la verdadera felicidad.

Así pues, no busques la felicidad fuera. Encuentra en el silencio, ese estado dentro de ti que es anterior a cualquier pensamiento, a cualquier sensación de carencia. Ese estado es la felicidad.

¡Feliz Ahora!

Cultivar lo que anhelo

“Pon amor y sacarás amor” 

Juan de la Cruz

  

Están tan bonitos los campos. El viento mece las mieses que ya sobrepasan el palmo. Los verdes se dejan acariciar por el incipiente dorado. La plata escondida brilla en bravo oleaje, a ritmo de rachas impredecibles. Cuando el hombre aprendió a cultivar, todo en su vida, toda su vida e incluso él mismo cambiaron, se transformaron. 
Pero, ¡ay, el hombre!, siempre hipnotizado por lo que sus sentidos captan y su mente piensa. Y piensa tan pequeño, tan pequeño aún sintiéndose el amo.  Y así, con el silencio empapándolo todo, la mirada secreta empieza su canto…
En algunas estaciones, el hombre ha querido también cultivar virtudes. Según su geografía religiosa, quizás ha querido cultivar la rectitud, o el desapego, o el sometimiento. Sus cultivos han sido hermanos del hacer porque 

por el hacer, el hombre, sólo coronar su existencia, ha sido juzgado. 

Pero en demasiadas ocasiones, las virtudes traen consigo mucha enfermedad -la vanagloria, la superioridad, el endiosamiento, el creerse iluminado- y la cosecha en vez de expandir el alma, la ha contaminado. 
Quizás no deberíamos cultivar lo que puede ser visto y mal usado. Quizás el cultivo que hiciera cambiar al hombre en lo profundo, fuera secreto. Quizás en vez de ser cosechadores tendríamos que ser cultivadores puros. Cultivar el sentir, en secreto. El sentir que florece espontáneamente, que no puede ser manipulado. El sentir que no puede ser recogido ni pesado. El sentir de la belleza, la armonía, la paz, la lucidez, el amor. 

En tierras de silencio se da bien este cultivo. Su simiente, la vivencia ni que sea de un segundo. Esa minúscula semilla puesta en la mirada desde que despunta el día, hasta que despunta el día, la va cultivando. 

Cultivar el sentir dejando al hacer que haga. Sin importar lo que ocurra más allá de su secreto campo. 

Cultivarlo para que crezca y crezca. El cultivo del sentir no puede ser contaminado porque a nadie le hace ser más nada, aún llenando en secreto el corazón con sus dulces frutos. Un cultivo que cuando se prueba ya no quiere ser abandonado, ni cambiado ni siquiera mejorado. 
En el sentir, la cosecha no se recoge y se guarda en las egocéntricas alacenas como con los cultivos del hacer. En el sentir, la cosecha florece de dentro afuera a través de la mirada casi sin que uno se de cuenta y sus frutos se reparte a todo lo que es mirado. La cosecha del sentir no deja nunca vacías las arcas y en ese reparto el silencio planta nuevas simientes en los ojos encontrados. 
Cuando Juan decía “pon amor y sacarás amor”, no se refería a una cosecha exterior que tantas veces nos deja en estado de sequía: “yo ya pongo amor pero mira, solo saco desprecio, o lo que es peor, desinterés” dice el hombre-cosecha. Cuando Juan decía “pon amor y sacarás amor” decía verdad porque 

poniendo amor, belleza, dulzura, tu mismo te llenas de ella. 

Sé un cultivador de aquello que en lo hondo anhelas. Cultiva lo que anhelas como si ya lo hubieras encontrado. Que tu mirada ponga aquello que quieres ver allí donde se pose, sea en otros, en el mundo o en ti mismo. Cultiva el amor en tu corazón y tu corazón quedará lleno de amor… Pon amor en tu mirada y en todo verás amor. 
¡Feliz Ahora!

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Camina hacia atrás

“Más buscad primeramente el reino de Dios y su justicia y todas las demás cosas os serán añadidas”

Mateo 6:33

Desayuno frente a la ventana que da a la naturaleza. Veloces pasan los pajaritos, los abejorros, las lagartijas… Se mecen dulcemente las ramas del pino, señalando la presencia de una ligera brisa, fresquita por lo nuevo de la mañana. Las nubes, blancas y grises, pasean por los caminos invisibles del azul celeste. El silencio es tan intenso que la persona queda bañada en su serena nada.
Y la mirada secreta empieza a hablar -a la mirada le apasiona hablar cuando el Silencio cubre la tierra con su manto-.
En la naturaleza, cada elemento cumple bellamente la función para la que fue creado. De ahí la paz, la armonía, la belleza, la libertad, la unidad que nos inspira la naturaleza. Desde una hormiguita afanosa hasta el pino que se ve desde mi ventana; desde las anchas losas de granito hasta la solemne águila que surca los cielos de su reino, todo vive en perfecta armonía. Cada ser, pequeño o grande, haciendo ni más ni menos lo que le toca hacer, para su propio bien y el bien del Todo, es un bien inseparable en la expresión de la Vida Una. 
Pero, ¿y el hombre? Ese hombre que se cree en la cabeza de la evolución y está siendo el elemento que, al vivir en su fuero interno conflictos, desarmonía, fealdad, y atrapamiento, inunda la Vida de eso. Perdido en su endiosado pensamiento, desconectado asombrosamente de la naturaleza y del universo… en su caminar pensado todavía no ha (re)encontrado aquello para lo que fue creado.
Y mientras insista en encontrarlo buscando en su mente, más enredado y dolorido vivirá. Como cuando caes en medio de las zarzas y conforme más te remueves y luchas por salir, más te las clavas y más atrapado estás. Para salir de las zarzas, si es que alguna vez te ha pasado, has de quedarte quieto quieto y observar, para poder soltar cada pincho haciendo el recorrido inverso. Así se libera uno de las zarzas…
La función para la que fue creado el hombre quedará expuesta a la luz de la mente cuando perdamos la separación, cuando hagamos el camino inverso, cuando volvamos a sentirnos conectados con la naturaleza y el universo -al que estamos conectados eternamente sin que nos percatemos de ello-. Mientras, en el mundo del hombre seguirán reinado el desasosiego, la desarmonía y el dolor.
Los caminos de descubrimiento y de realización de nuestra verdadera función son infinitos, tantos como seres humanos hay. Pero a los pies de la cima (del Cielo), antes o después, nos hemos de encontrar con el Silencio -con el silencio de pensamiento, emoción e identidad-, hacernos nosotros mismos silencio en el que se desvanezca nuestra idea de ser y todo lo demás que creemos saber. Así se empezará a escalar hacia la cima, la cima de la realización, el Cielo en donde nos esperan la hormiga, el pino, las piedras y el águila.

A la cima se llega caminando hacia atrás, saliendo del enredo por donde entraste.

El Silencio no está delante. De ahí que tengamos que hundirnos en nosotros mismos para llegar. El cielo no está arriba ni adelante. 

El cielo es el estado de donde partimos, extraviándonos.

Hemos de dar marcha atrás hasta volver al cielo que está Aquí y Ahora. Y saber que 

aquel que torna del Cielo no es el que se fue.

 El camino recorrido, el extravío y la vuelta, fueron necesarios. Esta fue la preparación del hombre para que un dia pueda realizar la función para la que fue creado (a más evolución, más se tarda en caminar. Eso le sucede a cualquier animal :).

Caminando marcha atrás para salir del enredo llegaremos a los pies de la cima. Allí esperaremos a que el Silencio nos venga a buscar y allí descubriremos lo que siempre estuvo pero que no veíamos.

En el encuentro con el Silencio, queda el ser humano liberado de todo lo que creyó, la paz empapa el cuerpo, la mente y el corazón.

 Y es el propio Silencio el que a sus espaldas nos carga y corona la cima de la realización. Lo que descarga allí no es lo que un día cargó. De la cima baja el ser humano verdadero, la mirada limpia y clara como limpios y claros su mente y corazón, cumpliendo la función para la que fue creado, para su bien y el bien del Todo, inseparables como siempre han sido. Entonces la Tierra será el Cielo como lo es ya para la hormiga, la piedra, el pino y el águila. Pero ¡sabiéndolo!

¡Feliz Ahora!

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La realidad creada

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Para vivir de verdad hemos de descubrir la verdad de la vida.

La mirada secreta

No hace falta ser muy de ciencias para ir descubriendo que todo de lo que percibo, tal como lo percibo, es una realidad superpuesta a la verdadera Realidad.
En lo más externo, están los sentidos que tiene este cuerpo. En mi caso, vista, oído, olfato, gusto, tacto, sentido de equilibrio, de la colocación (cinestésico), del dolor, de la temperatura, de la presión y del movimiento. Estos sentidos captan lo que pueden, según su capacidad. No captan lo que hay, sino lo que pueden, y otros cuerpos captaran otras cosas o las cosas de diferente manera (y entiendo como “cosa” los estímulos que emite la realidad). En este primer nivel la realidad ya se está captando de forma limitada y condicionada a estos sentidos corporales. En este primer nivel, otros cuerpos humanos y no humanos pueden captar una realidad totalmente diferente. La realidad de una persona ciega no tiene nada que ver con la realidad de una persona que ve. Aunque hablemos de lo mismo, nuestra experiencia de la realidad es muy muy diferente.
En el siguiente nivel aparece el descodificador del cuerpo (cerebro, neuronas, etc.) que descodificará las señales que han captado los sentidos según las plantillas cerebrales que tenga. Teniendo los mismos sentidos, un cambio en los descodificadores nos dará una realidad totalmente diferente (os recomiendo ver la conferencia TED de la Dra. Jill Taylor). Sólo hay que ir al dentista y después de la anaestesia pasarnos la mano por la mejilla dormida… Así que en este nivel seguimos creando una realidad condicionada a la capacidad del descodificador.
En el tercer nivel (por hablar de alguna manera) tenemos la mente “racional”, la que llaman “objetiva” -seguramente porque creemos que si la mayoría ve algo de la misma manera, es que eso visto es “así”. Me parece que es a ese “ver colectivo” es a lo que llaman “objetividad”-. Esta mente tiene sus plantillas colectivas heredadas de la educación, de la sociedad, de la época histórica, del lugar donde vivimos, etc. Estas plantillas son las mismas para los que comparten estos parámetros pero no por los demás. Así, en este tercer nivel, interpretaremos la ya tan dudosa realidad de muy diferentes formas según esas plantillas: lo que es comestible, o sagrado, o lo que es un hombre o una mujer o un anciano, lo que es la muerte, lo que es un árbol, todo será una realidad diferente según el grupo en el que tu mente haya sido “racionalizada”.
En el cuarto nivel estaría la mente “psicológica”, que es la que llaman “subjetiva” (porque sólo lo veo “así” yo y alguno más que me quiere bien ;). Esta mente también tiene sus plantillas construidas por las vivencias personales y generacionales que afectan la relación íntima con las personas, la vida y con quienes creemos ser. Esta mente también interpreta según sus criterios personales e íntimos. Y lo que puede ser un encuentro “divertido” para uno, puede ser “aburrido” para otro…

Los dos primeros niveles junto con sus plantillas, cumplen su función inteligentemente. Ahora los dos siguientes, ya no sé. Pero que los niveles creen realidades superpuestas con inteligencia no indica que sean reales y que vivamos totalmente inmersos en una realidad relativa -por llamarla de alguna manera- a la que le damos una verdad absoluta. ¿Cómo vamos a vivir de verdad una vida que no conocemos?
Bueno. Seguramente si los científicos leyeran lo que hoy anda dictando la mirada secreta le encontrarían muchos fallos. No importa. Lo que importa es que todo lo que damos por real es una interpretación. No sabemos qué es la realidad. Y por lo tanto no sabemos lo que es la vida.

Vivimos sin saber qué es la vida

Llega un momento en que es difícil seguir mirando como antes. Cuando descubrimos que todo lo que vemos, tanto física como mentalmente es una pura interpretación de la Realidad, ¿a qué podemos dar verdad sino a la propia luz que ve? Ya nada de lo visto colma la sed de descubrir la verdad. Ahora

el camino es llegar a conocer aquello que ve.

¿Será por eso que Sri Nisargadatta decía que la verdad no está en lo descubierto sino en el descubrir?

La mirada secreta sonríe pícara pero yo quedo en silencio pues nada sé.

¡Feliz Ahora!

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